Inkwand: Capítulo 2. Fin de semana en La Madriguera

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domingo, 5 de abril de 2015

Capítulo 2. Fin de semana en La Madriguera


¡Hola, tinteros!

Aquí os vengo con una nueva entrega de mi Fanfic de Harry Potter. Espero que os guste y, si no leísteis el anterior, aquí tenéis el primer capítulo.

CAPITULO 2. FIN DE SEMANA EN LA MADRIGUERA

Una vez en La Madriguera, Harry se acomodó en el dormitorio de Ron y Hermione en el de Ginny. Tuvieron un rápido almuerzo en la cocina, donde Harry no pudo evitar mirar el reloj de los Weasley vio que la aguja de Percy seguía en él, prefirió no hacer preguntas, sabía que a la señora Weasley aún le dolía hablar de su hijo. A Harry le gustaba aquel reloj. Resultaba completamente inútil si lo que uno quería saber era la hora, pero en otros aspectos era muy informativo. Tenía nueve manecillas de oro, y cada una de ellas llevaba grabado el nombre de un miembro de la familia Weasley. No había números alrede­dor de la esfera, sino indicaciones de dónde podía encon­trarse cada miembro de la familia; indicaciones tales como «En casa», «En el colegio» y «En el trabajo», pero también «Perdido», «En el hospital» «En la cárcel» y, en la posición en que en los relojes normales está el número doce, ponía «En peligro mortal».

Ron, Ginny, Fred, George y Harry quisieron jugar a quidditch, el deporte más popular en el mundo mágico, que se jugaba con seis altos postes que ha­cían de porterías, cuatro balones voladores y catorce juga­dores montados en escobas. Los que defendían las porterías se llamaban guardianes, había uno en cada equipo. Los que trataban de marcar goles con la quaffle, un balón rojo, eran los cazadores, que había tres en cada equipo. Los golpeadores, dos en cada equipo, desviaban las bludgers, dos pelotas negras, contra los adversarios y el buscador, uno en cada equipo, se encargaba de buscar y atrapar la snitch antes que el buscador del equipo contrario. Cada gol con la quaffle eran diez puntos pero, atrapar la snitch otorgaba ciento cincuenta puntos y señalaba el final del partido. Harry había sido el buscador de la casa Gryffindor hasta el año anterior que, la profesora Umbridge le suspendió para siempre del equipo. Desde entonces, la buscadora era Ginny. Harry seguía algo deprimido por aquello, la profesora Dolores Umbridge era una representante del Ministerio de Magia por lo que, legalmente, no podría volver a jugar nuevamente un partido oficial de quidditch. Fred y George habían sido golpeadores del equipo de Gryffindor es sus tiempos de colegio y Ron era el guardián desde que el año anterior, tras la partida de Oliver Wood del colegio, el equipo se quedó sin guardián. No es que Ron fuese muy bueno pero, ponía mucho empeño, y a veces, eso era lo peor. La nueva capitana del equipo confesó a Harry que en las pruebas hubo gente que lo hizo mejor que Ron pero, ya que sus hermanos habían sido buenos jugadores y era amigo de Harry, creyó que mejoraría con el tiempo. No resultó ser así. Los Slytherin crearon una canción llamada “A Weasley vamos a coronar” porque, al no parar ni una sola quaffle, les daba mucha ventaja en los partidos para ganar la Copa de las Casas. Milagrosamente, en el último partido, Ron paró una quaffle y Ginny atrapó la snitch, ganando así el partido. La canción “A Weasley vamos a coronar” pasó a ser el himno de los Gryffindor, para desagrado de los Slytherin.
Trataron de convencer a Hermione de que jugase para hacer el partido algo más divertido pero, al negarse, decidieron que ella sería el árbitro jugando Fred, George y Ron contra Harry y Ginny. Ron seguía siendo un guardián penoso, aunque solo sus hermanos se atrevían a decírselo. Harry trató de darle varios consejos y, la gota que colmó el vaso llegó cuando Hermione, creyendo que nadie la escuchaba, susurró:
- Hasta yo puedo hacerlo mejor.
- ¿Eso  crees? – preguntó Ron dolido e iracundo. - ¿Acaso crees que porque en clase de la señora Hooch fueses buena alumna serías capaz de mantenerte en el aire sin caer de la escoba e impedir que la quaffle entre en el aro? ¡Me gustaría verlo!
Sin decir ni una sola palabra, Hermione dejó el libro que tenía en las manos apoyado en una silla cercana, le arrebató la escoba a Ron y, dando una patada en el suelo, se elevó hasta los aros de gol. Fue Harry quien le lanzó la quaffle y, con un ligero movimiento de brazos y piernas, Hermione giró la escoba, tocando la quaffle y lanzándola lejos del aro. Descendió, miró desafiante a Ron y le entregó la escoba.
- Cuando quieras te demuestro que no ha sido suerte. – Siempre estaban discutiendo pero, lo que más le dolió a Ron fue que le superase en el quidditch. Sabía que era malo y que, si paraba alguna quaffle era de casualidad o milagro. Ella la había parado concienciada de que así sería. Había seguido la trayectoria del balón con los ojos, sin perderla de vista y supo exactamente hacia dónde iba a dirigirse antes de que se moviera. Quizá debiese renunciar al equipo y animar a Hermione a que se uniese a él, ocupando su puesto. – Y si estás pensando en que me una a practicar este deporte, ya estás olvidándolo. Este año tengo mucho que estudiar si quiero llegar a auror. Y tú también, he visto tus notas de los TIMOs, me las ha enseñado tu madre. El profesor Snape y la profesora McGonagall te han puesto una observación diciendo que te permiten presentarte a sus ÉXTASIS si les entregas un trabajo a principio de curso. La nota no te llegaba para una E pero, supongo que Dumbledore habrá intercedido por ti. Por cierto, ¿has hecho ya esos trabajos?
- No. – Dijo él bajando la cabeza, avergonzado. – Sin poder ir a la biblioteca de Hogwarts, no sé dónde puedo encontrar información para “Propiedades de la Belladona y posibles usos en Pociones” y tampoco se me ocurre cómo describir paso a paso los cambios que aparecen en una rata mientras se la transforma en una lata de tomate frito. Creo que elegiré otro...
- ¡No! Si tienes alguna duda, sabes que yo te ayudo encantada, Ron. Mira, tenemos algunos días antes de que empiece el curso, puedes venir a mi casa cuando quieras. Tengo libros de plantas y pociones y por lo de la rata, no hay problema. Solo tenemos que recordar cómo se transformaba, y eso es facilísimo, hicimos ese ejercicio en diciembre, ¿cómo no acordarnos?
- A veces das miedo, Hermione. – Rió Ron. – Pero, gracias. Le diré a mi madre que me deje ir a las tardes a tu casa. ¿Me enseñarás también a parar la quaffle como lo haces tú?
- Lo siento, Ron, esa ha sido una exhibición única e irrepetible. – Dijo solemnemente. – Pero sigue practicando con Harry, creo que vas mejorando... aunque muy despacio. Y ahora, muchachos, ¿qué tal si desgnomizamos un poco el jardín? – todos la miraron con cara de pocos amigos. – No ha sido idea mía, lo ha dicho la señora Weasley, dice que se están volviendo a desmadrar. – Aquello solo les gustaba a Harry y a Hermione, les parecía muy divertido ir tras los gnomos, atraparlos y zarandearlos hasta marearlos para que no encontrasen de nuevo el jardín una vez los lanzaban lejos. Hermione dijo que debía ser algo así como quitar las malas hierbas de los jardines muggles, solo que aquello era divertido.
- ¿Divertido? ¡Ja, ja! Mira cómo me divierto. – Dijo Fred irónicamente. – Oye, George, ya tengo la idea para el nuevo sortilegio Weasley: unos gnomos para desgnomizar, la gente se partirá de la risa.
Hermione prefirió no responder, cogió un gnomo que pasaba junto a ella y, mirándolo con lástima lo zarandeó y arrojó lejos del jardín.
Llegada la noche, aprovechando el buen tiempo, colocaron las tiendas de campaña en el jardín completamente desgnomizado (tras tres horas de ardua tarea, según los hermanos Weasley) y se prepararon para hacer una pequeña hoguera.
A Harry y a Hermione les encantaban aquellas tiendas de campaña, no eran como las típicas muggles. Por fuera, hubiesen pasado por tiendas normales y corrientes, con capacidad para dos personas, a lo sumo pero, una vez dentro, la cosa cambiaba. Había tres habitaciones con literas repartidas por toda la tienda, cocina, baño y sala. La primera vez que Harry vio una de aquellas tiendas, en teoría y según la opinión del señor Weasley pequeñas, fue en el Campeonato Mundial de quidditch al que fue con los Weasley y Hermione.
Fred y George no dejaron de hacer magia en toda la noche para entretener a sus amigos, la primera víctima fue Hermione. Estaba sentada entre Harry y Ron, comiendo una ensalada de miel con salsa de yogur cuando, al meterse un cacho de lechuga, notó un sabor extraño. Con delicadeza, sacó de la boca aquel cachito y vio una flor naranja con manchas amarillas y verdes. Miró el resto de su ensalada, parecía un jardín botánico, habían convertido su cena en flores tropicales.
- No ha tenido gracia, chicos. ¿Y si no me llego a dar cuenta y me trago la flor?
- Se te hubiese puesto cara de hámster durante dos horas. – Fred y George se desternillaban de la risa. Harry y Ron, por respeto a su amiga, disimularon sus risitas bebiendo un poco de zumo de nube. - Tranquilízate, Hermione, conocemos todos nuestros sortilegios y no son peligrosos. Bueno, los zumos de nube un poco sí lo son.
Harry y Ron escupieron frenéticamente. Los gemelos se morían de la risa. Fred estaba tirado en el suelo, revolcándose, con lágrimas en los ojos de tanto reír y Fred estaba rojo como un tomate, sin poder parar de toser y reír. Aseguraron que no habían puesto nada en los zumos, pues aún no dominaban los sortilegios en líquidos.
- De verdad, tranquilos, no corréis ningún peligro con esos zumos, el problema está en la limonzana que Ron acaba de comerse. _ Ron se puso morado, el pánico se apoderó de él, ¿qué habían tramado esta vez sus hermanos?
La respuesta llegó por sí sola, los ojos de Ron saltaron fuera de sus cuencas y se convirtieron en canicas durante cinco segundos antes de volver a su aspecto normal. A Ron aún le daba vueltas la cabeza.
- ¡Ha sido asqueroso!
- Esta vez estoy con Hermione, George. Vaya asquerosidad de sortilegio... ¡Sólo ha durado cinco segundos! Deberíamos perfeccionarlo.
Tras hablar más de media hora sobre ello, buscar dónde estaba el fallo y tratar de repararlo, decidieron parar de una vez pues Hermione parecía molesta.
- Paramos solo porque no queremos que te nos enfades, Hermione pero, teníamos otros dos sortilegios que eso sí que te iban a gustar. – Para calmarla un poco, crearon unos fuegos artificiales en forma de halcones y dragones de colores. Ella pareció sorprendida y encantada con aquello, no daba crédito a lo que veía: Fred y George sabían hacer algo bueno, sin gastar una broma.
Cuando las chispas de los fuegos artificiales comenzaron a descender hasta el suelo, todos aplaudieron con entusiasmo. La primera en dejar de hacerlo fue Ginny que se tocaba las mejillas asustada.
- Chicos, algo no va bien. Me pica la cara muchísimo. - las pecas de Ginny se habían tornado de color verde fluorescente y brillaban en la oscuridad. Le sacaron un espejo para que se viese y, para asombro de Hermione, sonrió y pidió que le hiciesen una foto. - ¡Es precioso! ¿Cuánto dura?
- Pues... – George parecía preocupado. – Una temporadita, Ginny.
-Sí, hasta que recordemos el contra hechizo.
A Ginny ya no parecía gustarle tanto su nuevo aspecto, estaba aterrada pensando en la idea de aparecer así en clase y, sobre todo, al pensar en Michael, su novio.
- Ya podéis ir buscando el remedio, si Michael me ve así...
Resultó que también aquello era una falsa alarma, tras ver la cara de preocupación de su hermana, decidieron acabar con su sufrimiento y darle el chicle que acababa con aquellos puntitos luminosos.
- No hay quién te entienda, Ginny. Hace un rato decías que era precioso y ahora querías que te lo quitásemos... Las mujeres sois complicadas, incluso las miniaturas como tú.
Harry reía divertido, estar junto a los gemelos Weasley era la diversión garantizada. Recordó cuando les entregó el dinero del premio del Torneo de los Tres Reyes para que pudiesen financiar sus negocios y creyó que jamás en su vida invertiría en nada mejor como aquello.
Cerró los ojos, recordando aquel curso, Cedric muerto a su lado, la lucha con Lord Voldemort... El rostro de Lord Voldemort se apareció ante él. Estaba más terrorífico que nunca, rodeado de mortífagos y con la varita en la mano dispuesto a atacarle. El profesor Snape estaba tras él con la chica morena del Caldero Chorreante cogida de su mano y él estaba solo frente a toda aquella cuadrilla de seres oscuros. Aún sabiendo que no tenía nada que hacer, sacó su varita y, en ese mismo instante se escuchó una voz fría diciendo: “Avada Kedavra”, Lo siguiente que vio fue una intensa luz verde que llenaba todo. Veía a Sirius con los brazos extendidos hacia él y a la mujer pelirroja del sueño de la vez anterior, con aquellos preciosos ojos verdes, tan familiares. Ella le tomaba de la muñeca y le decía que aún no era el momento de reunirse, que debía volver.
Cuando Harry abrió los ojos, estaba tumbado en el suelo, temblando y gritando. Le dolía la cicatriz como jamás en la vida le había dolido, se sentó como pudo y miró a los gemelos Weasley iracundo.
- ¡Ay! ¡Eso no ha tenido gracia, chicos! – Harry parecía enfadado.
- Aún no te hemos hecho nada, Harry. Has gritado antes de que terminásemos con nuestra obra, además, a ti no te haríamos nada, te debemos mucho...¿Qué te ha pasado? De repente has cerrado los ojos y te has tirado al suelo gritando.
- Nada, no pasó nada. – Pero todos le miraban preocupados y decidió hablar. – Creo que fue un sueño. Estaba Lord Voldemort, - los Weasley se estremecieron al oír aquel nombre - y Snape y la chica del Caldero Chorreante con miles de mortífagos alrededor. Yo estaba solo ante ellos, y él, Quien-Vosotros-Sabéis – prefirió nombrarlo como todos lo hacían para no crear más escalofríos a sus amigos. – me atacó con la maldición Avada Kedavra. Vi a Sirius que me extendía los brazos para ir con él pero, la chica pelirroja de ojos verdes me detuvo cogiéndome de la muñeca. Cuando ella me tocó, me dolió la cicatriz, aún quema.
- ¡Oh, tu amor ha vuelto a visitarte! – bromeó Ron. Pero Hermione parecía preocupada y señaló la cicatriz. Varias veces a Harry le había dolido la cicatriz pero, jamás se había iluminado como si estuviese marcada a fuego. Hermione la tocó con cuidado, pidiendo antes permiso a Harry, sabía que no le gustaba que le mirasen la cicatriz o se la tocasen.
- ¡Santo cielo! ¡Está ardiendo! – pero, no era solo la cicatriz lo que quemaba, sino toda la frente, Harry tenía mucha fiebre.
Antes de que alguien pudiese decir algo, Harry trató de ponerse de pie para irse a dormir a la tienda. Se tambaleó, veía borroso y sentía mucho frío. Quiso preguntar si aquellas tiendas tenían calefacción pero, no le dio tiempo, cayó al suelo desmayado con un sudor frío apoderándose de su cuerpo.
Ginny fue en busca de sus padres y les narró lo sucedido. Ambos intercambiaron una mirada de preocupación y desconcierto. Molly insistía en llevarlo al Hospital San Mungo Para Enfermedades y Lesiones Mágicas pero Arthur creyó que sería mejor llevarlo primero al número doce de Grimmauld Place, donde se encontraba el cuartel general de la Orden del Fénix.
Decidieron que el modo más rápido de llegar era mediante los polvos flu. Arthur llevaría a Harry en brazos, Molly se quedaría con los niños.
- Queremos ir, Harry es amigo nuestro. – Protestó Ginny asustada, con lágrimas en los ojos. – No va a... – No podía pronunciar el final de la frase era como si, al terminarla, fuese a sentenciar a muerte a Harry. Las lágrimas surcaron su rostro y se abrazó a su madre que trató de calmarla.
- Claro que no, cariño. No hay motivo para ello. Será una simple fiebre, quizá se resfrió, la noche no estaba para una acampada, os lo advertí esta tarde.
- ¡No! No es solo fiebre. Quien-Tú-Ya-Sabes le atacó con Avada Kedavra, lo extraño es que no esté...
- No quiero escuchar ni una palabra más, Ginny. Habéis dicho que fue un sueño. Nadie tiene poder para atacar y matar a alguien mediante un sueño. Y ahora, deja que tu padre lleve a Harry con los de la Orden, Ojoloco está allí y sabe mucho de...
- Artes Oscuras. – Acabó Hermione. – Usted también tiene miedo, ¿verdad, señora Weasley?
Se hizo el silencio que, solo fue roto por el señor Weasley al arrojar los polvos flu al fuego de la chimenea produciendo un estruendo atronador, las llamas se vol­vieron de color verde esmeralda y se hicieron más altas que él. Éste se metió en la chimenea, con Harry dormido en sus brazos y gritó: «¡Al número doce de Grimmauld Place!», y desapareció.
En La Madriguera todo fue confusión, pena y nerviosismo. Hermione hizo té para la señora Weasley pero se lo bebió todo Ron. Ginny no dejaba de suspirar y temblar mientras lloraba acurrucada en el sofá.
- Nunca sabrá que aún me gusta mucho... – susurraba de vez en cuando. – Siempre seré solo “la hermana de Ron”.
- Eso no es cierto, Ginny. Él te tiene mucho aprecio, lo sé, me lo dijo en varias ocasiones, ¿acaso crees que la túnica fue solo un regalo de cumpleaños? No le gusta verte triste, dice que le gusta mucho verte sonreír. – Hermione la había abrazado.
- ¿En serio? – Sonrió cuando su amiga afirmó con la cabeza. Una sombra de tristeza se apoderó de su rostro de nuevo. – Y ahora quizá... ¡nunca vuelva a verme sonreír! – Volvió a llorar e hipar, esta vez con más fuerza que antes.
- Ya basta, Ginny. Si tanto quieres a Harry, haz el favor de no darlo por muerto tan pronto. ¿O es que ahora uno se muere solo por tener un poco de fiebre? – la señora Weasley trataba de parecer convincente. – Cierto que a mí también me preocupa su salud pero, uso el sentido común.
- Claro, y supongo que por eso, por una simple fiebre, es que lo lleva papá al cuartel general de la Orden, ¿verdad? – desafió ella.
- Sí, Ginny. Como dije, allí está Ojoloco Moody – una rápida mirada a Hermione hizo que esta no hablase esta vez. – Ojoloco conoce todas las enfermedades y lesiones mágicas. Sabrá diagnosticar cuál está perjudicando a Harry y, con el diagnóstico, el profesor Snape podrá preparar la poción curativa.
- ¡Genial! – enojada, Ginny se desplomó en el sofá. – Ahora resulta que todas nuestras esperanzas están puestas en Snape, ¿se supone que eso debe alentarnos, mamá?
- Podéis pensar lo que queráis de Severus pero, él es una buena persona y sabe muy bien lo que hace.
- Sí, demostró ser muy buena persona siendo uno de los mortífagos más fieles de Quien-Tú-Ya-Sabes.
- No puedo creer que sigas con esas, Ron. ¿Cuántas veces le has acusado ya y luego es siempre él el que ayuda a Harry o le protege? Si Dumbledore confía en él...
- Hermione tiene razón, hijo. Severus puede parecer tétrico y malvado a primera vista pero, se preocupa por Harry y todos vosotros más de lo que puedas imaginar.
Con estas palabras, la señora Weasley dio la conversación por terminada y los mandó a dormir sin importarle las quejas ni los gruñidos que provenían de Fred y George. A pesar de lo que les había dicho, estaba muy preocupada. Tiempo atrás, Lord Voldemort había sido capaz de interferir en los sueños de la gente y matar en ellos a quien dormía. Si esta era la causa de la fiebre de Harry, Lord Voldemort estaba recuperando las fuerzas a una velocidad vertiginosa y todos volvían a correr un gran peligro.
Mientras en La Madriguera nadie era capaz de conciliar el sueño, la situación no era mucho más dispar en el número doce de Grimmauld Place donde el señor Weasley acababa de llegar lleno de hollín por la chimenea de la cocina. Kreacher, el elfo doméstico que había pertenecido siempre a la familia Black, comenzó a refunfuñar al verlos llegar.
- Más “sangres sucias”, si mi ama estuviese aquí, no permitiría tal sacrilegio, supuse que la muerte de Sirius hubiese cambiado la situación pero...
- No hay tiempo para estupideces, Kreacher, ¿dónde están Severus, Ojoloco y los demás?
- Kreacher no tiene porqué responderle, usted no es el amo de Kreacher.
El señor Weasley quiso propinarle un puntapié pero se contuvo, fue a la planta superior revisando cada habitación, ¡no podía ser que no hubiese nadie allí! Decidió que lo mejor era acomodar a Harry en una habitación y buscar por toda la casa. No se escuchaba ni un solo sonido a excepción de la chillona voz de Kreacher que seguía quejándose. En la habitación del fondo del pasillo, la única que tenía chimenea aparte de la cocina y el comedor, el señor Weasley depositó a Harry en una mullida cama de colchón de plumas. Cerró el dosel de terciopelo oscuro para que ninguna corriente de aire pudiese empeorar el delicado estado de salud de Harry y encendió la chimenea. Cerró la puerta tras de sí y corrió como un loco por toda la casa.
Poco minutos después, quedó claro que no había nadie que fuese a responder su llamada. Supo que debía ponerse en contacto con Dumbledore de inmediato y, tomando polvos flu, los arrojó contra el fuego de la chimenea del comedor y dijo:
- Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Al instante, sintió cómo su cabeza se desprendía de su cuerpo y flotaba por el tubo de la chimenea a una velocidad de vértigo. Pocos segundos después, aquel viaje terminó y la cabeza del señor Weasley apareció en el despacho de Albus Dumbledore.
Dumbledore estaba leyendo un documento, sentado en la silla de su escritorio, con las gafas de media luna ocultando levemente sus azules ojos. Al notar la presencia del señor Weasley, levantó la vista, apartó la silla en donde se encontraba sentado y se encaminó hacia la chimenea.
- Albus, Harry ha...
- Lo sé. Acaba de llegarme una lechuza bastante agotada debido a la edad y el duro viaje pero, al igual que Molly, yo también tengo más confianza en la vieja Errol que ese condenado Pigwidgeon. Iba a salir hacia el cuartel general ahora mismo, estaba esperando a que Severus recogiese unas cuantas sustancias que guarda en su armario de las mazmorras. En cuanto lo tenga todo listo, partiremos de inmediato. No lo dejes solo más tiempo, Arthur.
- Ahora está dormido, mientras íbamos por la red de chimeneas le oí murmurar cosas sin sentido, tiene mucha fiebre pero, en cuanto le he puesto en la cama, se ha calmado un poco.
- ¿Y Kreacher?
- No hay problema, he dejado a Harry en la única habitación a la que a ese endemoniado elfo no le gusta entrar: la habitación de Sirius.
Arthur Weasley continuó hablando un rato más con Albus Dumbledore hasta que un ruido informó al señor Weasley de que alguien lo reclamaba por la chimenea de Grimmauld Place. Se despidió de Dumbledore, rogándole que llegase lo antes posible y atendió a su mujer, que le esperaba rodeada de llamas al otro lado.
- ¿Dónde estabas, Arthur? ¿Cómo se te ocurre dejar al pobre Harry solo?
- Hablaba con Albus, Molly. Viene enseguida. ¿Cómo es que te has puesto en contacto conmigo?
- Me preocupa Harry, cariño. Ambos sabemos el peligro que corre. ¿Qué es lo que hace Albus que no llega? A veces pienso que realmente ese abuelo chochea.
- ¡Molly, por el amor de Dios! ¡¡¡Que estás hablando de Dumbledore, no del lechero!!!
- Es que estoy muy nerviosa, si a Harry le pasa algo... Ya sabes quién tenía el poder de atacar en sueños... Va tras él de nuevo y ha estado muy cerca... – Rompió a llorar y el señor Weasley sintió la impotencia de no poder ir a calmar a su esposa. – Te estoy entreteniendo, cariño, ve a ver cómo se encuentra Harry, no lo dejes solo en esa casa...

- Sí, querida. Ya no parece tan segura desde que Sirius no está entre nosotros.

5 comentarios :

  1. me encanto. y el primer capitulo es muy interesante! jaja me causo gracia la chica esa nueva junto con Snape! espero que continues el fan fic

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    1. Muchas gracias por leer y comentar. Sí que tengo intención de continuar, pero despacito...

      Besos de tinta

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  2. Vale, me queda claro que sabes mantener la intriga xD y en cierto modo me ha gustado esa defensa al profesor Snape xD

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    Respuestas
    1. Es que si no defiendo a Severus no soy yo XDD

      Me alegra saber que mantengo la intriga, pues es la idea en todo momento.

      Besos de tinta

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  3. Mmmm estiras demasiado dando información que los fans ya conocen. Me refiero a las explicaciones del reloj, lo de las tiendas de campaña, lo de desgnomizar, usas la mitologia de los libros, que está muy bien, pero ya no es necesario dar la información que se conoce, yo hubiera aprovechado para inventar nueva. Tampoco te sales mucho de la linea de siempre: "a Harry le duele la cicatriz". Bueno a ver que pasa con la chica nueva... me da curiosidad, un saludo.

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