Inkwand: Domingos de 10: Citas inspiradoras

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domingo, 19 de abril de 2015

Domingos de 10: Citas inspiradoras


¡Buenos días, tinteros!

Aquí vengo con mi primera entrada de Domingos de Diez, inspirada en la Top Ten Tuesday de The Broke and the Bookish. Este martes ellos proponían hablar de las diez citas de libros que nos inspiren, o que no reten, que nos hagan pensar o nos den valor, confianza... ). Voy a ir hablando de citas e incluso párrafos que me han inspirado diferentes sentimientos y, tras cada texto, os explicaré el significado que tuvieron para mí.

Al entrar en mi cuarto con despreocupación, con la mente dándome vueltas sin cesar sobre aquel cuento árabe tan bonito, vislumbré con el rabillo del ojo algo que se movía y, al volverme, me encontré en la colcha con la mayor araña que había visto en mi vida. Era fácilmente del tamaño de mi puño y al ver contemplar su negra malevolencia dejé escapar un horrible grito que atrajo a Erik a mi puerta.
—¿Qué pasa? —,preguntó alarmado.
Incapaz de hablar, sencillamente señalé, y él se echó a reír mientras iba hacia la cama.
—Me temo que tenemos muchas de éstas aquí abajo. Es un ejemplar muy grande, ¿verdad? Supongo que su pareja estará por aquí en algún sitio también.
—¡Oh, Dios! —, dije con sentimiento, recorriendo nerviosamente el suelo con la vista. —¿Lo crees de verdad?
—Generalmente van de dos en dos —, dijo distraídamente, agachándose para coger con las manos el horrible bicho. —Cuando haya sacado esta si quieres volveré a ver.
Le miré horrorizada.
—¿No vas a hacer más que sacarla? ?No volverá?
—No es muy probable, querida.
—Pero puede —insistí con terquedad —, Erk, me moriría de miedo si me pasase alguna por encima mientras duermo. Siempre me han horrorizado las arañas. Me sentiría mucho más feliz si sencillamente la..., te deshicieses de ella para siempre.
Se puso rígido y, cuando se volvió para mirarme, había algo en sus ojos que me hizo temblar.
—¿Quieres que la mate? —, dijo inexpresivamente.
—Sí... si no te importa —, tartamudeé, acobardada por el latente veneno de su mirada.
—Oh, no me importa nada —, dijo con una ira que ya se había hecho evidente —. Sin embargo, pienso más bien que la araña quizá tenga que poner uno o dos reparos...; pero, bueno, después de todo no es más que una araña, ¿verdad? ¡Nada más que una cosa sin cerebro, sin alma, fea, que no tiene derecho a vivir y a asustar a la gente!
Sin una palabra más, apretó el puño con fuerza, tiró al animal aplastado en la alfombra y salió del cuarto.
—¡Erik! —, le grité alarmada —. ¿Y la otra?
—¡Mátala tú si la encuentras! —, dijo fríamente, y salió cerrándome la puerta con un violentísimo portazo.



Salté de la cama presa de un pánico demencial y me precipité a la habitación de al lado.
—¡Christine! —Erik dejó su libro de lado y vino hacia mí preocupado —. ¡Oh, mi preciosa niña, no grites así!
Me tapé la cara con las manos y temblando de pies a cabeza como una perfecta estúpida.
—Erik..., sé que estás muy enfadado conmigo..., pero, por favor, entra y busca esa otra araña. Sé que hay una ahí dentro... ¡Lo sé!...
—Estás realmente asustada, ¿verdad? —, dijo con tranquilidad.
—Sí... —Los dientes me castañeaban de miedo y de frío —¡Sí! Lo siento, pero no puedo evitarlo... Sé que es cruel, sé que tienen derecho a vivir como otros seres, pero, sencillamente, ¡no puedo soportarlas! Si una me tocase, creo que se me pararía el corazón.


Me senté y me quedé  mirando la lumbre mientras le oía mover muebles en la habitación de al lado. Al poco rato volvió y tiró un pedazo de papel arrugado al fuego.
—Ya no está —dijo con tristeza —. Vuelve a la cama y te llevaré algo que te hará dormir sin pesadillas.
Me levanté en silencio, como una niña obediente, y volví a mi cuarto. En la puerta me di la vuelta y le vi mirando fijamente el papel que se estaba ennegreciendo y consumiendo sobre los carbones.
No se movió, ni hizo ningún ruido.
Y, sin embargo, estoy casi segura de que se había puesto a llorar.


Si me tocase, creo que se me pararía el corazón.

No lo sabe, pero ha contestado la pregunta que no me atrevo a formular. Éste es el amor que Alá no quiso que existiese. Estos son los pétalos que nunca se van a abrir espontáneamente, ni por el canto de un ruiseñor.


Sé que es largo pero esta parte del libro Fantasma, de Susan Kay me marcó muchísimo y me arrancó muchas lágrimas de culpabilidad. ¿Cuántas arañas había matado yo a zapatillazos por miedo a ellas? ¿Y luego yo decía que quería a Erik? ¡Le estaba fallando!... No volví a matar jamás una araña desde el día en que leí esto, traté de conocerlas un poco mejor, de atreverme a cogerlas con un papel para echarlas de casa, o si eran demasiado grandes, respetar su espacio pero no condenarlas a una muerte bajo el yugo de mi suela.

Abrió la marcha hacia el pozo que había en el jardín trasero, miró por el suelo y recogió un palo.
—Varita mágica —dijo —¿Ves? —De la punta brotó una llamarada verde, que asustó a Tiffany —. Ahora prueba tú.
A Tiffany no le salió, por mucho que la agitara.
—Pues claro que no —le dijo Yaya —. Es un palo. En fin, es posible que yo le haya hecho saltar una llama, o a lo mejor he hecho que tú creyeras que ha saltado. No tiene importancia. Lo que estoy diciéndote es que soy yo, no el palo. Con la mente en su sitio, puedes hacer de un palo tu varita y del cielo tu sombrero y de un charco tu... tu... oye, ¿cómo se llaman esas copas tan raras?
—Esto... cálices.
—Eso. Tu cáliz mágico. Las cosas no son importantes. Las personas sí. [...] ¿Entonces entiendes que todas esas cosas brillantes son solo juguetes, y que los juguetes pueden llevarte por el mal camino?
—¡Sí!
—Pues quítate ese caballo tan reluciente que llevas al cuello [recuerdo del hogar de Tiffany], niña, y tíralo al pozo.
Obediente, medio hipnotizada por la voz, Tiffany se llevó las manos a la nuca y abrió el cierre.
Las piezas del caballo de plata relucieron cuando lo sostuvo por encima del agua.
Lo miró como si lo viera por primera vez. Y entonces...
Ella pone a prueba a la gente, pensó. Siempre.
—No -dijo Tiffany —. No puedo.
—¿No puedes o no quieres? —replicó Yaya bruscamente.
—No puedo —dijo Tiffany, y entonces sacó la barbilla —. ¡Y además no quiero!
Retiró la mano y volvió a ponerse la cadenita, sin interrumpir su mirada desafiante a Yaya Ceravieja.
La bruja sonrió.
—Bien hecho —dijo en voz baja —. Si no sabes cuándo hay que ser humana, no sabes cuándo ser bruja. Y si tienes miedo de irte por el mal camino, nunca irás a ningún sitio.

Terry Pratchett, en su novela Un sombrero de cielo, escribió estas palabras que a mí, como practicante de brujería, me gustaron mucho pues suelo decir algo parecido siempre: soy mujer y madre antes que bruja.

La literatura me había proporcionado momentos maraviosos que, aun estando solo en mi mente, nadie me podría arrebatar. Las innumerables noches en vela releyendo los pasajes de mis novelas preferidas, las lágrimas vertidas por el final trágico de los personajes con quienes tan buenos momentos había vivido, mi búsqueda de lecturas descatalogadas en bibliotecas, el regalo hecho a mí misma al encontrar alguna primera edición de un libro antiguo, hermosas escenas que me servirían de inspiración para sobrellevar el día a día...

Sandra Andrés Belenguer, en Ex Libris, describió a la perfección cómo nos sentimos muchos lectores en diferentes momentos de nuestra vida dentro del maravilloso mundo de los libros.

Los seres humanos sois una raza muy compleja, capaces de crear los sueños más hermosos y las más horribles pesadillas. Para bien o para mal, está en vuestro propio espíritu ser creadores y destructores al mismo tiempo; espero que en algún futuro no muy lejano esté en vuestros sueños construir un mundo sin ningún tipo de maldad.

Sandra, esta vez en El despertar del mal, nos dice una gran verdad sobre nosotros mismos como raza. ¿Cuándo dejaremos de destruir y nos dedicaremos a buscar un equilibrio?

Si tuviera que quedarme siempre en un mismo lugar, el misma paraíso me parecería un infierno.

Catalina de Habsburgo nos transcribe estas palabras de la emperatriz Elisabeth en su libro La maldición de de Sissi. donde se puede apreciar cómo de necesario era para ella ver mundo. Y es que, si no nos movemos, nos estancamos...

Por muy fuerte y valiente que seas, siempre es bueno dejar un huequecillo para la tristeza. A veces, llorar un poquito es bueno, nos ayuda a pensar, a seguir adelante y nos hace más fuertes.


Cuando estamos tristes, solo somos capaces de ver la parte negativa de la realidad. Por eso es importante superarla contando cómo nos sentimos y sacando siempre un aprendizaje positivo de lo que nos ha ocurrido.

Del libro Cuentos para educar con inteligencia emocional, de Clara Peñalver, me quedo con estos dos fragmentos que tan útiles me son en momentos difíciles. 


Cuando uno acaba un libro tiene que saber que ha de cerrarlo. Si te entretienes en la última página, te estás perdiendo otros muchos libro que podrías leer, una nueva aventura por leer

Anabel Botella, en su novela Como desees, nos enseña a no quedarnos viviendo en el pasado, nos muestra que tras una historia, otra buena llegará pero que solo la disfrutaremos si somos capaces de superar la anterior.

5 comentarios :

  1. ¡Hola!
    Me han gustado mucho, la verdad es que son inspiradoras. En especial la última.
    Besos!

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    1. Muchas gracias por tu comentario. Siempre copio frases que me gustan en mi Cuaderno de lecturas, así siempre puedo recurrir a ellas cuando las necesito.

      Besos de tinta

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  2. Qué original entrada y qué citas más buenas¡¡ desde hoy te sigo y te invito a mi blog¡¡¡ si te apetece nos leemos pronto¡¡¡ besos¡¡¡

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    1. Muchísimas gracias por pasar y quedarte. Ahora mismo te visito.

      Besos de tinta

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  3. Me han gustado mucho, especialmente la última. Yo tengo también algunas frases selectas. Creo que mi favorita es esta "Cada libro, cada volumen que ves aquí, tiene un alma. El alma de la persona que lo escribió y de aquellos que lo leyeron, vivieron y soñaron con él. Cada vez que un libro cambia de manos, cada vez que alguien baja sus ojos a las páginas, su espíritu crece y se fortalece" Es de La Sombra del Viento de Carlos Ruiz Zafón. Tengo muchisimas más pero esta en concreto me parece maravillosa.

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