Inkwand: septiembre 2009

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miércoles, 30 de septiembre de 2009

María, el hada de los ojos de gitana


María es la niña de los ojos de gitana; tiene seis años, el pelo lleno de caracoles y acaba de llegar al Real Colegio de las Hadas.

Es hija de un duende del Bosque de los Deseos y de un hada de Primavera y, aunque también nació hada como su madre, igual que cualquier niña de su edad, tiene que ir al colegio para aprender un montón de cosas.

El primer día de colegio, María estaba entusiasmada con la fiesta de bienvenida que habían preparado las alumnas veteranas: por todas partes había hadas lanzando sus polvos para hacer figuras en el cielo, hadas cantando con voces mágicas que parecían flautas, hadas que volaban haciendo surcar grandes cintas doradas y, lo que más impresionó a María, hadas que con sus varitas mágicas hacían caer estrellas de colores que brillaban por encima de todo el colegio.

De pronto, se oyó hablar al Hada Directora por un micrófono:

- Queridas alumnas del Real Colegio de las Hadas, sed bienvenidas al nuevo curso. Como habéis visto, en la entrada hay un gran árbol que nos protege y nos quía: es el Árbol de la Vida. Todo aquello que queramos conseguir debemos encomendárselo para que lo encontremos en nuestra propia vida. Por ello, las niñas que habéis llegado hoy al colegio por primera vez tenéis que escribir en un papel el hada que os gustaría ser, doblarlo y enterrarlo entre las raíces del Árbol de la Vida antes de que termine la fiesta.

María tenía claro que no le gustaría ser un hada de Primavera como su madre, siempre pintando flores y más flores, tan cursis. Además, las hadas de Primavera son siempre pequeñitas y estaba ya muy alta para su edad. Ella lo que quería era sacar estrellitas de colores de su varita mágica, como hacían esas hadas tan guapas en la fiesta, pero no sabía qué tipo de hadas eran para poderlo anotar. Entonces, una alumna veterana se acercó con una cesta de nubes ofreciendo papeles y lapiceros a las nuevas para que escribieran el hada que querían ser y María aprovechó y le preguntó:

- Oye, ¿tú saber qué hadas son esas de las varitas mágicas que lanzan estrellas de colores?

- Ja, ja, ja - respondió la alumna veterana -. Está claro que es tu primer año; eso no son estrellas, es nieve, y se hace con frío.

- Muchas gracias - contestó María muy contenta. Ahora ya sabía qué hada quería ser, así que sin pensarlo mucho, lo escribio en el papel, lo dobló y lo enterró entre las raíces del Árbol de la Vida, convencida de que así podría lanzar estrellitas de nieve con su varita mágica.

Al día siguiente, tenían su primera clase práctica de filosofía de la vida y María estaba muy nerviosa y emocionada. Por la noche, mientras se lavaban los dientes, unas alumnas mayores le contaron que el primer día tomarían una pócima mágica. Sus padres siempre decían que ella todavía era muy pequeña para tomar ni un sorbito y, ahora, por fin, iba a probarla.

Empezó la clase y el Hada Sofía, profesora de filosofía de la vida, empezó a hablar:

- Ayer escribisteis en un papel el hada que queríais ser y lo enterrasteis entre las raíces del Árbol de la Vida. Eso quiere decir que todo aquello que queráis cosechar en la vida lo tenéis que sembrar, regar y cuidar; que seréis lo que os propongáis ser, siempre que os dediquéis a ello y os empeñéis en aprender. Hoy vamos a hacer un experimento para que cada una aprenda la primera lección de la filosofía de su vida. Tomaréis una pócima mágica, sólo una cucharada. Ya sabéis que no debéis probarla nunca si no os la ofrece un hada graduada. Con esta pócima, durante media hora seréis el hada que ayer deseasteis ser. Cuanso se pase el efecto, comentaremos lo que habéis aprendido cada una.

El Hada Sofía fue mesa por mesa dando a todas las alumnas una cucharada de un líquido verde que burbujeaba dentro de una caracola. De pronto, todas se empezaron a transformar y un gran revuelo de gritos, risas y llantos inindaron el aula.

Una niña chillaba presa del pánico:

- Tengo miedo de la oscuridad; por favor, Hada Sofía, yo no quiero ser un hada de la Luna.

La profesora se acercó a ella, movió su varita mágica sobre la niña y, cuando consiguió que esta dejara de ser hada de la Luna, le dijo:

- Espero que hayas aprendido la lección: no puedes llegar a ser lo que deseas sin antes vencer tus miedos. El miedo nos paraliza y tienes que superarlo para poder ser una buena hada de la Luna.

Otra alumna cercana requería la atención de la profesora: no paraba de estornudar, estaba roja como un tomate y parecía que se ahogaba. El Hada Sofía no dudó en mover de nuevo su varita mágica para que cesase el efecto de la pócima. Cuando la niña empezó a respirar con normalidad, la profesora le preguntó:

- Pero, ¿qué te ha pasado?

- Snif, snif - lloraba la niña - nunca podré ser un hada de la Primavera; tengo alergia al polen.

- Oh, querida alumna - la consoló la profesora -, espero que tú también hayas aprendido la primera lección de la filosofía de tu vida: no se puede desear ser algo que está fuera de nuestro alcance; no todas podemos ser vualquier tipo de hada. A mí también me hubiese gustado ser hada de Primavera, pero ya ves, con lo gorda que estoy, si tengo que vestirme de flores cada día, cualquier año no quedamos sin primavera y pasamos directamente del invierno al verano.

A su lado, otra niña con el pelo muy largo y muy rubio también lloraba:

- Rubita, guapa, ¿qué te ocurre a ti?

- Que a mí no me gusta estar en el agua.

- Y, ¿qué escribiste en el papel? - le preguntó la profesora.

- Que quería ser una ninfa, pero yo no sabía lo que era. Vi el aula de preparación para ninfas y pensé que lo de "ninfa" sonaba muy bien.

La profesora movió su varita para que cesara en la niña rubia el efecto de la pócima y le dijo:

- ¡Ufff! Una ninfa es un hada de Agua. Tu primera lección será que no hay que desear algo sin saber lo que se desea.

- Profe, profe, yo tampoco quiero ser esta hada; no me gusta tener las orejas puntiagudas y no consigo caminar - gritaba otra niña de dos mesas más atrás.

- Vaya, ¿y tú qué escribiste en el papel? - le preguntó el Hada Sofía.

- Puse que quería ser faerie, pero no sé lo que es; me lo dijo la niña que tenía al lado porque yo no sabía qué poner - respondió la niña.

La profesora de nuevo movió su varita mágica y, cuando la niña volvió a su estado normal, le dijo:

- Las faeries son hadas del Aire. Espero que hayas aprendido tu primera lección: no debes guiarte ciegamente por nadie; tú sola has de decidir tu futuro y, para ello, primero tienes que estudiar mucho para saber a conciencia lo que quieres en la vida.

Así pasó casi toda la media hora que duraba el efecto de la pócima, hasta que el Hada Sofía vio al final de la clase un iglú, como una casita d ehielo, y dentro, a María, temblando de frío y mirándola fijamente con sus ojitos de gitana. La profesora se acercó a la niña, movió su varita mágicay, en cuanto el iglú desapareció, escuchó que María decía:

- Yo sólo quería lanzar estrellas de colores con mi varita mágica.

- A ver, ¿puedes escribirnos en la pizarra lo que pusiste en el papel?

María, aún temblando, fue hasta la pizarra y escribió:

"QUIERO SER HELADA DE FRÍO"

La profesora se acercó sonriendo a la pizarra y corrigió lo que había escrito María, de manera que se leía:

"QUIERO SER EL HADA DEL FRÍO"

- Bueno, las hadas del frío en realidad son las hadas del Invierno. Seguro que con el resfriado que habrás pillado hoy no olvidarás tu primera lección. La ortografía, escribir bien las palabras, es muy importante, pero también es importante usar bien los artículos, esas palabras pequeñas como "el" o "un" que representan a las palabras más grandes, como "hada" o "frío". Recuerda que muchas veces, en la vida como en las palabras, lo realmente importante está en lo que nos parece más pequeño e insignificante y que, para transmitirle al Árbol de la Vida con exactitud qué queremos ser, tenemos que aprender a escribir correctamente. Imagina que un día te da por pedirle al Árbol de la Vida que quieres morirte de risa en una guerra de "almo Hadas". Nos vemos todas las hadas metidas en una guerra absurda contra otras, todas peleadas, y seguro que a ti tampoco te gustaría eso.

- No, no, claro que no - respondió María - prometo que estudiaré muy bien todas las letras para aprender a escribir perfectamente.

Desde entonces, María no paró de estudiar lengua y ortografía, esa asignatura que antes le parecía tan aburrida y que ahora empezaba a parecerle un juego divertido, hasta que llegó el día de final de curso. El Hada Directora entregaba las calificaciones finales a las alumnas y las condecoraciones a las más aplicadas:

- Queridas alumnas, estoy muy orgullosa de vosotras. La mayoría ha conseguido parar de curso y algunas de vosotras habéis demostrado vuestra capacidad e interés en ser unas buenas hadas el día de mañana. Entre ellas, quiero destcar a una principalmente. La condecoración número uno es para María, la niña de los ojos de gitana, porque no sólo ha empezado a ser una excelente hada de Invierno, como ella quería, sino que además ha estudiado tanto la asignatura de lengua y ortografía que se está convirtiendo en un hada especial: de su varita mágica consigue sacar nieve, pero no con forma de estrellas, sino con forma de letras que se juntan en palabras en el aire para convertirse en acertados consejos para todos los que le escriban (¡sin faltas!) pidiendo su ayuda.

A partir de entonces, María, el hada de los ojos de gitana, estudió tanto las palabras que se convirtió en el Hada de Invierno Escritora de Consejos, a quien acuden todos los humanos cuando tienen dudas para que ella haga que nieven letras brillantes que les ayuden a tomar siempre la mejor decisión.

Maena García Estrada
Puede que a simple vista parezca un sencillo cuento de hadas para niños, para inculcarles unos principios y animarles a estudiar pero, encierra unas lecciones válidas para cualquiera que lo lea.

Resumiendo, nos dice:

No puedes llegar a ser lo que deseas sin antes vencer tus miedos
No se puede desear ser algo que está fuera de nuestro alcance
No hay que desear algo sin saber lo que se desea.
Tú solo has de decidir tu futuro.
En la vida, lo realmente importante está en lo que nos parece más pequeño e insignificante.
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