Inkwand: octubre 2011

Últimas reseñas

                                                                                   

domingo, 23 de octubre de 2011

Blanca Nieves


Último cuento del libro de Sueños de Princesas: Blancanieves. El cuento original ya fue copiado aquí y hoy os dejo el de nuestro pequeño libro rosa.

Un día, Blanca Nieves estaba cantando en el patio de su castillo cuando un Príncipe la descubrió. Se enamoraron en ese mismo instante.

Su madrastra, la malvada Reina, los vio y temió que la belleza de Blanca Nieves hubiera superado la suya, así que le preguntó al Espejo Mágico.

"¡Ay, ella es más hermosa que tú!", replicó el Espíritu del Espejo Mágico.

La Reina ordenó a un cazador que llevara a Blanca Nieves al bosque para que no regresara jamás.

Los animales del bosque vieron que ella estaba sola y perdida, así que la guiaron hasta una cabañita.

"Es adorable, como una casa de muñecas", dijo Blanca Nieves y llamó a la puerta.

Como nadie contestó, entró a la cabaña. Había siete sillitas y siete camitas.

Los Siete Enanitos se sorprendieron al encontrar a Blanca Nieves en la casa. Pero la amable Princesa les agradó y quisieron protegerla de la Reina.

Esa noche, todos bailaron al son de la música que tocaban algunos Enanitos.

Cuando la Reina descubrió que Blanca Nieves aún era la más bella del reino, se disfrazó como una anciana vendedora y envenenó una manzana.

Al día siguiente, esperó hasta que los Enanitos salieron a trabajar, y se acercó a la cabaña. Entregó la manzana a Blanca Nieves y la joven probó un bocado.

Blanca Nieves cayó al suelo y la Reina rió. Sólo un beso de amor verdadero reviviría a la joven. ¡La Reina era otra vez la más bella del reino!

Cuando los Enanitos descubrieron a su amiga, se sintieron desolados.

Construyeron un hermoso lecho en el bosque para Blanca Nieves y la visitaban todos los días. Se preguntaban si algún día despertaría.

Mientras tanto, el Príncipe había buscado a Blanca Nieves por todas partes desde el día que la conoció en el patio del castillo.

Iba cabalgando por el bosque cuando alcanzó a ver el lecho. Sabía que ella era la dulce joven que había conocido.

El Príncipe se acercó al lecho y la besó.

Blanca Nieves se movió. Los Enanitos y los animales del bosque saltaron de alegría: ¡su amiga había despertado!

La Princesa se despidió de cada uno con un beso antes de alejarse cabalgando con su Príncipe.
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sábado, 22 de octubre de 2011

Aurora


Hoy, en el libro de las Sueños de Princesas, le ha llegado el turno a La Bella Durmiente, cuyo cuento original podéis leer aquí, ahora copio el texto de nuestro libro rosa:

Todo el reino se había reunido para conocer a la hija del Rey y la Reina, la Princesa Aurora. Las hadas Flora, Fauna y Primavera llegaron para otorgarle sus dones. De pronto, la perversa hada Maléfica apareció.

Lanzó un malvado hechizo sobre Aurora: al atardecer del día que cumpliera dieciséis años, la Princesa se pincharía el dedo en una rueca y caería en un profundo sueño. Sólo despertaría con un beso de amor verdadero.

Las hadas buenas llevaron a la niña a una cabaña en lo más profundo del bosque y la llamaron Rosa. No le dijeron que en realidad era una Princesa.

Dieciséis años después, las hadas planeaban los regalos de cumpleaños de Rosa

Para mantener todo en secreto, la enviaron al bosque a recoger moras. "¡No hables con extraños!", le advirtieron cuando se alejaba.

En el bosque, Rosa comenzó a cantar a sus amigos los animales. Un hombre oyó su canción y se detuvo para hablarle.

Sentían como si se conocieran de antes y muy pronto, los dos se enamoraron. Hicieron planes para reunirse en la cabaña esa noche.

Rosa regresó corriendo a la cabaña y dijo a las hadas que estaba enamorada. Entonces ellas le dieron la noticia: en realidad era la Princesa Aurora y estaba prometida en matrimonio con el Príncipe Felipe.

Aurora estaba muy triste. ¡No quería casarse con un extraño! Fueron al castillo y las hadas concedieron a Aurora un tiempo a solas.

Maléfica atrajo a Aurora hasta una rueca, la Princesa se pinchó  un dedo y cayó al suelo.

Poco tiempo después, las hadas buenas descubrieron que el hombre del bosque era el Príncipe Felipe. ¡Sólo un beso suyo podía despertar a la Bella Durmiente!

La perversa Maléfica se convirtió en un dragón gigantesco, pero el Príncipe la derrotó.

El Príncipe Felipe corrió al castillo y subió hasta la torre. Allí, Aurora dormía tranquilamente. La besó. La Princesa despertó y sonrió a su verdadero amor.

Bajaron a saludar al Rey y a la Reina, que estaban llenos de alegría porque al fin podían reunirse con su hija. Y todos vivieron felices para siempre.
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jueves, 20 de octubre de 2011

Cenicienta


Seguimos con el libro rosa de las Sueños de Princesas y hoy le ha tocado a Cenicienta.

Había una vez una joven que vivía con su malvada madrastra y sus dos crueles hermanastras. Se llamaba Cenicienta y la trataban como sirvienta. Sus únicos amigos eran los ratones y otros animales de la casa.

Un día, llegó un mensajero con una invitación al baile real. Todas las jóvenes casaderas debían asistir.

La madrastra dijo que Cenicienta podría ir sólo si terminaba su trabajo y si encontraba un vestido apropiado.
Cenicienta estaba emocionada. ¡Deseaba conocer al Príncipe!

La madrastra y las hermanastras hicieron trabajar más a Cenicienta. Sus amigos los animales se dieron cuenta de que no tendría tiempo para arreglar un vestido.

Todos los ratones y los pájaros trabajaron juntos y renovaron uno viejo. Usaron cuentas y cintas que las hermanastras habían desechado. Cenicienta se emocionó mucho al verlo.

Cenicienta estaba preciosa con ese vestido y sus hermanastras sintieron envidia.

"¡Eres una ladronzuela! ¡Esas cuentas son mías!", gritó Drizella, arrancándoselas.

Anastasia desgarró la falda y el vestido quedó arruinado. Cenicienta corrió al jardín.

"¡Es inútil! ¡Todo es inútil!", lloraba. "Ya no puedo creer en nada".

De repente flotaron chispas de luz a su alrededor y apareció su Hada Madrina. Le dijo que secara sus lágrimas.

Usando su varita, convirtió una calabaza en un carruaje, a los ratones en caballos, y el desgarrado vestido de Cenicienta en un hermoso vestido de gala. El Hada Madrina le advirtió que el hechizo se rompería a medianoche. Cenicienta estaba muy agradecida y partió al baile.

En cuanto llegó al palacio, el Príncipe le pidió que bailara con él. Todos los invitados se preguntaban quién era la misteriosa joven.

Cenicienta y el Príncipe se enamoraron pero, a medianoche, ella huyó. El Príncipe la llamó, pero era demasiado tarde. Sólo había quedado un zapatito de cristal. Esperaba poder encontrar a la joven dueña del zapatito.

Al día siguiente, el Gran Duque recorría el reino probando el zapatito a todas las jóvenes casaderas. Cuando Cenicienta oyó la noticia, comenzó a bailar y a tararear soñadoramente.

¡La madrastra se dio cuenta de ella era la joven del baile! Rápidamente la encerró, pero Cenicienta logró escapar. Bajó corriendo por la escalera y se sentó.

El Gran Duque deslizó el zapatito en su pie. ¡Le quedó perfecto! La madrastra y las hermanastras estaban furiosas.

Cenicienta y el Príncipe se casaron ese mismo día. Por fin, todos sus sueños se hicieron realidad.

El Rey y el Gran Duque miraron contentos a la feliz pareja en la escalinata del palacio.
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miércoles, 19 de octubre de 2011

Los Tres Cerditos


Había una vez una familia de cerdos que vivía en una comarca de pocos recursos. Un día la mamá Cerda animó a sus tres hijos a que salieran al mundo en busca de mejor fortuna.

El primero de ellos se tropezó con un labrador que llevaba una carreta llena de paja.

- ¿Puedes darme esa carga de paja, si no la necesitas?

- Pues la verdad es que la llevo para quemarla - contestó el hombre, que se la cedió al simpático animal sin preguntar qué haría con ella.

Con gran habilidad, el cerdito se construyó una casa de paja, que ocupó en cuanto estuvo lista. Un lobo que andaba al acecho, no tardó en plantarse ante la puerta, cuya campanilla agitó para que le abrieran.

- ¡Cerdito, amigo! ¡Déjame entrar, que tengo frío! - pidió el lobo mintiendo con todo descaro.

- ¡Ni por todas las bellotas del mundo te dejo yo entrar! - contestó el cerdito después de atrancar bien la puerta.

Enfadado, el lobo profirió una terrible amenaza: "¡Prepárate, cerdito, que soplaré y soplaré hasta ver tu casa volar por los aires!", oyó gritar a la fiera.

Dicho y hecho, el lobo comenzó a soplar con tanta furia que la paja tardó poco en volar por los aires. Al cabo de un rato la casa quedó reducida a la nada.

Apenas lo vio sin protección, la fiera se lanzó a por el indefenso cerdito y... se lo comió. Y este fue el fin del primero de los hermanos.

El segundo cerdito se había construido una casa con unos troncos que le cediera un amable leñador. Feliz y contento en su refugio, el cerdito pensó que tenía la vida asegurada, tanto él como un conejo amigo suyo.

Pero el mismo lobo que se comió a su hermano empezó a rondar la casa con no muy buenas intenciones. Y como no estaba dispuesto a dejarse engañar por un lobo tan fiero, subió las escaleras de su refugio y se encerró con llave.

- ¡Cerdito, amigo! ¡Déjame entrar, que tengo frío!

- ¡Ni por todas las bellotas del mundo te dejo yo entrar! - contestó asomando el hocico.

Enfadadísimo, el lobo comenzó a soplar hasta que la casa quedó reducida a la nada. Apenas lo vio sin protección, la fiera se lanzó a por él y... se lo comió.Y así acabó el segundo de los cerditos.

El tercero de los hermanos se había construido una casa con los ladrillos que le sobraban a un amable albañil. No tardó en presentarse el malvado lobo que se había comido a sus hermanos.

- ¡Cerdito, amigo! ¡Déjame entrar, que estoy helado de frío! - pidió el lobo con voz plañidera.

Y como el cerdito no estaba dispuesto a dejarse engañar por un lobo tan feo, la fiera comenzó a soplar con todas sus fuerzas...

Sopló y sopló, pero la casta resistió y ni un solo ladrillo se movió de su sitio. Como no acababa de creérselo, aún estuvo soplando hasta quedarse agotado.

Ante semejante fracaso, el feroz lobo se retiró al bosque a pensar. No podía admitir que un cerdito sin estudios le hubiera vencido de aquella manera.

"¡Ya se me ocurrirá algo!", se decía el malvado.

Herido en su orgullo y en su estómago, no paraba de dar vueltas y más vueltas por los alrededores de su guarida, tramando el modo de hacerse con su presa.

Pasó la noche en vela y, con los primeros rayos de sol, cayó rendido en el montón de paja que le servía de cama. Y así permaneció por espacio de dos días, hasta que el hambre lo despertó.

"Con lo rico que estará ese cerdito bien asado...", pensaba ente bostezo y bostezo.

Resignado, tuvo que conformarse con una zanahoria como desayuno. Entonces concibió una idea y... corrió sin parar hasta la casa de su mejor bocado, el cerdito.

"Mañana a las seis vendré a buscarte, y juntos daremos buena cuenta de los nabos de nuestro vecino", había propuesto el lobo. ¡De sobra sabía el cerdito que los lobos no comen nabos, a no ser que el hambre se los coma a ellos!

Conociendo las intenciones del lobo, que no eran otras que comérselo al menor descuido, el cerdito se levantó muy temprano y a las cinco de la mañana ya estaba en el huerto de nabos del vecino.

Cuando una hora después se presentó el lobo, lo encontró tomando su desayuno de nabos.

- Vamos, amigo; ¿estás preparado? - preguntó el lobo.

- Ya puedes verlo. Fui al sembrado y me traje un buen saco de los nabos más dulces - explicño el cerdito con una sonrisa de triunfo.

- ¡Más caros los pagarás! - dijo el lobo, amenazador y rabioso.

Burlado y furioso a más no poder, el lobo se alejó con cara de pocos amigos. En su cabeza no cabía que un simple cerdo se mofara de él con tanta astucia. Si fuera una vaca o un ciervo de los grandes, lo entendería fácilmente, pues algo sabía de la inteligencia de los animales. ¡Pero un cerdito! ¡Que se la jugara un cerdo...!

Aquello no podía ser... Tenía que encontrar la manera de engatusarle y darse el gran banquete con él, ya dos veces aplazado. 

Convencido de haber hallado otro truco, al día siguiente iría a casa de su enemigo.

"He descubierto un huerto cargado de hermosísimas manzanas. Prepárate, que mañana a las cinco vendré a recogerte", había propuesto el lobo.

¡De sobra sabía el cerdito que a los lobos la fruta no les hacía la menor gracia! Y demasiado conocía las verdaderas intenciones de la astuta fiera...

Por eso, se levantó a las cuatro y fue solo al huerto de manzanos. Primero llenó la tripa y luego, con toda parsimonia, empezó a recoger las manzanas más sabrosas, hasta llenar una gran cesta.

- ¡Toma una y pruébala! - dijo al lobo -. ¡Tenías razón, son estupendas!

"Mañana te recogeré a eso de las tres e iremos juntos al pueblo", había propuesto el lobo. ¡Bien sabía el cerdito que los lobos no tenían nada que hacer en los mercadillos! Y demasiado conocía las verdaderas intenciones de la hambrienta fiera...

Una hora antes, ya estaba el cerdito comprando una orza bien grande, de esas que se emplean para hacer vino.

- Es muy resistente - dijo el vendedor al simpático cerdito.

El cerdito se metió en la orza y se echó a rodar cuesta abajo. Cuando el lobo vio lo que se le venía encima, salió corriendo y no paró hasta su refugio en el bosque, donde se dejó caer agotado.

- ¡Ay, que me pilla! ¿Qué habré hecho yo para merecer esto? - decía el lobo mientras trataba de esquivar la orza, que parecía un meteorito.

Como necesitaba sorprender al cerdito, el lobo se encaramó al tejado de la casa, buscó el hueco de la chimenea y sin pensarlo dos veces se metió en ella.

- ¡Voy a cobrarme todas tus burlas! ¡Esta vez no te salvará truco alguno! - gritaba el lobo mientras intentaba bajar por la chimenea.

Pero lo que no sabía es que abajo, en el fuego, un caldero de agua hervía bajo un montón de leños bien secos.
- ¡Allá voy! - dijo el lobo, ignorante de lo que le esperaba.

Al momento, el último aullido del lobo se oyó cuando cayó en el caldero. Y así el tercero de los hermanos vivió feliz y contento, respetado incluso por todos los más audaces lobos.
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martes, 18 de octubre de 2011

Ariel


El segundo cuento que nos ha tocado hoy en el libro de las Sueños de Princesas es el de La Sirenita, ¡mi preferido! Podéis leer aquí el cuento original y, ahora paso a transcribir la historia del libro.

Ariel era una Sirenita fascinada con el mundo de los humanos, aunque su padre, el Rey Tritón, no lo aprobaba.

Cada día, Ariel nadaba hasta su colección de objetos de ese mundo. Sus amigos Flounder y Sebastián sabían que soñaba con ser humana.

Ariel estaba visitando la superficie del mar cuando vio al Príncipe Eric en la cubierta de un barco y pensó que era muy apuesto.

De pronto, una enorme tormenta arrojó a Eric por la borda. Ariel lo salvó de ahogarse y le cantó hasta que se acercaron otros humanos.

Cuando el Príncipe se despertó, se había ido. Eric juró que se casaría con la joven de la bella voz.

Cuando oyó hablar del Príncipe Eric, el Rey Tritón se puso furioso. "¿Te has vuelto loca?", preguntó enfadado, y destruyó la colección de objetos del mundo humano de Ariel.

La Sirenita estaba desolada.

Mientras tanto Úrsula, la bruja del mar, ansiaba encontrar la manera de destruir al Rey Tritón. Había estado vigilando a Ariel, y fraguó un plan secreto. "¡Es muy fácil! ¡La niña está enamorada de un humano!", dijo con una risa malvada.

Flotsam y Jetsam, las anguilas de Úrsula, convencieron a Ariel de que la bruja del mar podía ayudarla. Úrsula le dijo que podía convertirla en humana a cambio de su voz.

"¡No hablarás ni cantarás! ¡Nada!", dijo Úrsula. "Si te besa antes de la puesta de sol del tercer día, conservarás tu forma humana".

Si el Príncipe Eric no se enamoraba, Ariel y su voz pertenecerían a Úrsula para siempre.

Ariel no estaba acostumbrada a tener piernas. Sus amigos Flounder y Sebastián le ayudaron a llegar a la superficie.

En la superficie, Ariel miró sus piernas y sonrió. ¡Era humana!

El Príncipe Eric estaba caminando por la playa cuando la vio. Pensó que era la cantante misteriosa, pero muy pronto se dio cuenta de que ella no podía hablar.

"Entonces no puedes ser quien yo creía", dijo con tristeza.

El Príncipe llevó a Ariel a conocer su reino y a dar un paseo en una romántica laguna.

Y precisamente cuando Eric estaba apunto de besar a Ariel, Flotsam y Jetsam volcaron el bote.

Úrsula se dio cuenta de que Ariel podía tener éxito, así que esa noche se disfrazó de una mujer llamada Vanessa y hechizó al Príncipe Eric usando la voz de Ariel.

A la mañana siguiente, todos se enteraron de que el Príncipe Eric planeaba casarse con Vanessa. Scuttle, la gaviota amiga de Ariel, siguió a Vanessa y la observó mientras se miraba en el espejo: ¡el reflejo era la imagen de Úrsula!

En el barco nupcial, Scuttle y otras aves atacaron a Vanessa, mientras Sebastián iba  a toda prisa a avisar al Rey Tritón.

En la confusión, la voz de Ariel escapó del collar de Vanessa. Ariel comenzó a cantar y el hechizo que pesaba sobre el Príncipe Eric se rompió.

El Rey Tritón llegó y Úrsula fue derrotada. El rey del mar vio que su hija y el Príncipe Eric estaban verdaderamente enamorados, así que, convirtió a Ariel en humana de una vez por todas. Ese día, Ariel y el Príncipe se casaron.

Ariel dijo a su padre que lo amaba y se despidió feliz de su familia.
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lunes, 17 de octubre de 2011

Alí Babá y los Cuarenta Ladrones


En el lejano Oriente vivían dos hermanos, que siendo aún muy niños quedaron huérfanos. Como no tenían parientes cercanos y, además quedaron muy pobres, pasaron muchos sufrimientos. Hambres, fríos, desprecios, privaciones, todo a una fueron como el escenario de la tragedia de su vida. Mas, con el correr de los años, el mayor de ellos, Casín, se casó con una rica viuda. Con el dinero de ésta, Casín instaló una surtida tienda y pronto forjó fortuna. En cambio, el hermano menor, Alí Babá, se enamoró de una muchacha pobre, aunque bastante hermosa, hija de un leñador. Cuando murió su suegro, les dejó por herencia la casa donde vivían y dos asnos. No era mucho, pero para Alí Babá fue suficiente, pues con gran entusiasmo cortaba árboles en el bosque, de los cuales hacía leña que vendía en la ciudad.

Un día en que Alí Babá trabajaba en el bosque, sintió el ruido de una partida de jinetes que se acercaba. Ignorando quiénes podrían ser, se subió al ramaje de un árbol y allí quedó a la expectativa. Poco después aparecieron los jinetes, y con gran sorpresa suya, los vio detenerse justamente delante del árbol que lo sostenía. Los hombres conversaron entre ellos, y luego el jefe se apartó del grupo unos pasos. Se dirigió hacia unos altos peñascos y deteniéndose frente a una enorme roca, gritó:

- ¡Sésamo, ábrete!

Y la roca giró lentamente, dejando descubierta una cueva. Uno por uno fueron metiéndose por allí los jinetes. Alí Babá los contó: eran cuarenta. Una vez todos dentro, el jefe volvió a gritar:

- ¡Sésamo, ciérrate!

La roca volvió a girar lentamente hasta cubrir la entrada de la cueva. Alí Babá se restregó los ojos, creyendo que soñaba. Y cuando se disponía a bajarse del árbol, vio que la roca volvía a girar. Uno por uno fueron saliendo los hombres. Montaron todos a caballo, y repitiendo el jefe la orden de: "¡Sésamo, ciérrate!", los cuarenta jinetes partieron a la carrera, dejando una nube de polvo.

Alí Babá se convenció de que no soñaba. Se bajó del árbol y quiso conocer el secreto de la cueva. Un poco atemorizado dijo:

- ¡Sésamo, ábrete!

Y la piedra comenzó a girar despaciosamente, dejando libre la entrada. Alí avanzó escuchando sólo el fuerte latir de su corazón, hasta que llegó a una amplia cámara donde quedó deslumbrado. Aquella pieza estaba llena de fabulosas riquezas: cofres repletos de monedas de oro y plata; baúles rebosantes de rubíes, diamantes, brillantes y zafiros; fuentes llenas de joyas; tapices maravillosos y alfombras hermosísimas y porcelanas de gran finura. Alí Babá pensó: "Los cuarenta jinetes que he visto son ladrones que guardan sus robos aquí".

Como la vida era muy dura para él, pensó llevarse parte de aquella riqueza que procedía del robo. Trajo sus asnos y los cargó con algo de aquel tesoro. Para salir de la cueva dijo el consabido: "¡Sésamo, ábrete!", y la roca giró obediente. Afuera cubrió la carga con ramas para disimularla.

Cuando su mujer vio la enorme riqueza que le mostraba, se espantó y echó a llorar, porque pensó: "¿Cómo ha conseguido Alí todas estas riquezas? Sin duda, desesperado por nuestra pobreza, se ha hecho ladrón y ha asaltado los caminos". Mas, cuando Alí le explicó todo, ella no cabía en sí de gozo. Hacía correr las monedas y piedras preciosas entre sus dedos, se probaba los aretes, pulseras y prendedores y no se cansaba de admirarlos. De pronto, quiso saber cuánto valía todo aquello; pero no tenía ninguna medida, y como se acordó que en casa de su cuñado Casín tenían una, fue en su busca.

La mujer de Casín se llenó de curiosidad cuando su concuñada le pedía una medida.

- ¿Para qué necesitará Alí una medida? Son tan pobres que podrían contar sus monedas con los dedos de la mano.

Y entonces utilizó una treta: untó el fondo de la medida con sebo, así la envió a casa de Alí. Cuando al día siguiente se la devolvieron, halló una moneda de oro pegada al fondo. Corrió donde Casín, le contó el caso y le hizo saber sus dudas. Casín le contestó que no era asunto de ellos. Pero su mujer insistió tanto que Casín fue a casa de su hermano y le habló del asunto. Alí Babá le contó todo, pues no podía tener secretos para su hermano.

Cuando la mujer de Casín supo toda la historia, convenció a su marido para que fuera también a la cueva de los ladrones. Casín llevó diez mulas para poder sacar la mayor cantidad de tesoro. Dio la orden ante la roca de la cueva y ésta giró dejando libre la entrada. Una vez adentro, Casín cargó sus mulas, y cuando se  disponía a salir, se olvidó de las palabras claves para que la roca girara. Casín perdió la serenidad y, lleno de espanto, comenzó a dar gritos y golpes a la oca; pero ésta seguía inmóvil, y él preso en la cueva.

La mujer de Casín, al darse cuenta que su marido tardaba demasiado, corrió a casa de Alí y le contó que Casín había ido a la cueva de los ladrones y aún no regresaba. Alí Babá se inquietó por su hermano y partió en su búsqueda. Al abrirse la entrada de la cueva ante sus palabras claves, vio, presa de terror, que su hermano había sido asesinado. Pensó, entonces, que los ladrones lo habían sorprendido cuando se llevaba parte del tesoro y le dieron muerte. Vio, además, que las mulas estaban sin carga y que no había ya nada de la fabulosa riqueza. Cargó a su hermano en una mula, lo ocultó con unas ramas y volvió a su casa.

Alí quiso disimular la muerte de su hermano ante la gente, y para lograrlo acudió donde su esclava, la cual tenía fama de astuta y lista. Esta se ofreció a ayudarle, y como el cuerpo de Casín estaba lleno de heridas enormes, buscó a un viejo zapatero y, dándole unas monedas, le convenció para que cosiera las heridas del cuerpo de Casín. Luego fue a comprar un remedio a la botica, y viendo bastante gente, se puso a gemir, mientras decía en voz alta:

- ¡Pobre Casín! ¡Ojalá que este remedio lo salve!

Fue así que al día siguiente, cuando corrió la noticia de la muerte de Casín, nadie se asombró. 

Mientras tanto, cuando los cuarenta ladrones volvieron a la cueva y no hallaron el cuerpo de Casín, comprendieron que alguien había entrado y que conocía su secreto. Enviaron a uno de los pillos para que averiguara en la ciudad, y cuando ya retornaba el emisario sin ningún dato, dio, por casualidad, con el zapatero. Se puso a conversar con él, y el buen hombre dijo de pronto en medio de su charla:

- ¡Tengo una vista excelente, a pesar de mis años! Sin ir muy lejos, anoche he cosido perfectamente las heridas de un hombre.

El bandido se dio cuenta, de inmediato, de qué se trataba, y sacando su puñal amenazó al viejo y consiguió que éste le enseñara la casa de la cual lo habían llamado para coser al herido. El ladrón trazó en la puerta una cruz con una tiza, y volvió a dar cuenta a sus compinches. Gracias a la cruz podrían reconocer fácilmente la casa durante la noche.

Pero los bandidos no contaban con la astucia de la esclava de Alí. Al ver ésta la cruz blanca pintada en la puerta, comprendió de inmediato que algo raro sucedía.

- Los ladrones - pensó - han dado con la casa de mi amo, y ésta es la señal para atacarlo.

Tomó una tiza y pintó una cruz igual en todas las puertas del barrio. Cuando los bandidos vinieron en la noche, no pudieron dar con la casa. El jefe, sin darse por vencido, fue donde el zapatero y, puñal en mano, le obligó a que le señalara la casa. Volvió donde sus compañeros y les dijo:

- Tengo un plan. Yo me vestiré de mercader y llevaré cuarenta tinajas; una de ellas tendrá aceite, y las restantes os llevarán dentro. Sé bien cuál es la casa. ¡Y verán cómo nos vengaremos!

De acuerdo al plan, aquella noche el capitán de los facinerosos llegó a la casa de Alí a ofrecerle aceite. Como contestase éste que por ahora no necesitaba aceite, lo convenció para que le diera hospedaje por una noche. Alí accedió gustoso e hizo colocar las cuarenta tinajas en el patio.
Poco más tarde, la esclava tuvo necesidad de un poco de aceite para su lámpara, pero no lo halló en la cocina.

- Sacaré un poco de una de las tinajas - se dijo -. Como necesito tan poco, no lo advertirán.

Al acercarse a la primera tinaja, quiso saber si estaba llena, dio un golpecito y, ¡oh, sorpresa!, de dentro salió una voz que dijo:

- ¿Ya es la hora?

La lista muchacha comprendió al instante de qué se trataba: aquellas tinajas escondían a los ladrones de la cueva. Y fingiendo serenidad, en voz bajita, contestó:

- No, aún no. Esperad.

Usó de la misma treta con las demás tinajas y descubrió que en todas, menos una, había un bandido oculto, que repetía la pregunta. Entonces se le ocurrió una idea. Puso al fuego la tinaja del aceite, y cuando estuvo hirviendo éste, lo fue echando sobre la cabeza de cada uno de los ladrones, matándolos a todos, achicharrados.

A media noche, cuando reinaba el silencio en la casa, el falso mercader se levantó despacito, y saliendo al patio, comenzó a dar golpecitos a las tinajas, y uno por uno, halló a todos sus hombres muertos. Presa de espanto quiso huir, perola esclava había dado la voz de alarma y no pudo hacerlo.

Efectivamente, después de matar a los bandidos, la fiel esclava había corrido a contar todo a Alí Babá. Éste quedó sorprendido ante el relato, y sin perder tiempo, recurrió a la ayuda de sus vecinos. De modo que cuando el jefe de los ladrones se quiso fugar, cayeron todos sobre él y lo amarraron. Luego, con amenazas, le hicieron confesar dónde estaba el tesoro que había sacado de la cueva. Una vez encontrado el tesoro, fue entregado a las autoridades de la ciudad, quienes los distribuyeron por mitades entre Alí Babá y los pobres.

Alí, inmensamente rico, cuidó de su cuñada viuda y se dedicó a hacer obras de caridad y filantropía. Todos los sábados desfilaban por su palacio todos los pobres de la ciudad para recibir su pan y unas monedas. Hizo construir un asilo para ancianos, un orfanato para los niños abandonados y unos locales escolares. Por último, casó a su fiel esclava con un buen hombre, asignándole una fuerte dote.

De Las Mil y Una Noches
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domingo, 16 de octubre de 2011

Bella


Hoy mi hija y yo hemos empezado a leer el libro de Sueños de Princesas y, la primera historia es la de Bella. Paso a copiarla.

Hace mucho tiempo vivió una joven llamada Bella. La gente de su aldea pensaba que era muy hermosa... pero rara. No podían entender por qué le gustaban los libros y tenía sed de aventuras. Un hombre vanidoso llamado Gastón siempre presionaba a Bella para que se casara con él.

Un día, la joven encontró a Phillipe, el caballo de su padre, solo en un campo. ¡Su padre se había perdido! Bella partió en su busca.

Phillipe llevó a Bella hasta un enorme castillo cuyo interior era muy oscuro. Parecía que nadie vivía allí. De pronto, la joven oyó la voz de su padre y corrió hasta él.

Maurice, el padre de Bella, estaba encerrado en una celda: era prisionero de La Bestia, el dueño del castillo, quien ordenó a Bella que se fuera.

"Tómame en su lugar", dijo Bella.

Prometió quedarse en el castillo para siempre. La Bestia accedió y liberó a Maurice.

Los objetos encantados del castillo los observaban mientras La Bestia mostraba a Bella su habitación. El castillo estaba bajo un hechizo y esperaban que Bella lo rompiera. Si se enamoraba de La Bestia antes de que cayera el último pétalo de la rosa encantada, ¡por fin todos recuperarían su forma humana!

La Señora Potts vio que Bella estaba asustada y fue con sus amigos a darle la bienvenida.

"¡Anímate, niña! Todo saldrá bien al final, ya lo verás", le dijo.

La Bestia también deseaba que Bella rompiera el hechizo, pero había estado solo mucho tiempo y se puso furioso cuando ella se negó a comer con él.

"Siempre me verá sólo como un monstruo", dijo, descorazonado.

Con el tiempo, Bella perdió la paciencia ante las rabietas de La Bestia y le pidió que controlara su mal carácter.

Después de eso, La Bestia fue más amable y se hicieron amigos. ¡Hasta alimentaban juntos a las aves del castillo!

La Bestia se estaba enamorando. Bella se sentía cómoda en el castillo y disfrutaba pasando el tiempo con él.

Bella estaba feliz con La Bestia, pero echaba de menos a su padre. La Bestia le mostró un espejo mágico.

La joven vio a su padre solo y pasando frío, y aunque la rosa encantada perdía sus pétalos muy rápido, La Bestia permitió que Bella partiera.

"Gracias por comprender cuánto me necesita mi padre", dijo ella.

Bella rescató a su padre, pero Gastón y los aldeanos querían llevarlo a un manicomio.

"¡Mi padre no está loco y yo puedo probarlo!", exclamó Bella, mostrándole a La Bestia en el espejo.

La multitud se quedó sin aliento.

"Es realmente amable y bondadoso", agregó Bella. Pero era demasiado tarde: todo el pueblo se dirigía al castillo.

En el castillo, La Bestia no quiso defenderse. Gastón lo hirió y, mientras caía el último pétalo de la rosa, Bella regresó corriendo.

"No, por favor, no me dejes! ¡Te amo!", gritó.

De pronto se rompió el hechizo. La Bestia volvió a ser un Príncipe y todos se convirtieron otra vez en humanos. Bella y el Príncipe bailaron mientras todos los habitantes del castillo los miraban llenos de gozo.
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