Inkwand: Un Sombrero de Cielo

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lunes, 9 de enero de 2012

Un Sombrero de Cielo

Ficha Técnica


Autor: Terry Pratchett
Género: Aventura, Humor, Fantasía
Primera Edición: Noviembre 2011
Editorial: Plaza & Janés
ISBN: 9788401339790
Páginas: 335
Precio: 17€
Valoración: Cautivador

Argumento

Una bruja de verdad no saldría tranquilamente de su cuerpo en cualquier momento, dejándolo vacío. Pero Tiffany, que a sus once años está a punto de convertirse en aprendiza de bruja, no se lo piensa dos veces. Sin embargo, hay un espíritu antiguo, diabólico e indestructible vagando por allí, a la espera de un cuerpo libre para invadir...

Un sombrero de cielo es el encantador nuevo libro de Terry Pratchett protagonizado por Tiffany Dolorido y los Pequeños Hombres Libres, una banda de hombrecillos azulados, pendencieros y bonachones que no escatiman esfuerzos para defender a la joven bruja. Pero esta vez ni ellos ni Yaya Ceravieja, la bruja más poderosa del mundo, serán capaces de protegerla. Cuando llegue el momento de la verdad, Tiffany tendrá que recurrir a toda su fuerza interior para intentar salvarse a sí misma.

Reseña

Todo el mundo sabe que no soy muy amiga de los libros de Terry Pratchett pero, este me ha gustado mucho. Me costaba dejar la lectura para irme a la cama y esperaba con ansia a que los Pequeños Hombres Libres aparecieran con su extraño vocabulario.Me ha gustado especialmente los momentos en los que habla sobre brujería, porque muestra a los lectores los principios básicos de ésta de un modo sencillo y cercano, haciendo que sea fácil de comprender.


Citas
- Yo sé ben lo que dicen! - le espetó Rob Cualquiera-. ¡Tengu la sabienda de la leyebda! Dicen... - Volvió a mirar hacia arriba-. A ver, dicen.... está el hombre sentadu, y luego la letra que es comu una casiña, y luego esa que va en ziguizagui para arriba, y otra vez la casiña, y entonces está lo que conócese como un "espacio", y ahí está la barriga del gorderas solu que viéndola de cerca, y la letriña que es como un peine, y ahí debe de haber una letra invisible porque non véola, y lugo la que es redonda como el sol, y los dos braciños levantados, y ahí viene el peine otra vez, y entonces tenemus el garfio y al final de todo la casiña, y en la línea de abajo hay... el homre con los braciños estiradus, ya sabéis, y... ja, mira, el regorderas otra vez, pero agora dándose un paseo, y entonces viene el peine, y la que va en ziguizagui, que ya salió antes, y luegu otro pámpano con los braciños estiradus, y un palitroque y un ziguizagui y... vaya, cuántas casiñas salen... y en la última línea hay otra casiña, y después el hombre sentado, y el peine, y la letriña esa que hace como una espiral para adentru, y luego el gorderas de peso... ¡mirad, siemrpe nada buscandu el peine!, y luego viene un espacio porque no hay letriña, y enseguida vienen las dos montañas, y la casiña otra vez, y el gorderas que márchase, pero ahora busca el palitroque, non puedes fiarte de él, y luego la letriña del ziguizagui otra vez, un peine.... ¡y nuestro viejo amigo gorderas, el muy pámpano marcha a por el sol redondu! ¡Fin!

[...]

Billy Terriblemente Pequeñín miró las palabras escritas con tiza:


LANA DE OVEJA
TREMENTINA
ALEGRE MARINERO

(Pág. 209)
- Se preocupa por ellos. Hasta por los que son tontos, mezquinos y babosos, por las madres que malcrían a sus hijos, por los irresponsables, los catetos y los payasos que la tratan como a una especie de criada. Eso es lo que yo llamo magia: ver todo eso, tratar con todo eso y seguir adelante. Sentarse toda la noche con algún pobre viejo que se despide del mundo, aliviándole todo el dolor que puedes, dándole consuelo para su miedo, ocupándote de que se vaya sin problemas... y entonces lavarlo, vestirlo, ponerlo guapo para el funeral y ayudar a la viuda llorosa a deshacer la cama y lavar las sábanas (que, por cierto, no es faena para la gente impresionable), y quedarte despierta otra noche velando el ataúd antes del entierro, y luego irte a casa y estar cinco minutos sentada antes de que llegue algún hombre furioso y gritón y te aporree la puerta porque su esposa primeriza está teniendo problemas con el parto, y la comadrona no sabe qué hacer ya... y entonces coger la bolsa y volver a salir. Eso es lo que hacemos todas, cada una a su manera, pero con el corazón en la mano te digo que ella lo hace mejor que yo. Y eso es la raíz y el corazón y el alma y el centro de la brujería, y no otra cosa. ¡El alma y el centro! -La señora Ceravieja se dio con el puño en la mano abierta, martilleando sus palabras-: El... alma... y... el centro. (Pág. 239)
- ¡Ja! La señora Carcoma dice que esas cosas son magia negra - dijo Annagrama [...]
- ¿Eso te dice? -replicó Petulia [...] - Pues la señora Gorronegro dice que a veces la luna está iluminada y a veces en la sombra, pero que siempre hay que recordar que es la misma luna. (Pág. 306)
- Tu abuela -dijo-. ¿Ella llevaba sombrero?
- ¿Qué? Ah... normalmente no -dijo Tiffany [...]-. Se ponía un saco viejo como si fuera un gorro cuando hacía muy mal tiempo. Decía que los sombreros solo sirven para volarse, allá arria en la colina.
- Entonces hizo del cielo su sombrero -dijo Yaya Ceravieja. - ¿Y llevaba abrigo?
- ¡Ja, los pastores solían decir que si se veía a la abuela Dolorido con abrigo era que el viento traía rocas! -exclamó Tiffany con orgullo.
- Entonces también hizo del viento su abrigo- dijo Yaya Ceravieja-. Es una habilidad. La lluvia no cae sobre una bruja si ella no quiere, aunque yo personalmente prefiero mojarme y estar agradecida.
- ¿Agradecida de qué?-. Preguntó Tiffany.
- De que luego me secaré. (Pág. 324)
Abrió la marcha hacia el pozo que había en el jardín trasero, miró por el suelo y recogió un palo.
- Varita mágica - dijo- ¿Ves? -De la punta brotó una llamarada verde, que asustó a Tiffany-. Ahora prueba tú.
A Tiffany no le salió, por mucho que la agitara.
- Pues claro que no -le dijo Yaya-. Es un palo. En fin, es posible que yo le haya hecho saltar una llama, o a lo mejor he hecho que tú creyeras que ha saltado. No tiene importancia. Lo que estoy diciéndote es que soy yo, no el palo. Con la mente en su sitio, puedes hacer de un palo tu varita y del cielo tu sombrero y de un charco tu... tu... oye, ¿cómo se llaman esas copas tan raras?
- Esto... cálices.
- Eso. Tu cáliz mágico. Las cosas no son importantes. Las personas sí. [...] ¿Entonces entiendes que todas esas cosas brillantes son solo juguetes, y que los juguetes pueden llevarte por el mal camino?
- ¡Sí!
- Pues quítate ese caballo tan reluciente que llevas al cuello [recuerdo del hogar de Tiffany], niña, y tíralo al pozo.
Obediente, medio hipnotizada por la voz, Tiffany se llevó las manos a la nuca y abrió el cierre.
Las piezas del caballo de plata relucieron cuando lo sostuvo por encima del agua.
Lo miró como si lo viera por primera vez. Y entonces...
Ella pone a prueba a la gente, pensó. Siempre.
 - No -dijo Tiffany-. No puedo.
- ¿No puedes o no quieres? -replicó Yaya bruscamente.
- No puedo -dijo Tiffany, y entonces sacó la barbilla-. ¡Y además no quiero!
Retiró la mano y volvió a ponerse la cadenita, sin interrumpir su mirada desafiante a Yaya Ceravieja.
La bruja sonrió.
- Bien hecho -dijo en voz baja-. Si no sabes cuándo hay que ser humana, no sabes cuándo ser bruja. Y si tienes miedo de irte por el mal camino, nunca irás a ningún sitio. (Pág. 325-326)

2 comentarios :

  1. Yo aún no he leído apenas nada de este autor, tengo uno pendiente que me han recomendado mucho pero todavía no lo he empezado. Tengo dos amigas a las que les encanta este autor así que no he podido dejar de leer tu reseña. Por cierto, la portada mola mucho (si, lo reconozco me fijo muchisimo en las portadas xD)

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    Respuestas
    1. Las portadas es en lo primero que nos fijamos por eso deberían cuidarlas muchísimo. Este autor a mí me llegó a desesperar porque un conocido solo leía a Pratchett y lo poco agrada pero lo mucho enfada. Debo decir que este libro lo disfruté muchísimo.

      Besos de tinta y ánimo con la lectura de ese libro

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