Inkwand: Mascarada

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martes, 14 de abril de 2015

Mascarada

Ficha Técnica


Autor: Terry Pratchett
Género: Fantasía, Humor
Primera Edición: Junio 2011
Editorial: Debolsillo
ISBN: 8483463865
Páginas: 335
Precio: 8,50€
Valoración: Prometedor

Argumento

Las brujas del pequeño reino de Lancre tienen el siguiente problema: solamente son dos. Y un aquelarre compuesto por Yaya Ceravieja y Tata Ogg siempre es una discusión inacabable y un dolor de cabeza, por no decir que ninguna de las dos sabe hacer bien las tostadas. Pero ya tienen en mente una candidata para hacer de tercera bruja... candidata que, por desgracia, se ha marchado a la gran ciudad. Concretamente a la Ópera de Ankh-Morpork, donde desde hace algún tiempo está muriendo gente en extrañas circunstancias y todo el mundo habla acerca de un misterioso pero familiar fantasma. Demasiado tentador para la bruja más famosa del mundo. Esta es la historia del mejor espectáculo nocturno del Mundodisco de Terry Pratchett. Con asesinatos pegadizos que se pueden tararear. Gente cayendo como moscas entre bambalinas. Editores avarientos. Guardias. Brujas. Y un gato... la mayor parte del tiempo.

Opinión personal

Aunque de humor inteligente (en ocasiones hasta retorcido), llega un punto en el que la lectura se hace pesada, quizá por el afán de Pratchett por llenar de momentos ridículos e hilarantes que, en exceso, terminan siendo algo cansinos. Por lo demás, la trama ha estado bien y sí que recomiendo su lectura.

Citas

Empiezo ya con la dedicatoria:

Mi agradecimiento a la gente que me mostró
que la ópera era más extraña de lo que
podría imaginarme. La mejor manera de recompensar
su amabilidad es no mencionar sus nombres aquí.

Los relámpagos hurgaban entre los peñascos como un anciano intentando sacarse una esquiva pepita de mora de la dentadura postiza. (Pág. 7) 

Durante un momento no se oyó nada más que el rugido del viento y el ruido de Tata Ogg cortando el pan, operación que llevó a cabo con tanta eficacia como un hombre que intentara partir un colchón con una sierra mecánica. (Pág. 8) 

Empujada al horno de su propia cocina por un par de críos, y todo el mundo había dicho que era mejor así aunque luego se tardara una semana en limpiar el horno. [...] Y convertía a la gente en mazapán y tenía una casita hecha de ranas. (Págs. 8-9)

Ahora Magrat era reina, y las reinas son difíciles de traspapelar (Pág. 10) 

Pero había una par de verdades allí por debajo del cauce del alma que una tenía que afrontar, y entre ellas se encontraba aquel asunto de, bueno, de la doncella, la madre y la... otra. (Pág. 10) 

La persona que estaba detrás del mostrador debía de ser un humano, porque las morsas no llevan chaqueta. (Pág. 15) 

Tata Ogg solía acostarse temprano. Al fin y al cabo era una señora mayor. A veces ya estaba en la cama a las seis de la mañana. (Pág. 16) 

Christine se giró con los ojos muy abiertos y expresión fascinada. También la boca. Era como mirar una bola de bolos muy guapa. (Pág. 40) 

No sabría ni restar un pedo de un plato de alubias. (Pág. 43) 

La persona que había al otro lada era una mujer joven. Muy obviamente una mujer joven. No había forma posible de que nadie la confundiera con un hombre joven en ingún idioma, especialmente en braille. (Pág. 115) 

Aquí dice qie lady Timpani, que canta el papel de Crucigramella, es una prima de Donna [...]. Lo que no explica es quién es esa Donna. Seguro que alguna mandamás de la ópera. No me extraña que la hayan contratado, si es prima suya. Así cualquiera. (Pág. 141) 

Si la gente quería dedicarse a dar lecciones a la gente, la otra gente tendría que recordar que aquella gente sabía un par de cosas sobre la gente (Pág. 205) 

—Gytha, a Greebo le caería bien Norris el Maníaco Comedor de Ojos de Quirm si supiera servir comida en un cuenco. (Pág. 217) 

—Yo... deambulo por los sitios en busca de problemas —dijo—. ¿Ah, sí? Hay un nombre muy feo para ese tipo de gente —dijo Yaya en tono cortante—. Sí —dijo André —Es 'policía' (Pág. 289)

—¡¡¡Bueno, usted es bruja!!! ¿No puede hacer la cosa esa con las cartas y los vasos? —Bueno, sí... podríamos echar unas manitas de póquer —dijo Tata—. Buena idea. (Pág. 316)


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