Inkwand: El Regalo de los Reyes Magos

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lunes, 21 de diciembre de 2009

El Regalo de los Reyes Magos

Adaptación del cuento de O. Henry

Un dólar y ochenta y siete centavos. Eso era cuanto tenía. Había conseguido ahorrarlos con un esfuerzo terrible. Y al día siguiente era Navidad.

Delia se echó a llorar. Quería hacerle un buen regalo a su marido, Jim, James Dillingham Young, que ganaba veinte dólares a la semana.

Delia había pasado horas imaginando algo bonito para él. Se soltó el cabelle y lo dejó caer sobre sus hombros.

Los Dillingham poseían dos cosas, con orgullo: un reloj de oro que había sido del padre de Jim y antes de su abuelo; y la hermosa cabellera de Delia.

Delia salió a la calle y fue a una peluquería que compraba pelo para hacer pelucas. La dueña le ofreció veinte dólares. Tras el corte, recorrió la ciudad buscando un regalo para su esposo.

Por fin encontró una cadena de reloj de platino. Así Jim podría tirar su vieja correa. Pagó los veinte dólares y regresó a casa. Se arregló el cabello y empezó a preparar la cena de Navidad.

Jim no se retrasaba nunca. Delia oyó sus pasos en la escalera y palideció al pensar en su aspecto: "Dios mío, que le siga pareciendo bonita", murmuró para sí.

Jim llegó a casa, serio. Sólo tenía veintidós años ¡y una familia que mantener!

Miró a Delia con una expresión extraña, que su mujer no pudo interpretar, pero que la asustó.

- ¡Querido, no me mires así! - exclamó Delia al cabo de unos instantes que le parecieron eternos -. Me corté el pelo y lo vendí porque quería comprarte un regalo de Navidad. Crecerá de nuevo. Dime "Feliz Navidad" ¡No te imaginas qué regalo tengo para ti!

- ¿Te cortaste el pelo? - preguntó Jim, anonadado.

- Lo he vendido - dijo Delia -. Lo hice por ti, perdóname. Pero no hablemos más, amor. Ya crecerá. ¿Pongo la carne al fuego? - preguntó.

Jim sonrió y le entregó un paquete a su mujer.

- Delia, ningún corte de pelo haría que yo te quisiera menos. Pero si abres este paquete, entenderás mi desconcierto.

Delia retiró rápidamente el papel. Y tras un grito de alegría aparecieron las lágrimas y Jim tuvo que abrazarla.

Era el juego de peinetas de carey que Delia deseaba desde hacía meses. Por fin eran suyas... ¡Pero ahora no tenía trenzas!

La joven las oprimió contra su pecho y dijo:

- Mi pelo crecerá muy rápido!

Luego gritó:

- ¡Mira ahora tu regalo! Recorrí la ciudad para encontrar esta cadena. ¡Dame tu reloj!

Jim sonrió de nuevo:

- Delia, vendí mi reloj para comprarte las peinetas... ¡No pensemos en los regalos de Navidad! Y ve a poner la carne al fuego.

Y esta es la historia de dos jóvenes que sacrificaron el uno al otro lo más valioso que tenían.

Pero en realidad tenían una cosa más valiosa, su amor, y por ello sus regalos fueron magníficos, y ellos, unos Reyes Magos de verdad.

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