Inkwand: 1. Un cumpleaños diferente

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viernes, 20 de marzo de 2015

1. Un cumpleaños diferente


¿Recordáis cuando J.K. Rowling dijo que el sexto libro se llamaría Harry Potter and the Half Blood Prince? Mi mente empezó a maquinar teorías y desvarió muchísimo... Os paso poco a poco los capítulos que escribí y, si os gusta, puede que la continúe...

Harry Potter
y
el príncipe mestizo

Pasadas las terribles vacaciones en casa de los insoportables e insufribles Dursley, Harry Potter regresa al fin al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería donde encontrará nuevas caras. Una alumna nueva, demasiado pálida para ser mortal, es aceptada en la casa Gryffindor aunque parece más adecuada para Slytherin debido a su comportamiento y las miradas de complicidad que el profesor Snape y ella comparten en las clases de Pociones. Un secreto va con ella además de un cuervo que la acompaña a todas partes ¡¡¡Draco Malfoy parece atraído por ella!!! ¿Será una espía de la casa Slytherin? ¿Por qué, si es su primer año, la pasan a sexto sin más explicaciones? Además, está su varita que es la viva réplica de la de Harry y esa leyenda de que Lord Voldemort dejó un hijo que lucharía a su lado...


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Un cumpleaños diferente



Brillaba la luna y un chico de pelo alborotado y ojos verdes paseaba solitario por la calle sin ninguna compañía. Solos su sombra y él  se dirigían hacia el número 4 de la calle Privet Drive donde aquel chico, cercano a los dieciséis años vivía desde hacía quince años con sus insoportables tíos, los Dursley. Los Dursley, aparte de tener una casa en Privet Drive y un sobrino al que ignoraban por completo, tenían un hijo gordo, con cara de cerdito al que creían un angelito a pesar de las trastadas que él y su banda hacían cada tarde. Dudley, que así se llamaba el retoño de los Dursley, había hecho la vida imposible al bueno de Harry durante mucho tiempo. Es más, aquella trágica situación del pobre Harry, cambió hacía ya cinco años cuando se supo que era un mago y que había sido seleccionado para estudiar en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Vagando por las calles, daba el mayor de los rodeos para llegar a su destino donde le esperaba la soledad de su cuarto y la perspectiva de otro año más en el que no sería felicitado por su familia. Quedaban unas horas para que acabase el día, se había hecho demasiado tarde aunque sabía que ni tía Petunia ni tío Vernon iban a estar preocupados por él.
Cruzó la calle, le quedaba una manzana para llegar a casa y se detuvo en un parque a contemplar los columpios y sentarse en un banco unos instantes. Cerró los ojos para escuchar el canto de un grillo cercano y creyó escuchar pasos. Abrió los ojos y no escuchó nada, ni el más leve indicio de que alguien se estuviese aproximando. Probablemente todo aquello era solo fruto de su imaginación, aún estaba algo aturdido por los acontecimientos recientes. Había vuelto a ver a Lord Voldemort, había perdido a Sirius, su padrino; Cho, la chica a la que tanto había admirado le había defraudado y, para colmo, aún no estaba de vuelta en Hogwarts. Al menos aquel año había pasado los fines de semana en La Madriguera con los Weasley...
Se levantó del banco y escuchó claramente unas pisadas que le seguían, aceleró el paso y, automáticamente, aquellas pisadas también lo hicieron. Tenía su varita en el bolsillo pero no quería utilizarla, no quería tener más problemas con el Ministerio de Magia como ya los tuvo en el pasado curso. Comenzó a correr, él, Harry Potter, que en cualquier otra situación hubiese plantado cara con su varita en la mano, se disponía a huir... Pero, no era momento de orgullos, sabía que seguía siendo menor de edad y, lo peor que podía hacer era utilizar su varita a no ser que su vida corriese peligro y de eso, aún no estaba seguro. De entre las sombras, una oscura figura apareció y le cortó el paso, era uno de los amigos de Dudley otra vez. Entonces comprendió que tras él encontraría al resto del grupo, no tenía nada que hacer, contra ellos no podía utilizar la magia. Eran seis contra él, no tenía posibilidad alguna, además, él era delgaducho, no muy alto y nada fuerte. En cambio ellos eran todos enormes y llenos de fuerza dispuestos a atacarle sin compasión. Recibió el primer golpe al que le siguieron varios más, trató de defenderse pero, uno no puede hacer mucho cuando un gorila le sujeta por la espalda para que el resto pueda atizarte sin problemas.
Notó la sangre resbalándole de la nariz a los labios y un agudo dolor en la sien aparte del enorme escozor que le causaba su cicatriz en forma de trueno en la frente... No siempre aquello significaba que Lord Voldemort estuviese cerca, a veces ocurría cuando estaba muy enfadado, la mayoría de las veces, por alguno de los Dursley.
Le dejaron en el suelo y salieron corriendo del parque sin mirar atrás, no querían que alguien los pillase. Harry trató de incorporarse y escuchó un ruido de ramas de árbol sobre su cabeza. Miró hacia arriba y, de un árbol saltó una chica vestida con un vestido blanco de seda largo, hasta los pies. Se echó los largos y rojizos cabellos hacia atrás y Harry pudo ver unos ojos verdes como esmeraldas. La chica se aproximó a él y le tendió la mano para ayudarle a sentarse. Le miró con expresión de pena y culpabilidad y le acarició el rostro con lágrimas en los ojos.
- Perdóname, Harry, debí haber llegado antes para ahorrarte este sufrimiento. - ¿Cómo sabía ella su nombre? La joven pasó la mano por la ensangrentada nariz de Harry y al instante la sangre desapareció junto con el dolor. – Así estás mejor, ¿verdad?
- Sí... gracias. Pero, ¿quién eres? ¿Eres una bruja, verdad? Quiero decir... que no eres una muggle.
- ¡Shhhh! Tienes que ser más prudente, no creo que un parque sea el lugar adecuado para hablar de esto, “bruja”, “muggle”... no son palabras que los muggles entenderían como el vocabulario de una persona normal. Tienes que andarte con más ojo y aprende a defenderte un poco, cielo, porque no voy a estar siempre que unos matones muggles aparezcan al acecho. – Le regañó dulcemente guiñándole un ojo. Se acercó a él aún más y le dio un beso lleno de dulzura en la comisura de los labios. – Ahora descansa, Harry. – Como hechizado, cerró los ojos y se quedó dormido allí tirado en el frío y duro suelo del parque con una desconocida que había salido de la nada velando por él. No supo cuánto tiempo había dormido cuando escuchó de nuevo aquella voz susurrante que le decía: - Despierta, querido Harry. ¡Feliz Cumpleaños! – Y un nuevo beso en la comisura de los labios.
Abrió los ojos y estaba solo, en su cama de Privet Drive. Miró el reloj de la mesilla de noche, eran exactamente la doce de la noche, ya tenía dieciséis años y, probablemente, al amanecer, encontraría a Pigwidgeon, la lechuza de Ron con su felicitación y la de Hermione y algún regalo de cumpleaños. Miró por la ventana y vio a Hedwig, su lechuza blanca, revoloteando cerca de un árbol. Se levantó de la cama y se asomó para descubrir qué la tenía tan ocupada y vio dos siluetas montadas en escoba que lo miraban con ansiedad.
- ¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, HARRY!!! – Ron y Hermione entraron limpiamente por el hueco de la ventana dejando las escobas apoyadas contra la pared. Hablaban en susurros pues sabían que a los Dursley no les gustaba la magia. – Les pedimos a Fred y George que encantaran las escobas y a nosotros mismos de  modo que ningún muggle pudiese vernos. Yo misma podría haber hecho el encantamiento de invisibilidad pero, sabes que somos menores de edad y no queríamos tener problemas. Queríamos ser los primeros en felicitarte.
- Esta vez te hemos felicitado justo en el momento exacto, ¿eh? – dijo alegremente Ron.
- La verdad es que se os han adelantado, ya me han felicitado justo a las doce... – y les relató lo ocurrido. En medio de una frase, Hermione le cortó.
- ¿Cuándo aprenderás a diferenciar un sueño de lo que no lo es, Harry? No me miréis con cara de tontos los dos. Está claro que ha sido un sueño, Harry, tú mismo lo has dicho, que crees que no ha sido real. Seamos coherentes, una bruja salta de un árbol vestida como una princesita medieval, ¡por favor! Eso llama más la atención que decir “bruja” o “muggle” en el parque.
- Tienes razón, Hermione, ha sido una idea ridícula pensar que eso ha pasado realmente. De haber sido así, debí despertar en el parque, ¿no? Pero, me hubiese gustado tanto saber su nombre... – Hermione puso los ojos en blanco a modo de desaprobación pero no dijo nada.
- Bueno, hablemos de nuestra visita... Verás he pensado... – un leve carraspeo de Ron la hizo rectificar. – Quiero decir... Ron y yo habíamos pensado que podríamos pasar el día de tu cumpleaños juntos. Ya sabes, ir al Callejón Diagon, pasear por Londres y comer en mi casa. Sí, sí, en mi casa. Mis padres han preparado el jardín para una barbacoa a las tres de la tarde. Es que Ron quería tener una “comida muggle”, y de paso celebrábamos tu cumpleaños como Dios manda. ¿Crees que los Dursley...?
- No pondrán ninguna pega, es más, hasta os lo agradecerán por quitarme de en medio. - Y así resultó ser. Hermione llamó a sus padres y, tras explicarles la absoluta indiferencia que sentían los Dursley por Harry, accedieron a que pasase con ellos lo que quedaba de vacaciones.
Aquello sí que parecía un sueño, era el mejor regalo que su amiga le podía hacer pero... Dumbledore le había dicho que estaría muy seguro en casa de los Dursley mientras él lo considerase un hogar y porque tía Petunia era el único familiar vivo de su madre. Les comentó sus dudas a sus amigos mientras preparaba el baúl con ropa y libros que necesitaría en el colegio. Cogió la jaula donde Hedwig acababa de entrar para beber un poco de agua y ésta le miró con enfado al verse encerrada.
Hermione ya había reparado en aquel pequeño detalle de la confesión de Dumbledore el curso anterior y ya había enviado una lechuza para saber si lo veía arriesgado y le había permitido llevar a Harry a su casa o a La Madriguera. Con todas las dudas disipadas ya de su mente, Harry se despidió de sus apáticos tíos como quien se despide de una pared con un retrato pues no recibió ni una sola palabra de despedida. Era de esperar.
Ron espolvoreó con unos polvos purpúreos la Saeta de Fuego de Harry para que los muggles no viesen la escoba y también las ropas de Harry. Sobrevolaron Privet Drive hasta la casa de Hermione, donde los señores Granger los esperaban en el jardín mirando al cielo. Hermione los vio y no pudo evitar una sonrisita y una frase de reproche.
- ¡Siempre tan discretos! Cualquiera que los vea los tomará por locos. ¿Qué pensarán los vecinos?
Al aterrizar, les dio un toque en el hombro y, con un carraspeo que trató de disimular su risa al verles dar aquel respingo al notar su mano invisible tras ellos, les dijo:
- Ya hemos llegado. ¿Se puede saber qué estáis mirando tan detenidamente en el cielo? – todos se echaron a reír y tras una pequeña charla, se fueron a dormir.
Harry y Ron durmieron en la habitación de invitados donde hablaron un rato antes de caer dormidos por el agotamiento.
A la mañana siguiente, a Harry le despertó una melodía de “Cumpleaños Feliz” que provenía de la sala. Miró hacia la cama de Ron pero no estaba allí, la cama estaba hecha y el pijama asomaba bajo la almohada. Se vistió rápidamente y se peinó con los dedos aunque su cabello siguió igual de alborotado que antes. Se puso las gafas que había dejado junto a la ventana y bajó las escaleras de dos en dos.
- ¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, HARRY!!! – le gritaron nada más asomar la cabeza por la sala. Allí estaban todos sus amigos, desde los Weasley a Neville e, incluso, Dobby, el elfo doméstico con sus calcetines diferentes, uno verde y otro rojo. Fue precisamente él el primero que se acercó a Harry haciendo una reverencia tan exagerada que su puntiaguda nariz rozó el suelo.
- Dobby tiene un regalo para Harry Potter, señor. Dobby los ha tejido él mismo, Harry Potter. – Y Harry no necesitó abrir el paquete para saber que se encontraría unos calcetines de colores diferentes. Los miró y, para hacer feliz al elfo le dijo que eran más hermosos que los que le dio en Navidad el año anterior y los más bonitos que había visto jamás. Dobby enrojeció y comenzó a llorar escandalosamente cuando Harry se sentó en el sofá para ponérselos.
Los regalos no pararon de lloverle en toda la mañana, un libro sobre cómo perfeccionar la postura en una escoba cuando se juega a quidditch (regalo de Hermione), un jersey rojo y dorado (hecho por la señora Weasley), e incluso una snitch con sus iniciales grabadas (regalo de Fred y George).
- El negocio nos va de maravilla, Harry y, como fuiste tú el que nos ayudó económicamente... – los gemelos Weasley tenían una tienda de artículos de bromas en el Callejón Diagon, la habían abierto al público el año anterior  y, para disgusto de su madre, no tenían intención de regresar al colegio.
A las tres de la tarde el señor Granger anunció que la comida estaba esperando en el jardín. Comieron y bebieron mientras cada uno contaba cómo habían sido sus vacaciones y Harry aseguró que había sido el mejor cumpleaños de su vida. Pero, aún quedaba más, en cuanto terminasen de recoger, irían a Londres, al Callejón Diagon a comprar los libros que necesitarían para el curso siguiente, algunas plumas, tinta y demás útiles escolares.
Todos ayudaron a recoger la mesa, Hermione junto con su madre fregó los platos; Harry y Ron los secaban con trapos y Ginny, Fred y George los colocaban en su sitio correspondiente. En el jardín, el señor y la señora Weasley ayudaban al señor Granger a recoger  la barbacoa. Más que ayudar, los Weasley estorbaban, sobre todo el señor Weasley que alucinaba con todo lo que veía y todo lo quería tocar y probar. Neville, Colin, Dennis y Dobby tuvieron que irse, el elfo no quería estar demasiado tiempo alejado de las cocinas de Hogwarts y los muchachos habían dicho que no llegarían más tarde de las seis de la tarde de vuelta a casa.
Tras algo más de hora y media, se encontraban camino de Londres, ya en el Callejón Diagon, fueron al banco de los magos, Gringotts, custodiado por gnomos, donde Harry tenía su dinero. Tomó una bolsa con galeones de oro, sickles de plata y knuts de bronce. Creyó conveniente invitarlos a todos al Caldero Chorreante a una cerveza de mantequilla. Fred y George rechazaron la invitación con pesar, no habían abierto el negocio en todo el día y, como Fred dijo: “El tiempo es galeones”. Molly, la señora Weasley, podría decir lo que quisiese sobre sus hijos pero, se veía que en el fondo estaba orgullosa de ver cómo sus gemelos se convertían en hombres de negocios, aunque el negocio fuese tan indigno (según ella) como la venta de artículos de broma.
- Pues damos gracias a que poca gente piensa como tú, mamá. Tenemos muchísimo éxito. ¡Hasta el dueño de la Tienda de Zonko de Hogsmeade viene a comprar nuestros artículos para venderlos después en la suya! – la señora Weasley quiso protestar pero, ellos lo vieron venir y se despidieron rápidamente.
Mientras tomaban sus cervezas de mantequilla, Harry propuso dejar allí a los Weasley con los Granger e irse ellos a hacer sus compras. Ginny se apuntó a ir con ellos, no permitiría que la dejasen con los mayores aburriéndose como una ostra mientras de seguro ellos se lo pasaban bomba. Ginny había crecido tanto que necesitaba una túnica nueva pero, sólo podía permitirse una de segunda mano y todas estaban demasiado rotas como para que ella tuviese valor de ponérselas sin pasar vergüenza ante sus compañeros. Era hora de que Harry actuase. Sabía que anteriormente Ginny había estado loca por él y también sabía que ella jamás aceptaría que alguien le pagase sus cosas, necesitaba una excusa...
- Mhhh... ¿Ginny?
- Sí, Harry. – Dijo algo entristecida.
- Verás, me he dado cuenta que no te regalé nada por tu cumpleaños pero, tú a mí sí. Ambos sabemos que una túnica es un regalo demasiado... ¿cómo decirlo?
- ¿Caro? – completó ella con un deje de dolor.
- Sí, vale, caro. Entonces, viendo que tienes algo de dinero... pensé que si te doy lo que te falta para una túnica nueva...
- Pero eso no es un regalo, Harry, eso es como un préstamo. – Hermione quitó todas las esperanzas de una túnica nueva a Ginny. – Pero, si soy yo la que pone la otra mitad, sería un regalo nuestro para ella. ¿Qué dices, Ginny?
- Sois maravillosos, de verdad. -  Se dirigieron a «Madame Malkin, túnicas para todas las oca­siones» y mientras, Ron y Harry fueron a mirar la tienda de las escobas y demás artículos para quidditch.
La tienda de túnicas estaba vacía, a excepción de Madame Malkin y una chica morena subida a un escabel. Madame Malkin las hizo un gesto para indicarlas que las había visto y que las atendería enseguida. Ellas se sentaron a esperar a que la midiese y le entregase su túnica. No pudieron evitar escuchar la conversación que la chica y Madame Malkin mantenían a pocos metros de ellas.
- Y, ¿cuántos años tienes?
- Veintidós. – Los entrecerrados ojos de la chica miraron un instante a Ginny y Hermione que bajaron la cabeza.
- Eso no puede ser, encanto. Con esa edad no se llevan estas túnicas. Creo que buscas otro tipo de túnica de trabajo, querida. – Dejando de medirla se dispuso a buscar algo.
- No. – El sonido seco de aquella voz la hizo detenerse. – Le dije que es ese tipo el que busco y necesito, mire, aquí tengo un documento que quizá la convenza un poco. – Desenrolló un pergamino y se lo entregó a Madame Malkin que no daba crédito a lo que leía. Hermione y Ginny intercambiaron miradas de curiosidad.
- Está bien, querida, está bien. Pero suena más a que alguien te está gastando una broma pesada. Si quieres puedo hacer un par de llamadas y...
- Mire, no pretendo ser grosera pero, si le voy a pagar las túnicas, ¿qué parte es la que no es capaz de asimilar? Por favor, hágame las túnicas y dése prisa – miró su reloj - ¡oh, no! Llego tarde, seguro que se enfada conmigo... Veo que tiene las medidas tomadas, ¿le importa que me vaya ya y venga más tarde a recogerlas?
- Como quieras, querida. – Y, por primera vez desde que Hermione y Ginny estaban allí, la chica sonrió. Lanzó un galeón a Madame Malkin, por las molestias y salió corriendo del lugar con un enorme cuervo volando tras ella.
- ¡Qué muchacha más extraña! – y dirigiéndose a las que esperaban dijo: - Hogwarts, ¿verdad?
Ginny salió de la tienda contenta como jamás lo había estado, con su túnica envuelta en papel rojo y atada con una cinta dorada. Hermione había pagado a Madame Malkin para que la  envolviese con los colores de la casa Gryffindor para que el regalo hiciera aún más ilusión a Ginny. Se reunieron con los chicos con la idea de contarles lo sucedido pero, la sorpresa se la llevaron cuando les vieron hablando con la chica de la tienda de las túnicas.
- Hey, - las saludaron al verlas llegar. – Os estábamos esperando. Esta chica estaba preguntándonos cómo ir al Caldero Chorreante, se ha desorientado un poco al salir corriendo de una tienda. – Ella las fulminó con la mirada al verlas, las recordaba, eran las chismosas que habían estado escuchando su conversación. – Démonos prisa, la pobre llega tarde.
- No quisimos entretenernos pero, ya conoces a Madame Malkin, siempre tiene algo de lo que hablar con los clientes, no hay quien la calle, Harry. – Al oír este nombre la chica se irguió y le miró la frente, encontrando la cicatriz en forma de relámpago.
- ¿Harry Potter? ¿El famoso Harry Potter? – Harry, que ya estaba acostumbrado a este tipo de reacciones, asintió con la cabeza. – Vaya... qué sorpresa. – Pero su tono no era del todo creíble, más bien, parecía haberse llevado un disgusto. - Buscaré el Caldero Chorreante por mí misma, gracias. – Aquellos ojos negros lo fulminaron, el rostro antes tímido y dulce se endureció y se tornó inexpresivo, frío. Sin decir nada más, dio un silbido y el cuervo apareció a su lado. Salió corriendo con el cuervo tras ella una vez más y la vieron preguntar a alguien el camino.
- ¡Qué chica más rara! – exclamó Ron.
- Sí, en la tienda ha hecho lo mismo, ha salido corriendo con ese pajarraco tras ella.
- Pero es muy guapa – continuó juzgando Ron. - ¿Habéis visto sus ojos? Eran muy oscuros y brillantes, casi como los de Snape solo que los de ella parecen irreales, como de un duende. ¡Oye! Ahora que lo pienso, Harry, podría ser la chica de tu sueño, ha aparecido y desaparecido exactamente igual que en tu sueño.
- No, no. Imposible. No se parece en nada.. Y hay muchas chicas misteriosas. Es más, la chica del sueño se parecía más a Ginny que a esa. ¡Anda! Sí que se parece en algo. Tampoco se nos ocurrió preguntarle el nombre.
Todos rieron de camino al Caldero Chorreante, Harry les metía prisa, quería llegar para ver si ella seguía allí y estaba, ¡vaya si estaba! La vieron nada más entrar, sentada en una silla  en una de las mesas del fondo con un granizado de ambrosía y alguien la cogía de la mano. Desde el ángulo en que se encontraban, sólo alcanzaban a ver el brazo de quien la sujetaba. Arrastrados por la curiosidad, dieron un pequeño rodeo para llegar a la mesa donde los adultos los esperaban y vieron quién era el acompañante de la joven. Aquello sí que los sorprendió porque no había duda de quién era. No había mucha gente con aquella grasienta y negra melena, aquella nariz ganchuda y aquellos ojos negros inexpresivos en una pálida cara alargada, solo una persona podía corresponder a esta descripción: ¡el profesor Snape! Era el profesor de Hogwarts que más odiaba Harry, el sentimiento era mutuo. El profesor Snape, jefe de la casa de Slytherin, sentía un odio especial hacia todos los alumnos que no fuesen de su casa pero, el odio iba en aumento cuando se refería a Harry Potter. Aquello explicaba el repentino cambio de actitud de la muchacha desconocida al descubrir quién era Harry. Obviamente Snape le habría hablado de él y, siendo amigos, le despreciaría del mismo modo que él lo hacía.
- ¿Vosotros sabíais que Snape tenía novia?
- No digas tonterías, Ron. Como mucho es una antigua alumna de Hogwarts que se lleva bien con él. – Respondió Hermione.
- Y, ¿a cuántos alumnos de Hogwarts les coge de la mano? – preguntó el pelirrojo con picardía.
- Está claro, ella estaría en la casa Slytherin y sería una especie de Malfoy pero en chica, por eso se llevan bien.
- No sé, pero para llevarse bien como tú dices, Snape está más serio que de costumbre...
Siguieron con sus teorías y nuevas surgieron cuando, al ver que se iban, él le ponía la mano en la espalda, como ayudándola a caminar, la miraba y sonreía.
- ¡Eso no ha sido normal! Quiero saber qué pasa. Esa sonrisa no se la pone a Malfoy, si parecía un bebé. – Harry no pudo evitar reír. – Sigámoslos un poco, Hermione. - Ésta puso los ojos en blanco, ¿por qué sus amigos eran tan infantiles? Pero tenían razón, algo extraño pasaba entre esos dos...
Finalmente, se dejó convencer. Los vieron entrar en una tienda de sombreros y salir con un sombrero puntiagudo dentro de una caja. En otra tienda les vieron probándose guantes protectores de piel de dragón y donde Madame Malkin, recogieron una bolsa con varias túnicas dentro. Madame Malkin habló con el profesor Snape y, tras ello, hizo un gesto de aprobación y se despidió de ellos. Los siguió con la mirada hasta que los perdió de vista al entrar en la tienda de Ollivander, el creador de varitas mágicas. En una tienda ella salió con un libro abrazado contra el pecho, como si fuese su mayor tesoro y, poniéndose de puntillas, besó en la mejilla al profesor Snape que enrojeció rápidamente.
- Gracias, Severus, hacía años que deseaba este libro pero mamá... – las lágrimas asomaron al rostro de la joven, el cuervo se acomodó en su hombro derecho y el profesor Snape se arrodilló ante ella para tener sus ojos a la altura de los de ella. No escucharon lo que le susurró pero, la situación hablaba por sí sola.
- ¿Severus? ¿Pero desde cuándo alguien que no sea un profesor le llama Severus? Vámonos de aquí, todo esto empieza a darme náuseas. – Ron se dio la vuelta y sus amigos le siguieron.
Aquella noche, Harry y Hermione estuvieron en el sofá de los Granger viendo una película y hablando de todo lo que había sucedido en el Callejón Diagon. A Ron podría haberle producido náuseas pero a ellos dos les consumía la curiosidad. Hermione había tenido una teoría bastante posible. Aquella chica, de pelo largo, liso, lacio, fino y negro como el azabache y pálida como la luna llena podría ser familia de Snape. Quedaba descartado que había ido a Hogwarts porque, como Hermione recordó haber escuchado en la tienda de Madame Malkin, había dicho que tenía veintidós años. Sólo era seis años mayor, deberían haber visto su foto en las paredes de Hogwarts dedicadas a los antiguos alumnos. Hermione se propuso mirarlo nada más comenzar el nuevo curso.
Además, todas las tiendas a las que habían ido ella y Snape y los artículos que iban acumulando con las compras, ¿eran regalos que él le hacía? Desde luego, el libro sí lo había sido. Y, ¿por qué le tenía que regalar algo?
Les costó bastante conciliar el sueño y no supieron que habían dormido hasta que el sol les iluminó en los ojos al amanecer. Se habían quedado dormidos en el sofá, Hermione con la cabeza en el regazo de Harry y él apoyado en el reposabrazos del sofá. Cuando los Granger entraron en la sala, Harry creyó que los iban a regañar por haber pasado la noche viendo la televisión pero, no fue así. La señora Granger les dijo que el día anterior había hablado con la señora Weasley e iban a pasar el fin de semana en La Madriguera. Los señores Granger los llevarían en coche y se volverían, el padre de Hermione trabajaba los fines de semana y no podía quedarse.
- Es una lástima, porque iba a explicarle a Arthur para qué sirve un mechero y cómo se usa. Se quedó impresionado cuando salimos del metro de Londres y vio a un hombre encender un cigarrillo. Le miró impresionado y dijo: “¡Sorprendente!”, Un hombre peculiar ese Arthur Weasley pero, me gusta esa familia. Nos hablaron de su hijo... ¿Percy? Pobre Molly, está destrozada. Creyeron que tras descubrirse que era cierto que Quien-vosotros-sabéis había regresado, pediría disculpas y todo se solucionaría pero, por lo visto, ese muchacho tiene demasiado orgullo como para pedir perdón.
- Vaya, sí que está usted puesto en el tema para ser un muggle, señor Granger – rió Harry.
- Pasa todo un verano con una hija como la mía y te enterarás de todo. ¡Si hasta sé cómo hacer levitar las sillas con su varita! – Harry miró a Hermione y sus ojos preguntaron por él.
- No, no hice magia, soy menor, ¿recuerdas? Yo tomé una rama de árbol del jardín, le mostré cómo se debe agitar la varita y las palabras adecuadas. Me costó bastante que aprendiese, es un poquito torpe algunas veces. ¡Mira! – señaló la ventana. – Vienen dos lechuzas, algo me dice que son de Hogwarts, con los resultados de los TIMOs (Título Indispensable de Magia Ordi­naria), me muero de curiosidad por ver qué notas tengo. Es que necesito muy buenas puntuaciones en muchas cosas... Al final quiero ser auror también, como tú, y Ron también, me lo dijo la semana pasada. Eso quiere decir que seguiremos en las mismas clases cuando nos preparemos para los ÉXTASIS (EXámenes Terribles de Alta Sabiduría e Invocaciones Secretas). Podremos seguir repasando y haciendo los deberes juntos como hasta ahora. ¿Verdad que es emocionante, Harry?
- Me estoy agobiando solo de escucharte, Hermione. – Todos, incluida Hermione, rieron. La chica tenía razón, eran las notas. Harry no podía creerse que hubiese aprobado todas las asignaturas, incluida Adivinación. Además, en todas tenía una E (Excede Expectativas) o una S (Sobresaliente), ¡podía aspirar a ser auror! Solo por cortesía, aún sabiendo los resultados de antemano, le preguntó a Hermione por sus calificaciones.
- Mal. – Dijo con amargura, - sólo tengo una E en Pociones. Lo hice todo perfecto, ¿cómo me pudo pasar esto?
- Ya sabes que Snape nos odia, confórmate con haber conseguido la E, yo creí que nos pondría menos nota solo para fastidiarnos nuestros sueños. ¿Será el amor que lo ha ablandado? – sonrió burlonamente.
- No creo que sea su novia, Harry.
- Era una broma, Hermione, una broma.
- Chicos, ¿cómo va eso de vuestras notas? ¿Qué es una E o una S?
- ¡Ah, eso! Verás, papá. La nota más alta es la S (Sobresaliente) a la que le sigue la E (Excede Expectativas), luego sigue la A (Aceptable) y desde ahí empiezan las malas notas. La P (Pobre), la H (Horrible) y la T (Troll).
Siguieron hablando un buen rato mientras cogían lo que querían llevarse a La Madriguera (¿te llevas la Saeta de Fuego? Pero si ellos tienen escobas allí). Hermione no comprendía aquella pasión estúpida que sus amigos sentían por el quidditch, lo veía un deporte violento y peligroso que no aportaba nada. Sólo había un modo de hacerla dejar de gruñir por aquello y Harry lo sabía.
- Pues Viktor  Krum es el buscador del equipo de la selección nacional de Bulgaria. – Hermione ruborizó. Viktor Krum era un estudiante del colegio Durmstrang que en el cuarto curso estuvo una temporada representando a su colegio como campeón en el Campeonato de los Tres Reyes. Viktor había invitado a Hermione a un baile de gala que hubo en Hogwarts y, desde entonces, se escribían cartas y él la había invitado a ir a verle a su país aunque ella aún no había ido.
Harry ató a la pata de Hedwig una carta para Ojoloco Moody y el resto de los integrantes de la Orden del Fénix a los que les había prometido al finalizar el curso escribir una vez cada tres días para hacerles saber que se encontraba bien en casa de sus tíos. Les informó que iría a La Madriguera y, a la vuelta, permanecería con los Granger hasta el comienzo de curso. Cogió sus cosas y subió al coche de los Granger, camino a La Madriguera. Siempre había sentido un cariño muy especial hacia aquel lugar, todo era magia y la señora Weasley, a pesar de sus pequeñas riñas diarias, hacía de la casa, un auténtico hogar. Además, ella misma le dijo en una ocasión que era un hijo para ella. 

14 comentarios :

  1. La verdad es que nunca he sido muy seguidora de Harry Potter jajja pero tu relato está muy bien escrito ^^ Yo nunca me atrevo a hacer estos tipos de escrituras fanfiction jaja Siento como si fuera algo que no es mío jajaj

    PD: Te he dejado un premio en el blog ^^

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    1. Yo tampoco soy de fanfics, de hecho no suelo leerlos pero, cuando se estaba escribiendo el sexto libro, yo me acababa de mudar con mi hijo de tres meses a Austria y, como el idioma no lo entendía, me enfrascaba en la lectura y la escritura. Este fic está basado en un sueño que tuve con Snape (pero quedan muchos capítulos para llegar allí...)

      Si quieres, aquí hay otro relato mío que no es fic:

      http://inkwand.blogspot.com.es/search/label/Elwynd%20Witrin

      Besos de tinta y gracias por pasar y premiar mi Blog.

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  2. Efectivamente me gusta! Siempre está bien entrar un poco en la mente de otros Potterhead a los que se les ocurren otras ideas para la historia. Una buena manera de dar rienda suelta a la imaginación,y muy bien escrito!

    Saludos, ConoceHP
    :)

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    1. ¡Me alegra que te guste!

      Ya he subido cuatro capítulos, por si quieres leer los demás.

      Besos de tinta

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  3. Me gusta, leí todos los libros de Harry potter y vi las pelis, me encantan!! Me gusta como escribes ;) besos

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    1. Encantada de que te guste ^_^

      Llevo otros más subidos al Blog, espero te gusten también.

      Besos de tinta

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  4. Vale, sin duda sabes como intrigarme xDD Yo también tengo mi propio fic sobre el sexto año de Harry Potter pero no está a la altura de este ni de broma. Es más, incluso su continuación difiere mucho en estilo. He de decir a mi favor que era muy joven cuando escribí el primero y no tanto cuando hice su continuación xD Da por supuesto que seguiré leyendo, no sé cuando pero lo haré

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    Respuestas
    1. Jajaja... me encanta jugar a las intrigas así que, me siento satisfecha con tu comentario sobre mi estilo literario.

      Este lo empecé hace doce años, ahora lo leo y también lo veo algo infantil y poco cuidado... Espero ponerle remedio y me encantaría leer el tuyo.

      Puedes leer los demás capítulos en el Blog, creo que ya publiqué cuatro...

      Besos de tinta

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  5. Jooooo qué tiempos>.< Yo nunca he escrito fics, pero mi amiga también escribía fan fics sobre Harry Potter y me los leía x"D

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  6. (aunque fuera pequeña y su estilo no se pareciera nada a J.K.Rowling) Wow, me ha encantado el tuyo, está super bien conseguido>.< Me ha dado mucha intriga xDDDD Voy a continuar leyendo ^.^

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    1. Gracias por comentar. Me planteo seriamente retomarlo, ya que lo aparqué allá por la página 60 creo recordar...

      Besos de tinta

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  7. For a moment I could feel myself young again and had the same feelings as I used to have in the past reading the original Harry Potter Books.

    You can write beautifully :)

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    1. Thanks for your comment, my dear. I hope you could understand it complete.

      Many inky kisses!

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  8. He pensando en leer tus fanfics desde el primero, así que aquí estoy. Este no me ha encantado especialmente, aunque me ha entrado curiosidad por la trama de la chica XD. Un saludo.

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