Inkwand: marzo 2015

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martes, 31 de marzo de 2015

Top Ten Tuesday: 10 libros recientemente agregados a lista de relecturas


¡Buenos días, tinteros!

Otro martes más y, con él, llega Top Ten Tuesday, idea original de The Broke and the Bookish. En esta ocasión nos invitan a hablar de los diez libros recientemente agregados a nuestra lista de relecturas.


Hoy va a ser una entrada monotemática porque, siempre que Anne Rice publicaba un nuevo libro sobre las Crónicas Vampíricas, yo acostumbraba a releerme todos los anteriores para recordar detalles. Así pues, con la llegada de El príncipe Lestat, tengo pendiente de leer:
  1. Confesiones de un vampiro
  2. Lestat, el vampiro
  3. La reina de los condenados
  4. El ladrón de cuerpos
  5. Memnoch, el diablo
  6. Pandora
  7. Armand, el vampiro
  8. Vittorio
  9. Merrick
  10. Sangre y oro
  11. El santuario
  12. Cántico de sangre
  13. El príncipe Lestat

Otra saga de Anne Rice que quiero volver a leer es la de las brujas Mayfair, que consta de tres libros: La hora de las brujasLa voz del diablo y Taltos. Los leí cuando era una enana y tengo ganas de volver a disfrutarlos, posiblemente descubriendo detalles que antes escaparían a mi entendimiento.


Ahora que ya tengo Engaños, de A. G. Howard, quiero releerme Susurros para leer después Delirios y esta última entrega que cierra la saga de Alyssa.


Puestos a seguir con sagas, tengo pendiente la saga de Canción de Mar, de Amanda Hocking,  que la dejé apartada tras leer Sirenas y ahora que tengo Encanto, Olas y Elegía podría retomar, leyendo el primero para refrescar la memoria de pez que gasto.


Aunque se supone que esto es diez libros agregados recientemente a mi lista de relecturas, me estoy dando cuenta que, todo lo que quiero releer son sagas pues ahora me he acordado que quiero releer la saga de Avalon de Marion Zimmer Bradley que, en español son tres libros: La casa del bosque, La dama de Avalon y Las nieblas de Avalon


Y ahora, llegan los libros que no pueden fallar cuando me hablan de relecturas. Empezamos con por, ¿cómo no?, Mujercitas, de Luisa May Alcott, y además de un modo que me llevará tiempo pues quiero comparar el estilo de la novela que leí de pequeña y la nueva traducción con capítulos inéditos que se publicó en 2011. 


Seguimos con La letra escarlata, de Nathaniel Hawthorne. Otro de mis libros preferidos, sin lugar a dudas junto con Los pilares de la Tierra, de Ken Follet.


Y, en toda relectura mía que se precie no puede faltar La historia interminable, de Michael Ende y Una rosa en invierno, de Kathleen Woodiwiss.

¿Tenéis una lista de relectura? Me encantaría conocerla.

Besos de tinta.
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Book Tag: Dentro y Fuera


¡Buenas noches, tinteros!

Ari AJ de AriYo me ha nominado para este BookTag y no quise defraudarla, por lo que, antes de comenzar la rutina diaria, vamos a ello.

D: ¿Dónde prefieres leer? (Al aire libre o en casa).
Dentro de casa, concretamente, en la bañera, con mi taza de té.

E: ¿En que formatos prefieres tus libros (Audio, ebook, físico)?
Creo que esta no tengo ni que responderla, solo hay que ver mis estanterías. Me quedo con el libro físico. Nada como esa primera toma de contacto, abriéndolo al azar en una página para dejarnos embriagar por su aroma.

N: ¿Notas en el estilo del autor si es hombre o mujer? ¿te importa?
Suelo notarlo en ocasiones pero no siempre, hay personas que saben esconderse muy bien tras su pluma y eso es admirable. Pero, no me importa si son hombres o mujeres o si me equivoco al creer que es un hombre y resulta ser  mujer (y viceversa).

T: ¿Te has comprado alguna vez un libro por su portada?
Me he enamorado alguna vez de un libro por su portada. Me he quedado fascinada mirándolo pero, finalmente siempre leo el argumento porque sin él, es imposible saber si será solo "una cara bonita".

R: Recítanos tu frase favorita.

No es una frase, es un poema de Rafael Alberti que siempre me ha gustado:

El mar. La mar. El mar.
¡Sólo la mar!
¿Por qué me trajiste, padre, a la ciudad?
¿Por qué me desenterraste del mar?

En sueños, la marejada
me tira del corazón.
Se lo quisiera llevar.
Padre, ¿por qué me trajiste acá?

O: ¿Organizas tu estantería o como caiga?
Las organizo por género y autores. Por ejemplo, tengo cuatro estanterías y media dedicadas únicamente a los vampiros y todo lo que encuentro sobre ellos. Luego tengo un apartado para clásicos universales, autores españoles, sagas de fantasía, libros infantiles...

Y: ¿Y si tú casa se incendia y solo puedes escoger un libro? ¿Cuál sería?
Fantasma, de Susan Kay. Sé que seria muy difícil volver a conseguirlo y es muy especial para mí.

F: ¿Fingirías que te gusta un libro o no solo para quedar bien?
No, es más divertido generar polémica.

U: ¿Utilizas un cuaderno o apuntas en algún lado tus próximas lecturas para no olvidarlas?
Tengo un cuaderno donde anoto cada lectura pendiente.

E: ¿Escribes, anotas, o subrayas un libro (tus frases favoritas)?
Las anoto en mi Cuaderno de Lecturas pero jamás subrayaría un libro de lectura.

R: ¿Reescribirías las sinopsis de algunos libros por falta de descripción, demasiados spoilers o simplemente para completar? ¿Lees el final?
En muchos caso, sí. Algunos porque quedan escasos y otros porque casi te cuentan cómo acaba. Y sí, siempre leo la última frase del libro según lo empiezo a leer. Es una mala costumbre que heredé de mi madre.

A: ¿Alguna vez te han dado un spoiler de un libro que tanto esperabas leer?
Gracias a mi padre cuando leía El Hobbit de J. R. R. Tolkien, me he hecho inmune a los spoilers. Ya no me los dicen por sorpresa, yo misma los solicito.

Nomino a:


¡Besos de tinta!

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lunes, 30 de marzo de 2015

Reseña: Como desees

Ficha Técnica


Autora: Anabel Botella
Género: Juvenil, Romántica, Suspense
Primera Edición: Mayo, 2013
Editorial: Montena
ISBN: 9788490430187
Páginas: 284
Valoración: Exelente

Argumento

Emma es la hija de una pareja divorciada. Tiene una unión muy especial con su madre y, lo peor que existe para ella, es tener que ir junto a su padre, su madrastra y el hijo de esta: Niko, un chico obsesionado con las películas y que siempre consigue sacarla de quicio. Pero, este año todo va a ser diferente. Una serie de asesinatos tiñen de sangre el caluroso mes de junio. ¿Será Emma capaz de resolver el enigma que se esconde tras tantas muertes?

Reseña

La novela está dividida en varios puntos de vista. Por una parte, en primera persona, conocemos la historia de la mano de Emma, nuestra protagonista por excelencia. Gracias a esto, es fácil empatizar con ella y las situaciones que vive a lo largo del libro. Pero, por otra parte, en tercera persona, conocemos las historias de las víctimas y cómo vivieron sus últimos momentos. Unos pequeños capítulos a modo de artículos de periódico le dan un aire más real a la novela, consiguiendo con esta mezcla de tres estilos de narración un aire de suspense que no nos abandonará en toda la lectura.

El título puede llevar a error, como fue mi caso. No esperéis una novela romántica llena de situaciones emotivas y pastelosas pero, al lector perspicaz no se le escapará el enorme significado que estas dos palabras tienen a lo largo de la historia. Admito que, en un principio, era reacia a comprar la obra, dejándome llevar por el título y la portada pero, hice muy bien en confiar en quienes me aconsejaron su lectura. El título, definitivamente, despista mucho pero, siendo sinceros, tras leer el libro, no imagino uno mejor.

El prólogo es de lo más acertado: fuerte y directo nos obliga a seguir leyendo hasta la última letra del libro. Pocos prólogos consiguen atrapar tanto como lo hacen esas casi tres páginas. En esa misma línea continua la novela a lo largo de 28 capítulos con un pequeño título introductorio y un epílogo que pone un broche de oro a lo que es, sin duda, una joya de la literatura juvenil de misterio.

Anabel nos vuelve a regalar una novela con su estilo propio: sencillo pero lleno de belleza. Cada palabra, cada descripción y cada situación tiene el sello característico de la autora. Dirigida a un público juvenil, la pluma de Anabel nos entrega, una vez más, una obra maestra con detalles geográficos y una ambientación que nos hace dudar de nuevo de si es una historia real o una nueva creación de la prodigiosa mente de la autora.

Aunque el final no llegó a sorprenderme pues casi todas mis sospechas se iban confirmando según avanzaba la lectura, hay matices que no dejan de sorprender, consiguiendo que nos deje una huella que tardará en borrarse, incluyendo la foto de la portada que, aunque en un principio parece no tener ningún tipo de relación con la historia, pronto se convertirá en una imagen simbólica de la novela y de lo que en ella sucede.

Es un libro que no hay que dejar escapar. Muy recomendada, con frases que nos llegarán muy hondo y con situaciones que nos dejarán con el corazón en un puño.

Citas

¿Para qué preocuparse del mañana si no sabemos qué va a ocurrir hoy? Lo hecho, hecho está, el pasado no se puede cambiar. El futuro está por llegar. Lo mejor es poner una sonrisa al momento presente que estás viviendo (pág. 37) 

✖ Cuando uno acaba un libro tiene que saber que ha de cerrarlo. Si te entretienes en la última página, te estás perdiendo otros muchos libro que podrías leer, una nueva aventura por leer (pág. 204)
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miércoles, 25 de marzo de 2015

La pasión por los libros

¡Buenas e insomnes noches, tinteros!

Mucha gente me pregunta desde cuándo leo y por qué me gusta tanto la lectura, que si tengo manías a la hora de leer, autores fetiche, género que no soporto... Y me ha dado por hacer una entrada muy especial, o al menos, una entrada que, para mí, es muy especial. Cuando una persona tiene pasión por los libros desde los cuatro años y no es solo una persona a la que le da un flush de querer ser una Blogger más súper guay, tiene miles de libros almacenados tanto en estanterías como en su cabeza. Sus conversaciones, publicaciones e incluso la decoración de su habitación o casa lo demuestran. ¿Por qué? Primero, porque publica en redes sociales de manera ordenada, lo más correcto posible tanto gramatical como ortográficamente. Segundo, porque en todas las conversaciones, algo le recuerda a alguna cosa que ha leído o a una situación de un libro. Tercero, tiene su habitación o casa plagada de estanterías con libros, siempre tiene una cita de un libro en la boca... y luego, ya está la obsesión: va a presentaciones para conocer a los autores de los libros, poder hacerles preguntas y llevarse el libro firmado por ellos y, de eso... yo soy una experta. Tengo recolectada una buena suma de libros dedicados por sus autores e, incluso, algunos autores han hecho alusión a mi persona en los agradecimientos de sus libros, llenándome de alegría y orgullo (y no digo "orgullo y satisfacción" porque creo que tendría que citar al autor de esas palabras...).

Aquí os dejo algunos libros que tengo firmados por sus autores, algún día, dedicaré una entrada a cada uno explicando cómo fue la experiencia de conocerlos en persona.





























¿Tenéis algún libro dedicado y/o firmado por el autor? Me encantaría verlos en vuestras próximas entradas...

Besos de tinta.
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martes, 24 de marzo de 2015

Top Ten Tuesday: 10 libros de mi niñez/adolescencia que quiero releer


¡Buenos días, tinteros!

Aquí estamos con otra entrega más del TTT que cada semana nos propone The Broke and the Bookish. Esta vez nos invitan a volver al pasado, a esos libros de nuestra infancia, e incluso, de nuestra adolescencia que tanto nos marcaron y quisiéramos releer. Alguno de los míos ya los conoceréis porque hablo a menudo de ellos pero, os toca sufrirme de nuevo contando batallitas...



Ana de Tejas Verdes, de Lucy Maud Montgomery era uno de mis libros preferidos. El año pasado conseguí la colección completa y tengo intención de releerla.

La historia interminable, de Michael Ende, me lo prestó una profesora cuando iba a EGB y, bajo mis sábanas, a escondidas, lo devoraba por las noches, buscando junto a Bastian un nuevo nombre a la Emperatriz Infantil.

El verano de la sirena, de Mollie Hunter era un libro que me encantaba. Recuerdo que se lo presté a una chica y jamás me lo devolvió hasta que un día mi madre, viendo lo que me dolía haber perdido aquel libro, la riñó y no le quedó otra que devolvérmelo... No volví a hablarme con aquella chica nunca más.

Pollyanna, de Eleanor H. Porter tiene una serie de dibujos que veía de pequeña por lo que corrí a la biblioteca del colegio a leerlo. Hace unos años, conseguí la misma edición que leía en el colegio.

La hija del espantapájaros, de Maria Gripe, solía tenerme hechizada por horas. Me encantaba la historia, aunque ahora a penas la recuerdo. Por eso, lo busqué y lo compré de nuevo...

Heidi y Otra vez Heidi, de Juana Spiry también tiene una serie que yo vi mil veces siendo una niña y en el colegio, una vez más, tuve acceso a las novelas y las leí varias veces de cabo a rabo.

Mujercitas y Aquellas mujercitas, de Luisa May Alcott, son, sin lugar a dudas, de mis libros preferidos de mi infancia y adolescencia. Ya adoraba la película desde muy pequeña pero, cuando descubrí los libros, regalo de mis padres, fue aún mejor. Mi obsesión por la historia de las hermanas March llegó a límites insospechados.

Por último, ¿cómo no? Mi libro de Los mejores 365 cuentos. Mis padres me compraron este libro para que resumiera cada día el cuento e hiciera un dibujo inspirado en la historia que este contaba y en verano, por las noches, les leía estos pequeños relatos a mis abuelos maternos. Cuando mi ahijada se mudó a Alemania, le regalé el libro que yo tenía y tiempo después, conseguí otro para mí.

¿Cuáles son esos diez libros de vuestra infancia o niñez que querríais releer?

Besos de tinta para todos y, disfrutad de la magia de los libros.
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domingo, 22 de marzo de 2015

Book Tag: Tu vida en libros


¡Buenas noches, tinteros!

Aquí estoy sin sueño, actualizando para vosotros con algo que hace tiempo que no hago: un Book Tag. Este viene de la mano de Mi mundo fantástico, lo acabo de leer y, aunque son las 3:20 de la mañana, quería hacerlo y compartirlo con todos vosotros. ¡Vamos a ello! 

1. Encuentra un libro para cada una de tus iniciales.

S Sirens, de Nia Belles
R Rimas y leyendas, de Gustavo Adolfo Bécquer
C Cinder, de Marissa Meyer

2. Cuenta tu edad a lo largo de tu estantería, ¿Cuál te sale?

Vittorio, de Anne Rice

3. Elige un libro que se desarrolle en tu ciudad.

Ojos azules en Kabul, de Anabel Botella. Transcurre al principio en Kabul y posteriormente en Valencia.

4. Elige un libro que represente un destino al que te gustaría viajar.

La lluvia es una canción sin letra, de Ángel Gil Cheza, transcurre en mi amada Irlanda, la Isla Esmralda que tanto ansío conocer.

5. Elige un libro que tenga tu color favorito en la portada.

Para quien no lo sepa, mi color favorito es el azul por lo que he elegido: La maldición de Sissi, de Catalina de Habsburgo.

6.¿De qué libro tienes mejores recuerdos?

Los mejores 365 cuentos. De pequeña, cuando iba al pueblo de mis abuelos paternos, les leía un cuento de este libro. Después lo perdí y lo conseguí muchos años después, para terminar regalándoselo a mi ahijada cuando se mudó a Alemania. Poco después, conseguí hacerme con uno de segunda mano.

7.¿Qué libro tuviste dificultad para terminar?

Muerto hasta el anochecer, de Charlaine Harris, realmente los seis que leí de esta saga me resultaron difíciles de terminar...

8.¿Qué libro de tu lista de pendientes te hará sentirte orgullosa cuando lo termines? 

Don Quijote de La Mancha, de Miguel de Cervantes. Mucha gente me dice que es una lectura ardua y es todo un reto que espero superar.

¿Os animáis a contar vuestra vida en libros? Espero vuestras respuestas.

Besos de tinta y sueño.
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viernes, 20 de marzo de 2015

1. Un cumpleaños diferente


¿Recordáis cuando J.K. Rowling dijo que el sexto libro se llamaría Harry Potter and the Half Blood Prince? Mi mente empezó a maquinar teorías y desvarió muchísimo... Os paso poco a poco los capítulos que escribí y, si os gusta, puede que la continúe...

Harry Potter
y
el príncipe mestizo

Pasadas las terribles vacaciones en casa de los insoportables e insufribles Dursley, Harry Potter regresa al fin al colegio Hogwarts de Magia y Hechicería donde encontrará nuevas caras. Una alumna nueva, demasiado pálida para ser mortal, es aceptada en la casa Gryffindor aunque parece más adecuada para Slytherin debido a su comportamiento y las miradas de complicidad que el profesor Snape y ella comparten en las clases de Pociones. Un secreto va con ella además de un cuervo que la acompaña a todas partes ¡¡¡Draco Malfoy parece atraído por ella!!! ¿Será una espía de la casa Slytherin? ¿Por qué, si es su primer año, la pasan a sexto sin más explicaciones? Además, está su varita que es la viva réplica de la de Harry y esa leyenda de que Lord Voldemort dejó un hijo que lucharía a su lado...


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Un cumpleaños diferente



Brillaba la luna y un chico de pelo alborotado y ojos verdes paseaba solitario por la calle sin ninguna compañía. Solos su sombra y él  se dirigían hacia el número 4 de la calle Privet Drive donde aquel chico, cercano a los dieciséis años vivía desde hacía quince años con sus insoportables tíos, los Dursley. Los Dursley, aparte de tener una casa en Privet Drive y un sobrino al que ignoraban por completo, tenían un hijo gordo, con cara de cerdito al que creían un angelito a pesar de las trastadas que él y su banda hacían cada tarde. Dudley, que así se llamaba el retoño de los Dursley, había hecho la vida imposible al bueno de Harry durante mucho tiempo. Es más, aquella trágica situación del pobre Harry, cambió hacía ya cinco años cuando se supo que era un mago y que había sido seleccionado para estudiar en el Colegio Hogwarts de Magia y Hechicería. Vagando por las calles, daba el mayor de los rodeos para llegar a su destino donde le esperaba la soledad de su cuarto y la perspectiva de otro año más en el que no sería felicitado por su familia. Quedaban unas horas para que acabase el día, se había hecho demasiado tarde aunque sabía que ni tía Petunia ni tío Vernon iban a estar preocupados por él.
Cruzó la calle, le quedaba una manzana para llegar a casa y se detuvo en un parque a contemplar los columpios y sentarse en un banco unos instantes. Cerró los ojos para escuchar el canto de un grillo cercano y creyó escuchar pasos. Abrió los ojos y no escuchó nada, ni el más leve indicio de que alguien se estuviese aproximando. Probablemente todo aquello era solo fruto de su imaginación, aún estaba algo aturdido por los acontecimientos recientes. Había vuelto a ver a Lord Voldemort, había perdido a Sirius, su padrino; Cho, la chica a la que tanto había admirado le había defraudado y, para colmo, aún no estaba de vuelta en Hogwarts. Al menos aquel año había pasado los fines de semana en La Madriguera con los Weasley...
Se levantó del banco y escuchó claramente unas pisadas que le seguían, aceleró el paso y, automáticamente, aquellas pisadas también lo hicieron. Tenía su varita en el bolsillo pero no quería utilizarla, no quería tener más problemas con el Ministerio de Magia como ya los tuvo en el pasado curso. Comenzó a correr, él, Harry Potter, que en cualquier otra situación hubiese plantado cara con su varita en la mano, se disponía a huir... Pero, no era momento de orgullos, sabía que seguía siendo menor de edad y, lo peor que podía hacer era utilizar su varita a no ser que su vida corriese peligro y de eso, aún no estaba seguro. De entre las sombras, una oscura figura apareció y le cortó el paso, era uno de los amigos de Dudley otra vez. Entonces comprendió que tras él encontraría al resto del grupo, no tenía nada que hacer, contra ellos no podía utilizar la magia. Eran seis contra él, no tenía posibilidad alguna, además, él era delgaducho, no muy alto y nada fuerte. En cambio ellos eran todos enormes y llenos de fuerza dispuestos a atacarle sin compasión. Recibió el primer golpe al que le siguieron varios más, trató de defenderse pero, uno no puede hacer mucho cuando un gorila le sujeta por la espalda para que el resto pueda atizarte sin problemas.
Notó la sangre resbalándole de la nariz a los labios y un agudo dolor en la sien aparte del enorme escozor que le causaba su cicatriz en forma de trueno en la frente... No siempre aquello significaba que Lord Voldemort estuviese cerca, a veces ocurría cuando estaba muy enfadado, la mayoría de las veces, por alguno de los Dursley.
Le dejaron en el suelo y salieron corriendo del parque sin mirar atrás, no querían que alguien los pillase. Harry trató de incorporarse y escuchó un ruido de ramas de árbol sobre su cabeza. Miró hacia arriba y, de un árbol saltó una chica vestida con un vestido blanco de seda largo, hasta los pies. Se echó los largos y rojizos cabellos hacia atrás y Harry pudo ver unos ojos verdes como esmeraldas. La chica se aproximó a él y le tendió la mano para ayudarle a sentarse. Le miró con expresión de pena y culpabilidad y le acarició el rostro con lágrimas en los ojos.
- Perdóname, Harry, debí haber llegado antes para ahorrarte este sufrimiento. - ¿Cómo sabía ella su nombre? La joven pasó la mano por la ensangrentada nariz de Harry y al instante la sangre desapareció junto con el dolor. – Así estás mejor, ¿verdad?
- Sí... gracias. Pero, ¿quién eres? ¿Eres una bruja, verdad? Quiero decir... que no eres una muggle.
- ¡Shhhh! Tienes que ser más prudente, no creo que un parque sea el lugar adecuado para hablar de esto, “bruja”, “muggle”... no son palabras que los muggles entenderían como el vocabulario de una persona normal. Tienes que andarte con más ojo y aprende a defenderte un poco, cielo, porque no voy a estar siempre que unos matones muggles aparezcan al acecho. – Le regañó dulcemente guiñándole un ojo. Se acercó a él aún más y le dio un beso lleno de dulzura en la comisura de los labios. – Ahora descansa, Harry. – Como hechizado, cerró los ojos y se quedó dormido allí tirado en el frío y duro suelo del parque con una desconocida que había salido de la nada velando por él. No supo cuánto tiempo había dormido cuando escuchó de nuevo aquella voz susurrante que le decía: - Despierta, querido Harry. ¡Feliz Cumpleaños! – Y un nuevo beso en la comisura de los labios.
Abrió los ojos y estaba solo, en su cama de Privet Drive. Miró el reloj de la mesilla de noche, eran exactamente la doce de la noche, ya tenía dieciséis años y, probablemente, al amanecer, encontraría a Pigwidgeon, la lechuza de Ron con su felicitación y la de Hermione y algún regalo de cumpleaños. Miró por la ventana y vio a Hedwig, su lechuza blanca, revoloteando cerca de un árbol. Se levantó de la cama y se asomó para descubrir qué la tenía tan ocupada y vio dos siluetas montadas en escoba que lo miraban con ansiedad.
- ¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, HARRY!!! – Ron y Hermione entraron limpiamente por el hueco de la ventana dejando las escobas apoyadas contra la pared. Hablaban en susurros pues sabían que a los Dursley no les gustaba la magia. – Les pedimos a Fred y George que encantaran las escobas y a nosotros mismos de  modo que ningún muggle pudiese vernos. Yo misma podría haber hecho el encantamiento de invisibilidad pero, sabes que somos menores de edad y no queríamos tener problemas. Queríamos ser los primeros en felicitarte.
- Esta vez te hemos felicitado justo en el momento exacto, ¿eh? – dijo alegremente Ron.
- La verdad es que se os han adelantado, ya me han felicitado justo a las doce... – y les relató lo ocurrido. En medio de una frase, Hermione le cortó.
- ¿Cuándo aprenderás a diferenciar un sueño de lo que no lo es, Harry? No me miréis con cara de tontos los dos. Está claro que ha sido un sueño, Harry, tú mismo lo has dicho, que crees que no ha sido real. Seamos coherentes, una bruja salta de un árbol vestida como una princesita medieval, ¡por favor! Eso llama más la atención que decir “bruja” o “muggle” en el parque.
- Tienes razón, Hermione, ha sido una idea ridícula pensar que eso ha pasado realmente. De haber sido así, debí despertar en el parque, ¿no? Pero, me hubiese gustado tanto saber su nombre... – Hermione puso los ojos en blanco a modo de desaprobación pero no dijo nada.
- Bueno, hablemos de nuestra visita... Verás he pensado... – un leve carraspeo de Ron la hizo rectificar. – Quiero decir... Ron y yo habíamos pensado que podríamos pasar el día de tu cumpleaños juntos. Ya sabes, ir al Callejón Diagon, pasear por Londres y comer en mi casa. Sí, sí, en mi casa. Mis padres han preparado el jardín para una barbacoa a las tres de la tarde. Es que Ron quería tener una “comida muggle”, y de paso celebrábamos tu cumpleaños como Dios manda. ¿Crees que los Dursley...?
- No pondrán ninguna pega, es más, hasta os lo agradecerán por quitarme de en medio. - Y así resultó ser. Hermione llamó a sus padres y, tras explicarles la absoluta indiferencia que sentían los Dursley por Harry, accedieron a que pasase con ellos lo que quedaba de vacaciones.
Aquello sí que parecía un sueño, era el mejor regalo que su amiga le podía hacer pero... Dumbledore le había dicho que estaría muy seguro en casa de los Dursley mientras él lo considerase un hogar y porque tía Petunia era el único familiar vivo de su madre. Les comentó sus dudas a sus amigos mientras preparaba el baúl con ropa y libros que necesitaría en el colegio. Cogió la jaula donde Hedwig acababa de entrar para beber un poco de agua y ésta le miró con enfado al verse encerrada.
Hermione ya había reparado en aquel pequeño detalle de la confesión de Dumbledore el curso anterior y ya había enviado una lechuza para saber si lo veía arriesgado y le había permitido llevar a Harry a su casa o a La Madriguera. Con todas las dudas disipadas ya de su mente, Harry se despidió de sus apáticos tíos como quien se despide de una pared con un retrato pues no recibió ni una sola palabra de despedida. Era de esperar.
Ron espolvoreó con unos polvos purpúreos la Saeta de Fuego de Harry para que los muggles no viesen la escoba y también las ropas de Harry. Sobrevolaron Privet Drive hasta la casa de Hermione, donde los señores Granger los esperaban en el jardín mirando al cielo. Hermione los vio y no pudo evitar una sonrisita y una frase de reproche.
- ¡Siempre tan discretos! Cualquiera que los vea los tomará por locos. ¿Qué pensarán los vecinos?
Al aterrizar, les dio un toque en el hombro y, con un carraspeo que trató de disimular su risa al verles dar aquel respingo al notar su mano invisible tras ellos, les dijo:
- Ya hemos llegado. ¿Se puede saber qué estáis mirando tan detenidamente en el cielo? – todos se echaron a reír y tras una pequeña charla, se fueron a dormir.
Harry y Ron durmieron en la habitación de invitados donde hablaron un rato antes de caer dormidos por el agotamiento.
A la mañana siguiente, a Harry le despertó una melodía de “Cumpleaños Feliz” que provenía de la sala. Miró hacia la cama de Ron pero no estaba allí, la cama estaba hecha y el pijama asomaba bajo la almohada. Se vistió rápidamente y se peinó con los dedos aunque su cabello siguió igual de alborotado que antes. Se puso las gafas que había dejado junto a la ventana y bajó las escaleras de dos en dos.
- ¡¡¡FELIZ CUMPLEAÑOS, HARRY!!! – le gritaron nada más asomar la cabeza por la sala. Allí estaban todos sus amigos, desde los Weasley a Neville e, incluso, Dobby, el elfo doméstico con sus calcetines diferentes, uno verde y otro rojo. Fue precisamente él el primero que se acercó a Harry haciendo una reverencia tan exagerada que su puntiaguda nariz rozó el suelo.
- Dobby tiene un regalo para Harry Potter, señor. Dobby los ha tejido él mismo, Harry Potter. – Y Harry no necesitó abrir el paquete para saber que se encontraría unos calcetines de colores diferentes. Los miró y, para hacer feliz al elfo le dijo que eran más hermosos que los que le dio en Navidad el año anterior y los más bonitos que había visto jamás. Dobby enrojeció y comenzó a llorar escandalosamente cuando Harry se sentó en el sofá para ponérselos.
Los regalos no pararon de lloverle en toda la mañana, un libro sobre cómo perfeccionar la postura en una escoba cuando se juega a quidditch (regalo de Hermione), un jersey rojo y dorado (hecho por la señora Weasley), e incluso una snitch con sus iniciales grabadas (regalo de Fred y George).
- El negocio nos va de maravilla, Harry y, como fuiste tú el que nos ayudó económicamente... – los gemelos Weasley tenían una tienda de artículos de bromas en el Callejón Diagon, la habían abierto al público el año anterior  y, para disgusto de su madre, no tenían intención de regresar al colegio.
A las tres de la tarde el señor Granger anunció que la comida estaba esperando en el jardín. Comieron y bebieron mientras cada uno contaba cómo habían sido sus vacaciones y Harry aseguró que había sido el mejor cumpleaños de su vida. Pero, aún quedaba más, en cuanto terminasen de recoger, irían a Londres, al Callejón Diagon a comprar los libros que necesitarían para el curso siguiente, algunas plumas, tinta y demás útiles escolares.
Todos ayudaron a recoger la mesa, Hermione junto con su madre fregó los platos; Harry y Ron los secaban con trapos y Ginny, Fred y George los colocaban en su sitio correspondiente. En el jardín, el señor y la señora Weasley ayudaban al señor Granger a recoger  la barbacoa. Más que ayudar, los Weasley estorbaban, sobre todo el señor Weasley que alucinaba con todo lo que veía y todo lo quería tocar y probar. Neville, Colin, Dennis y Dobby tuvieron que irse, el elfo no quería estar demasiado tiempo alejado de las cocinas de Hogwarts y los muchachos habían dicho que no llegarían más tarde de las seis de la tarde de vuelta a casa.
Tras algo más de hora y media, se encontraban camino de Londres, ya en el Callejón Diagon, fueron al banco de los magos, Gringotts, custodiado por gnomos, donde Harry tenía su dinero. Tomó una bolsa con galeones de oro, sickles de plata y knuts de bronce. Creyó conveniente invitarlos a todos al Caldero Chorreante a una cerveza de mantequilla. Fred y George rechazaron la invitación con pesar, no habían abierto el negocio en todo el día y, como Fred dijo: “El tiempo es galeones”. Molly, la señora Weasley, podría decir lo que quisiese sobre sus hijos pero, se veía que en el fondo estaba orgullosa de ver cómo sus gemelos se convertían en hombres de negocios, aunque el negocio fuese tan indigno (según ella) como la venta de artículos de broma.
- Pues damos gracias a que poca gente piensa como tú, mamá. Tenemos muchísimo éxito. ¡Hasta el dueño de la Tienda de Zonko de Hogsmeade viene a comprar nuestros artículos para venderlos después en la suya! – la señora Weasley quiso protestar pero, ellos lo vieron venir y se despidieron rápidamente.
Mientras tomaban sus cervezas de mantequilla, Harry propuso dejar allí a los Weasley con los Granger e irse ellos a hacer sus compras. Ginny se apuntó a ir con ellos, no permitiría que la dejasen con los mayores aburriéndose como una ostra mientras de seguro ellos se lo pasaban bomba. Ginny había crecido tanto que necesitaba una túnica nueva pero, sólo podía permitirse una de segunda mano y todas estaban demasiado rotas como para que ella tuviese valor de ponérselas sin pasar vergüenza ante sus compañeros. Era hora de que Harry actuase. Sabía que anteriormente Ginny había estado loca por él y también sabía que ella jamás aceptaría que alguien le pagase sus cosas, necesitaba una excusa...
- Mhhh... ¿Ginny?
- Sí, Harry. – Dijo algo entristecida.
- Verás, me he dado cuenta que no te regalé nada por tu cumpleaños pero, tú a mí sí. Ambos sabemos que una túnica es un regalo demasiado... ¿cómo decirlo?
- ¿Caro? – completó ella con un deje de dolor.
- Sí, vale, caro. Entonces, viendo que tienes algo de dinero... pensé que si te doy lo que te falta para una túnica nueva...
- Pero eso no es un regalo, Harry, eso es como un préstamo. – Hermione quitó todas las esperanzas de una túnica nueva a Ginny. – Pero, si soy yo la que pone la otra mitad, sería un regalo nuestro para ella. ¿Qué dices, Ginny?
- Sois maravillosos, de verdad. -  Se dirigieron a «Madame Malkin, túnicas para todas las oca­siones» y mientras, Ron y Harry fueron a mirar la tienda de las escobas y demás artículos para quidditch.
La tienda de túnicas estaba vacía, a excepción de Madame Malkin y una chica morena subida a un escabel. Madame Malkin las hizo un gesto para indicarlas que las había visto y que las atendería enseguida. Ellas se sentaron a esperar a que la midiese y le entregase su túnica. No pudieron evitar escuchar la conversación que la chica y Madame Malkin mantenían a pocos metros de ellas.
- Y, ¿cuántos años tienes?
- Veintidós. – Los entrecerrados ojos de la chica miraron un instante a Ginny y Hermione que bajaron la cabeza.
- Eso no puede ser, encanto. Con esa edad no se llevan estas túnicas. Creo que buscas otro tipo de túnica de trabajo, querida. – Dejando de medirla se dispuso a buscar algo.
- No. – El sonido seco de aquella voz la hizo detenerse. – Le dije que es ese tipo el que busco y necesito, mire, aquí tengo un documento que quizá la convenza un poco. – Desenrolló un pergamino y se lo entregó a Madame Malkin que no daba crédito a lo que leía. Hermione y Ginny intercambiaron miradas de curiosidad.
- Está bien, querida, está bien. Pero suena más a que alguien te está gastando una broma pesada. Si quieres puedo hacer un par de llamadas y...
- Mire, no pretendo ser grosera pero, si le voy a pagar las túnicas, ¿qué parte es la que no es capaz de asimilar? Por favor, hágame las túnicas y dése prisa – miró su reloj - ¡oh, no! Llego tarde, seguro que se enfada conmigo... Veo que tiene las medidas tomadas, ¿le importa que me vaya ya y venga más tarde a recogerlas?
- Como quieras, querida. – Y, por primera vez desde que Hermione y Ginny estaban allí, la chica sonrió. Lanzó un galeón a Madame Malkin, por las molestias y salió corriendo del lugar con un enorme cuervo volando tras ella.
- ¡Qué muchacha más extraña! – y dirigiéndose a las que esperaban dijo: - Hogwarts, ¿verdad?
Ginny salió de la tienda contenta como jamás lo había estado, con su túnica envuelta en papel rojo y atada con una cinta dorada. Hermione había pagado a Madame Malkin para que la  envolviese con los colores de la casa Gryffindor para que el regalo hiciera aún más ilusión a Ginny. Se reunieron con los chicos con la idea de contarles lo sucedido pero, la sorpresa se la llevaron cuando les vieron hablando con la chica de la tienda de las túnicas.
- Hey, - las saludaron al verlas llegar. – Os estábamos esperando. Esta chica estaba preguntándonos cómo ir al Caldero Chorreante, se ha desorientado un poco al salir corriendo de una tienda. – Ella las fulminó con la mirada al verlas, las recordaba, eran las chismosas que habían estado escuchando su conversación. – Démonos prisa, la pobre llega tarde.
- No quisimos entretenernos pero, ya conoces a Madame Malkin, siempre tiene algo de lo que hablar con los clientes, no hay quien la calle, Harry. – Al oír este nombre la chica se irguió y le miró la frente, encontrando la cicatriz en forma de relámpago.
- ¿Harry Potter? ¿El famoso Harry Potter? – Harry, que ya estaba acostumbrado a este tipo de reacciones, asintió con la cabeza. – Vaya... qué sorpresa. – Pero su tono no era del todo creíble, más bien, parecía haberse llevado un disgusto. - Buscaré el Caldero Chorreante por mí misma, gracias. – Aquellos ojos negros lo fulminaron, el rostro antes tímido y dulce se endureció y se tornó inexpresivo, frío. Sin decir nada más, dio un silbido y el cuervo apareció a su lado. Salió corriendo con el cuervo tras ella una vez más y la vieron preguntar a alguien el camino.
- ¡Qué chica más rara! – exclamó Ron.
- Sí, en la tienda ha hecho lo mismo, ha salido corriendo con ese pajarraco tras ella.
- Pero es muy guapa – continuó juzgando Ron. - ¿Habéis visto sus ojos? Eran muy oscuros y brillantes, casi como los de Snape solo que los de ella parecen irreales, como de un duende. ¡Oye! Ahora que lo pienso, Harry, podría ser la chica de tu sueño, ha aparecido y desaparecido exactamente igual que en tu sueño.
- No, no. Imposible. No se parece en nada.. Y hay muchas chicas misteriosas. Es más, la chica del sueño se parecía más a Ginny que a esa. ¡Anda! Sí que se parece en algo. Tampoco se nos ocurrió preguntarle el nombre.
Todos rieron de camino al Caldero Chorreante, Harry les metía prisa, quería llegar para ver si ella seguía allí y estaba, ¡vaya si estaba! La vieron nada más entrar, sentada en una silla  en una de las mesas del fondo con un granizado de ambrosía y alguien la cogía de la mano. Desde el ángulo en que se encontraban, sólo alcanzaban a ver el brazo de quien la sujetaba. Arrastrados por la curiosidad, dieron un pequeño rodeo para llegar a la mesa donde los adultos los esperaban y vieron quién era el acompañante de la joven. Aquello sí que los sorprendió porque no había duda de quién era. No había mucha gente con aquella grasienta y negra melena, aquella nariz ganchuda y aquellos ojos negros inexpresivos en una pálida cara alargada, solo una persona podía corresponder a esta descripción: ¡el profesor Snape! Era el profesor de Hogwarts que más odiaba Harry, el sentimiento era mutuo. El profesor Snape, jefe de la casa de Slytherin, sentía un odio especial hacia todos los alumnos que no fuesen de su casa pero, el odio iba en aumento cuando se refería a Harry Potter. Aquello explicaba el repentino cambio de actitud de la muchacha desconocida al descubrir quién era Harry. Obviamente Snape le habría hablado de él y, siendo amigos, le despreciaría del mismo modo que él lo hacía.
- ¿Vosotros sabíais que Snape tenía novia?
- No digas tonterías, Ron. Como mucho es una antigua alumna de Hogwarts que se lleva bien con él. – Respondió Hermione.
- Y, ¿a cuántos alumnos de Hogwarts les coge de la mano? – preguntó el pelirrojo con picardía.
- Está claro, ella estaría en la casa Slytherin y sería una especie de Malfoy pero en chica, por eso se llevan bien.
- No sé, pero para llevarse bien como tú dices, Snape está más serio que de costumbre...
Siguieron con sus teorías y nuevas surgieron cuando, al ver que se iban, él le ponía la mano en la espalda, como ayudándola a caminar, la miraba y sonreía.
- ¡Eso no ha sido normal! Quiero saber qué pasa. Esa sonrisa no se la pone a Malfoy, si parecía un bebé. – Harry no pudo evitar reír. – Sigámoslos un poco, Hermione. - Ésta puso los ojos en blanco, ¿por qué sus amigos eran tan infantiles? Pero tenían razón, algo extraño pasaba entre esos dos...
Finalmente, se dejó convencer. Los vieron entrar en una tienda de sombreros y salir con un sombrero puntiagudo dentro de una caja. En otra tienda les vieron probándose guantes protectores de piel de dragón y donde Madame Malkin, recogieron una bolsa con varias túnicas dentro. Madame Malkin habló con el profesor Snape y, tras ello, hizo un gesto de aprobación y se despidió de ellos. Los siguió con la mirada hasta que los perdió de vista al entrar en la tienda de Ollivander, el creador de varitas mágicas. En una tienda ella salió con un libro abrazado contra el pecho, como si fuese su mayor tesoro y, poniéndose de puntillas, besó en la mejilla al profesor Snape que enrojeció rápidamente.
- Gracias, Severus, hacía años que deseaba este libro pero mamá... – las lágrimas asomaron al rostro de la joven, el cuervo se acomodó en su hombro derecho y el profesor Snape se arrodilló ante ella para tener sus ojos a la altura de los de ella. No escucharon lo que le susurró pero, la situación hablaba por sí sola.
- ¿Severus? ¿Pero desde cuándo alguien que no sea un profesor le llama Severus? Vámonos de aquí, todo esto empieza a darme náuseas. – Ron se dio la vuelta y sus amigos le siguieron.
Aquella noche, Harry y Hermione estuvieron en el sofá de los Granger viendo una película y hablando de todo lo que había sucedido en el Callejón Diagon. A Ron podría haberle producido náuseas pero a ellos dos les consumía la curiosidad. Hermione había tenido una teoría bastante posible. Aquella chica, de pelo largo, liso, lacio, fino y negro como el azabache y pálida como la luna llena podría ser familia de Snape. Quedaba descartado que había ido a Hogwarts porque, como Hermione recordó haber escuchado en la tienda de Madame Malkin, había dicho que tenía veintidós años. Sólo era seis años mayor, deberían haber visto su foto en las paredes de Hogwarts dedicadas a los antiguos alumnos. Hermione se propuso mirarlo nada más comenzar el nuevo curso.
Además, todas las tiendas a las que habían ido ella y Snape y los artículos que iban acumulando con las compras, ¿eran regalos que él le hacía? Desde luego, el libro sí lo había sido. Y, ¿por qué le tenía que regalar algo?
Les costó bastante conciliar el sueño y no supieron que habían dormido hasta que el sol les iluminó en los ojos al amanecer. Se habían quedado dormidos en el sofá, Hermione con la cabeza en el regazo de Harry y él apoyado en el reposabrazos del sofá. Cuando los Granger entraron en la sala, Harry creyó que los iban a regañar por haber pasado la noche viendo la televisión pero, no fue así. La señora Granger les dijo que el día anterior había hablado con la señora Weasley e iban a pasar el fin de semana en La Madriguera. Los señores Granger los llevarían en coche y se volverían, el padre de Hermione trabajaba los fines de semana y no podía quedarse.
- Es una lástima, porque iba a explicarle a Arthur para qué sirve un mechero y cómo se usa. Se quedó impresionado cuando salimos del metro de Londres y vio a un hombre encender un cigarrillo. Le miró impresionado y dijo: “¡Sorprendente!”, Un hombre peculiar ese Arthur Weasley pero, me gusta esa familia. Nos hablaron de su hijo... ¿Percy? Pobre Molly, está destrozada. Creyeron que tras descubrirse que era cierto que Quien-vosotros-sabéis había regresado, pediría disculpas y todo se solucionaría pero, por lo visto, ese muchacho tiene demasiado orgullo como para pedir perdón.
- Vaya, sí que está usted puesto en el tema para ser un muggle, señor Granger – rió Harry.
- Pasa todo un verano con una hija como la mía y te enterarás de todo. ¡Si hasta sé cómo hacer levitar las sillas con su varita! – Harry miró a Hermione y sus ojos preguntaron por él.
- No, no hice magia, soy menor, ¿recuerdas? Yo tomé una rama de árbol del jardín, le mostré cómo se debe agitar la varita y las palabras adecuadas. Me costó bastante que aprendiese, es un poquito torpe algunas veces. ¡Mira! – señaló la ventana. – Vienen dos lechuzas, algo me dice que son de Hogwarts, con los resultados de los TIMOs (Título Indispensable de Magia Ordi­naria), me muero de curiosidad por ver qué notas tengo. Es que necesito muy buenas puntuaciones en muchas cosas... Al final quiero ser auror también, como tú, y Ron también, me lo dijo la semana pasada. Eso quiere decir que seguiremos en las mismas clases cuando nos preparemos para los ÉXTASIS (EXámenes Terribles de Alta Sabiduría e Invocaciones Secretas). Podremos seguir repasando y haciendo los deberes juntos como hasta ahora. ¿Verdad que es emocionante, Harry?
- Me estoy agobiando solo de escucharte, Hermione. – Todos, incluida Hermione, rieron. La chica tenía razón, eran las notas. Harry no podía creerse que hubiese aprobado todas las asignaturas, incluida Adivinación. Además, en todas tenía una E (Excede Expectativas) o una S (Sobresaliente), ¡podía aspirar a ser auror! Solo por cortesía, aún sabiendo los resultados de antemano, le preguntó a Hermione por sus calificaciones.
- Mal. – Dijo con amargura, - sólo tengo una E en Pociones. Lo hice todo perfecto, ¿cómo me pudo pasar esto?
- Ya sabes que Snape nos odia, confórmate con haber conseguido la E, yo creí que nos pondría menos nota solo para fastidiarnos nuestros sueños. ¿Será el amor que lo ha ablandado? – sonrió burlonamente.
- No creo que sea su novia, Harry.
- Era una broma, Hermione, una broma.
- Chicos, ¿cómo va eso de vuestras notas? ¿Qué es una E o una S?
- ¡Ah, eso! Verás, papá. La nota más alta es la S (Sobresaliente) a la que le sigue la E (Excede Expectativas), luego sigue la A (Aceptable) y desde ahí empiezan las malas notas. La P (Pobre), la H (Horrible) y la T (Troll).
Siguieron hablando un buen rato mientras cogían lo que querían llevarse a La Madriguera (¿te llevas la Saeta de Fuego? Pero si ellos tienen escobas allí). Hermione no comprendía aquella pasión estúpida que sus amigos sentían por el quidditch, lo veía un deporte violento y peligroso que no aportaba nada. Sólo había un modo de hacerla dejar de gruñir por aquello y Harry lo sabía.
- Pues Viktor  Krum es el buscador del equipo de la selección nacional de Bulgaria. – Hermione ruborizó. Viktor Krum era un estudiante del colegio Durmstrang que en el cuarto curso estuvo una temporada representando a su colegio como campeón en el Campeonato de los Tres Reyes. Viktor había invitado a Hermione a un baile de gala que hubo en Hogwarts y, desde entonces, se escribían cartas y él la había invitado a ir a verle a su país aunque ella aún no había ido.
Harry ató a la pata de Hedwig una carta para Ojoloco Moody y el resto de los integrantes de la Orden del Fénix a los que les había prometido al finalizar el curso escribir una vez cada tres días para hacerles saber que se encontraba bien en casa de sus tíos. Les informó que iría a La Madriguera y, a la vuelta, permanecería con los Granger hasta el comienzo de curso. Cogió sus cosas y subió al coche de los Granger, camino a La Madriguera. Siempre había sentido un cariño muy especial hacia aquel lugar, todo era magia y la señora Weasley, a pesar de sus pequeñas riñas diarias, hacía de la casa, un auténtico hogar. Además, ella misma le dijo en una ocasión que era un hijo para ella. 
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martes, 17 de marzo de 2015

Top Ten Tuesday: 10 libros de mi lista de pendientes


¡Hola, tinteros!

Como ya sabéis, Top Ten Tuesday es una idea original de The Broke and the Bookish, que hace un tiempo que tengo abandonada. Hoy nos proponen hablar de nuestra lista de libros por leer y enumerar diez de los libros que tenemos pendientes para esta primavera. Yo no suelo separar los pendientes por estaciones o meses, sino que tengo un tupperware y voy sacando uno de allí cuando quiero leer uno de mis libros pendientes, así no hago favoritismos a nadie. Pero, ya que tengo que dar diez títulos, diré diez libros que tengo en la lista de pendientes y que tengo muchas ganas de leer:


Carmilla, de Joseph Sheridan Le Fanu e ilustrado por Ana Juan. Lo compré el año pasado en la Feria del Libro y desde entonces espera a ser leído...


El club de los poetas muertos, de N. H. Kleinbaum es el libro en el que se basó la película del mismo título interpretada por Robin Williams. Siempre ha sido una película que me ha gustado y aún recuerdo las carta de una prima mía cuando éramos pequeñas y me recomendaba este libro.


El cuaderno de Noah, de Nicholas Sparks, llegó a mí por medio de Facebook. Fue en uno de esos test que haces cuando te aburres y aquel definía cómo vivías el amor. Y me salió la película del libro. Me la descargué y, cuando supe que había novela, me hice con ella.


Delirios, de A. G. Howard es la segunda parte de Susurros y, gustándome como me gustó la primera, no sé cómo he permitido que este libro pase tanto tiempo en la estantería sin ser leído (espero ponerle remedio este año)


Mary Poppins, de P. L. Travers fue un descubrimiento parra mí. Aunque me había criado con la película dle mismo título interpretada por Julie Andrews, jamás pensé que hubiera una novela hasta que vi en cine Al encuentro de Mr. Banks, película que narra cómo el señor Walt Disney tuvo que negociar y luchar por los derechos del libro de la señora Travers para crear el musical que todos conocemos.


El pequeño ladrón de sombras, de Marc Levy fue un intercambio que realicé con Colas de Sirena (actualmente cerrado). La administradora aseguró que sería de mi agrado y a cambio yo le envié un libro firmado por la autora y dedicado para ella.


Posdata: te quiero, de Cecelia Ahern llegó a mí de nuevo de la mano de los test de Facebook. En esta ocasión era qué película definía mi manera de amar (o algo así) y cuando salió esta, me quedé igual, no tenía ni idea. Hasta que me dijeron quién era el actor que interpretaba al protagonista. La película me enamoró. Con irlandeses, paisajes de mi amada Isla Esmeralda, música típica del país y ese hombre que encarnó en 2004 al fantasma de la ópera, era una combinación perfecta para convertirse en una de mis películas preferidas. Fue saber que existía el libro y correr a comprármelo.


Rebeca, de Daphne du Maurier fue un libro que de pequeña tuve que leerme para un examen de inglés. No era la versión completa de la novela, sino una versión muy reducida e ilustrada. Tenía muchas ganas de hacerme con él y, al comprarlo, descubrí que había una película. Me la vi esa misma noche.


Raíces, de Alex Haley surgió en una clase de inglés donde se hablaba por encima del autor y su obra. Al comentarlo en casa, mi madre me dijo que existía una serie y, años después la compré y la vi. Conseguir el libro fue una Odisea y ahora me queda leerlo...


Wicked, memorias de una bruja mala, de Gregory Maguire fue una recomendación indirecta de Elena. Digo indirecta porque fue a raíz de las menciones que hacía de esta obra en su novela Aventuras y Desventuras de Mari Loli Baker en el ciberespacio, que se me antojó leer el libro y ver el musical. A día de hoy, no he hecho ni lo uno, ni lo otro.

¿Cuáles son vuestros diez libros en la lista de pendientes?

Besos de tinta

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