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jueves, 15 de noviembre de 2012

Reseña: Ex Libris

Ficha Técnica


Autora: Sandra Andrés Belenguer 
Género: Juvenil
Primera Edición: Noviembre de 2012 
Editorial: Everest 
Diseño de cubierta: Darrell Samith 
Imagen de cubierta: Age Fotostock / Janine Sommer 
Precio: 14,95€ 
ISBN: 9788444148281 
Páginas: 396
Valoración: Cautivador

Argumento

¿Cuántas veces has sufrido viendo cómo el protagonista de la novela que leías estaba en peligro o siendo víctima de una traición y no has podido hacer nada para evitarlo? ¿Has contado las ocasiones en que te hubiera gustado ir en su ayuda o simplemente ser un personaje más?

Lara es apodada como "la nueva" o "bicho raro" en todos los institutos en los que se matricula. La principal razón de su marginación es que Lara solo parece interesada por la literatura y no es nada hábil en las relaciones sociales. Cuando ha conseguido tener alguna amiga, tampoco ha sabido conducir bien esa amistad. Lara vive en París, ciudad a la que sus padres han emigrado dos años antes. Cuando tuvo que mudarse pensó que ese cambio de domicilio y de vida supondría para ella una oportunidad para recomenzar una vida que no le gustaba. Sin embargo, en su nuevo instituto continúan las risas, los murmullos y la actitud distante de sus compañeros. Agobiada por un suceso desagradable con los gamberros de su clase, se va a un parque cerca del cual descubre una extraña librería, la librería Blanchard. El cartel de la librería es un libro abierto con las letras «Ex Libris» y dos interrogantes en él. Aunque la librería parece muy antigua y cerrada al público, llevada por su incansable curiosidad y para refugiarse de la lluvia, Lara decide entrar.

El librero, un tipo extraño, la cita para días más tarde. A partir de esa cita, Lara comienza el fin de su solitaria existencia e inicia su propia aventura.

Reseña

Si eres un apasionado de la lectura como yo, te sentirás identificado con Lara desde la primera línea en que hace aparición. Su amor a la literatura, sus deseos de poder pertenecer a esos mundos de fantasía que lee, el miedo a no ser capaz de crear tu propio mundo literario... Además, tenemos algo más en común: también fui el bicho raro del instituto y también he tenido malas experiencias con los 'populares' como ser arrojada escaleras abajo, ser víctima de continuas zancadillas -y posteriores risas- cuando caminaba por los pasillos... y siempre temrinaba ocultándome en lo que consideraba mi refugio: la biblioteca, igual que Lara.

La pluma de Sandra se desenvuelve con exquisitez en esta última novela que ha conseguido cautivarme como pocos libros lo han hecho hasta la fecha. Al leer la última página un sentimiento de vacío se ha apoderado de mí con sólo una pregunta: "Y ahora, ¿qué?".

El libro rebosa literatura en cada línea, desde cuentos tradicionales como Blancanieves hasta las obras de Cervantes, Dumas, Shakespeare y muchos otros más.

El pleno conocimiento de Sandra sobre la ciudad de París hace que todo esté descrito al detalle, consiguiendo que paseemos por sus calles decimonónicas sin movernos de casa, como si hubiésemos vivido siempre en ellas.

La novela lo tiene todo, comenzando por las pinceladas de literatura, guiños a grandes clásicos musicales y cinematográficos, pasando por misterio, magia y, por supuesto, romance. Esa pincelada de amor que Sandra siempre sabe utilizar tan bien, haciendo que nuestros corazones latan al compás de los de los protagonistas.

Es, sin lugar a dudas, la mejor obra de Sandra hasta el momento, una lágrima se escapó de mis ojos al ver que leía la última página de la historia de Lara... Es un libro al que cuesta dar la espalda pues es difícil dejar atrás a sus personajes una vez los conoces y compartes con ellos tantas vivencias.

Citas

¿Te apasiona la literatura?
¿Alguna vez has soñado con ser el protagonista de tus libros preferidos?
¿Disfrutas perdiéndote entre sus páginas, sintiéndote parte de la aventura, del misterio y de la fantasía?
LIBRERÍA BLANCHARD abre sus enigmáticas puertas especialmente para ti.
¿Te atreves a entrar?

Su cerebro se astilló en mil recuerdos fugaces; mientras, su cabeza, ya en el canasto, observaba con los ojos muy abiertos, durante unos segundos, su cuerpo mutilado. Partículas de memoria se dispersaron en su mente como fragmentos de cristales rotos: el olor a lavanda de su niñez, las voces de sus padres, colores e imágenes sin snetido que se arremolinaron en una negra nebulosa... (Página 10)

Me encantaba tumbarme en la cama y saborear cada palabra impresa en el papel con el corazón puesto en las acciones de los personajes que me desvelarían su destino. (Páginas 16-17)

Me giré mirando a todos con desprecio, sintiendo cómo la triste coraza que había construído sobre mí temblaba una vez más dispuesta a fracturarse en mil pedazos. (Página 42)

¿Qué ocurre cuando la historia no te agrada? ¡No puedes hacer nada al respecto! Quizá algún día inesperado puedas encontrarte con su autor, si todavía sigue vivo, y compartir con él tu punto de vista. Pero ni siquiera de ese modo lograrás cambiar el curso de un relato ya escrito. El lector es un ser impotente que presencia, desde una barrera invisible, todo cuanto sucede ante su vista. (Páginas 49-50)

Este, como otros muchos, es un libro acabado, ya ha narrado su historia, ha explicado todo lo que tenía que explicar, ha sido leído por miles de personas, ha cumplido con el propósito de su autor... Es un libro muerto. (Página 50) 

Poco sabía de la noche, pero esta parecía saber de mí. Me asistía como si quisiera cubrir mi lectura con su manto protector.
"Puede que la noche esté viva y el sol sea el verdadero sueño del que deba despertar..." (Página 78)

¿Pero qué había sido de mis alas? Ahora eran sol plumas rotas. (Página 79)

Insensato delirio el mío, amar a una sombra... ¡Sí, porque los libros solo eran la sombra en la que deseaba verme inmersa!
Yo formaba parte de ellos; su esencia existiría siempre en mi atemporal interior y ese pensamiento me daba fuerza. (Página 79)

No sabía lo que era el amor y comenzaba a pensar, incluso con mi juventud, que jamás podría sentirlo alguna vez. Únicamente leía sobre sus maravillosas revelaciones en mis libros donde se describía como una sensación que lograba emocionarte unas veces y llorar otras... Que podía hacer que un año pasara volando y al mismo tiempo que una noche pareciera toda una vida... Que conseguía que cada palabra y cada gesto cobraran un nuevo significado... (Página 183)

Desde que podía recordar, había estado vagando de aquí para allá, por siniestros recodos oscuros, por sueños estrangulados antes de brotar y brillar, por una soledad que parecía eterna... ¡basta de vagar!
Ahora todo cuanto alguna vez había querido estaba materializándose mágicamente ante mí. Lo único que tenía que hacer era dejarme llevar. (Página 185)

Ni siquiera la ciudad le parecía la misma. Ahora cada edificio, cada monumento era visto por sus ojos de forma diferente y se le antojó más luminosa, más blanca y espaciosa. Como si un nuevo pincel hubiera recubierto todas las calles de un color especial. (Página 208)

El horror se extendió por su cuerpo como si cientos de insectos correteasen por sus venas. (Página 214)

Pero, ¿estaría el desenlace ya escrito? ¿No era yo quien componía el argumento de aquella historia? ¿O el ente omnipresente del autor estaría merodeando entre nosotros, dispuesto a cambiar los hechos? (Página 219)

Sentí cómo los latidos de mi corazón aceleraban su ritmo de una forma descontrolada y me pareció que la habitación en sí se diluía en una borrosa acuarela. Incluso el aire era ingrávido, estremecido de sí mismo, como si miles de voces se hubieran silenciado de golpe y el mundo entero estuviera en calma, observando aquel momento atemporal. (Página 222)

Era como una melodía hecha de caricias y susurros, como una sutil balada que atrapa el alma y la hace vibrar con cada nota. (Página 234)

[...] me recordó a un mar en calma, pero extraño e insólito. Un mar en el que nunca había permitido sumergirse a nadie [...] (Página 234)

Ni todos los libros existentes en la tierra podrían describir con precisión cómo me sentí en aquel momento y, por una vez, pensé que la literatura no lo era todo. (Página 239)

Pequeño guiño a Anastasia:

- Me siento un poco... mareada -dije al fin.
- Sí, tal vez deberíamos parar.
Sonreí levemente.
- Ya hemos parado.
(Página 263)

La Muerte es el final de toda existencia, su guadaña iguala a la humanidad, ricos y pobres, ancianos y jóvenes, hombres y mujeres... Nacemos para morir. Ella es nuestro último destino, tanto en la vida real como en la literatura. (Página 278)

La literatura me había proporcionado momentos maravillosos que, aun estando solo en mi mente, nadie me podría arrebatar. Las innumerables noches en vela releyendo los pasajes de mis novelas preferidas, las lágrimas vertidas por el final trágico de los personajes con quienes tan buenos momentos había vivido, mi búsqueda de lecturas descatalogadas en bibliotecas, el regalo hecho a mí misma al encontrar alguna primera edición de un libro antiguo, hermosas escenas que me servirían de inspiración para sobrellevar el día a día... (Página 292-293)

La luna había sido mi compañera nocturna durante mi aventura en aquella historia y ahora incluso parecía que ella se escondía de mí, evitando bañarme con el hechizo de su resplandor. (Página 320)

Mi sexto sentido me advertía de que aquel lugar era especial, como un enclave esotérico perdido a través de los siglos. (Página 323) 

—Todos en algún momento de nuestra vida necesitamos llevar una máscara. (Página 325) 

Sus rostros transmitían alegríam y algo más: una sensación de libertad que se fue abriendo paso en mi pecho con ímpetu, como la corriente de un río en plena montaña. (Página 353) 

Yo había vivido ciegamente abrazada a mis libros, sintiendo la vida de sus personajes como la mía propia, participando de su sabiduría, queriéndolos como mis únicos amigos. (Página 368) 

A veces los sentimientos no se pueden confesar, ni siquiera a quien más amas. (Página 375) 

Vivía en la oscuridad de mi propio universo donde ni siquiera podía encontrarme a mí misma. (Página 376) 

La literatura era su tabla de naúfrago, su ayuda en momentos difíciles. (Página 395)

Gracias a Sandra Andrés Belenguer por el envío del ejemplar
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