Inkwand: Cenicienta

Últimas reseñas

Cristal       Cristal       Cristal       Rojo y Oro       El hada mancillada       Almas de hierro       El periplo del ángel       El poder de la oscuridad       Canción de Navidad       Hugo Holmes       Cuentos de hadas y sapos       Una visita de San Nicolás      Los coleccionistas de vidrio

jueves, 20 de octubre de 2011

Cenicienta


Seguimos con el libro rosa de las Sueños de Princesas y hoy le ha tocado a Cenicienta.

Había una vez una joven que vivía con su malvada madrastra y sus dos crueles hermanastras. Se llamaba Cenicienta y la trataban como sirvienta. Sus únicos amigos eran los ratones y otros animales de la casa.

Un día, llegó un mensajero con una invitación al baile real. Todas las jóvenes casaderas debían asistir.

La madrastra dijo que Cenicienta podría ir sólo si terminaba su trabajo y si encontraba un vestido apropiado.
Cenicienta estaba emocionada. ¡Deseaba conocer al Príncipe!

La madrastra y las hermanastras hicieron trabajar más a Cenicienta. Sus amigos los animales se dieron cuenta de que no tendría tiempo para arreglar un vestido.

Todos los ratones y los pájaros trabajaron juntos y renovaron uno viejo. Usaron cuentas y cintas que las hermanastras habían desechado. Cenicienta se emocionó mucho al verlo.

Cenicienta estaba preciosa con ese vestido y sus hermanastras sintieron envidia.

"¡Eres una ladronzuela! ¡Esas cuentas son mías!", gritó Drizella, arrancándoselas.

Anastasia desgarró la falda y el vestido quedó arruinado. Cenicienta corrió al jardín.

"¡Es inútil! ¡Todo es inútil!", lloraba. "Ya no puedo creer en nada".

De repente flotaron chispas de luz a su alrededor y apareció su Hada Madrina. Le dijo que secara sus lágrimas.

Usando su varita, convirtió una calabaza en un carruaje, a los ratones en caballos, y el desgarrado vestido de Cenicienta en un hermoso vestido de gala. El Hada Madrina le advirtió que el hechizo se rompería a medianoche. Cenicienta estaba muy agradecida y partió al baile.

En cuanto llegó al palacio, el Príncipe le pidió que bailara con él. Todos los invitados se preguntaban quién era la misteriosa joven.

Cenicienta y el Príncipe se enamoraron pero, a medianoche, ella huyó. El Príncipe la llamó, pero era demasiado tarde. Sólo había quedado un zapatito de cristal. Esperaba poder encontrar a la joven dueña del zapatito.

Al día siguiente, el Gran Duque recorría el reino probando el zapatito a todas las jóvenes casaderas. Cuando Cenicienta oyó la noticia, comenzó a bailar y a tararear soñadoramente.

¡La madrastra se dio cuenta de ella era la joven del baile! Rápidamente la encerró, pero Cenicienta logró escapar. Bajó corriendo por la escalera y se sentó.

El Gran Duque deslizó el zapatito en su pie. ¡Le quedó perfecto! La madrastra y las hermanastras estaban furiosas.

Cenicienta y el Príncipe se casaron ese mismo día. Por fin, todos sus sueños se hicieron realidad.

El Rey y el Gran Duque miraron contentos a la feliz pareja en la escalinata del palacio.

1 comentario :

  1. El cuento tal como está planteado te hace pensar directamente en la película de Disney aunque he de decir que yo antes de ver la versión Disney me vi una de anime de Goodtimes. No es muy conocida pero a mi me enamoró. Ya sabes que me encanta esta iniciativa de los cuentos de hadas así que no me repetiré jaja

    ResponderEliminar

Gracias por pasar a leerme. Todo comentario referente a la entrada es bienvenido. Por favor, evita la publicidad y las faltas de respeto.

TODOS LOS COMENTARIOS SON MODERADOS, por lo que aquellos no relacionados con la entrada comentada, serán eliminados.