Inkwand: El último sueño del viejo roble

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martes, 22 de diciembre de 2009

El último sueño del viejo roble

Adaptación del cuento de Hans Christian Andersen

Se acercaba el invierno. El viejo roble del bosque se quedó sin sus hojas, dispuesto a entregarse a su prolongado sueño. Desde siempre, todos los inviernos soñaba mucho. Ahora faltaba poco para Navidad y el roble tuvo su sueño más bello: cuanto había vivido en el curso de sus años desfiló ante él.

Fue como si un nuevo flujo de vida recorriese su tronco. Y cuanto más crecía el árbol, mayor era su bienestar. Rebasaba ya en mucho a las nubes y tocaba las estrellas.

Eran momentos de gran felicidad, y, sin embargo, en medio de su aventura sintió el roble el afán de que los restantes árboles del bosque pudieran compartir su dicha con él.

Y de ahí que el roble vio cómo crecían los demás árboles hasta alcanzar su misma altura.

- ¡Qué hermoso! - exclamó entusiasmado -. ¡Estoy rodeado de todos los árboles amigos! ¿Cómo es posible?

- En el Reino de Dios todo es posible - se oyó una voz.

Y el árbol, que seguía creciendo, sintió que las raíces se soltaban de la tierra.

- Esto es lo mejor de todo - exclamó el árbol -. Ya no me sujeta nada allá abajo. Puedo elevarme hasta el infinito en la luz y en la gloria. Y me rodean todos los que quiero... ¡Todos!

Éste fue el sueño del roble. Mientras soñaba, una tempestad se desencadenó en la noche de Navidad. El árbol fue arrancado de raíz mientras soñaba que sus raíces se desprendían del suelo.

La mañana de Navidad, la tempestad se había calmado.

- ¡No está el roble que nos señalaba la tierra! - gritaron los marinos -. Lo ha abatido la tormenta. ¿Quién lo sustituirá?

-Nadie podrá hacerlo - dijeron varias voces.

Y los tripulantes empezaron a cantar; se sentían elevados a su manera por el canto, como el viejo roble en su último sueño, el sueño más bello de su Nochebuena.

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