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martes, 5 de enero de 2016

Reseña: El sentido del círculo

Ficha Técnica


Autor: Manuel Ortuño
Género: Humor
Primera Edición: Abril 2015
Editorial: Ruiz de Aloza
ISBN: 9788494400018
Páginas: 269
Precio: 14,25€
Valoración: Prometedor

Argumento

A una frutería entra un hombre con otro al hombro. Se trata de su primo Bruno, recientemente fallecido. Adán Lescott, que así se llama nuestro hombre, acabará en el Registro de Defunciones para que su primo pase por una serie de pruebas y su muerte sea oficial. A lo largo de estos acontecimientos, conocerá a personajes de lo más variopintos: una prostituta funcionaria, un dibujante que está obsesionado con dibujar un autobús y un hombre con un enorme martillo que se dedica a romper relojes entre otros.

Reseña

Una lectura diferente. Así es como defino este libro narrado cronológicamente y en tercera persona a lo largo de doce capítulos. Si bien el título en un principio no me decía nada de lo que podría encontrarme en el interior, una vez finalizada la novela, descubrí que no podría tener uno más acertado. Cada comienzo de capítulo nos describe con una belleza —¡y cordura! —sublimes el lugar donde se ambientan los hechos narrados a lo largo de esas páginas donde todo es un compendio de absurdos conectados entre sí. Con situaciones en ocasiones similares a la pluma de Terry Pratchett, un lenguaje y una escritura sencillos durante la trama pero mucho más elaborados en las introducciones de los capítulos, Manuel Ortuño consigue arrancarnos sonrisas con las disparatadas situaciones que nos describe. Aunque quizá en ocasiones todo esto se convierte en algo demasiado forzado, haciendo que a lo largo de la lectura, nos acostumbremos tanto a ese mundo de locura que poco a poco, el impacto inicial mengua.

Es una lectura divertida, nada pesada e ideal para hacer un paréntesis entre lectura y lectura aunque, una vez la mente se acostumbra a ese estilo de vida donde pagas con piezas de ajedrez, te multan con relojes y la prostitución y el asesinato son carreras universitarias, se siente que ya no habrá nuevas sorpresas, que ya todo es posible y previsible. ¡Error! El final deja un sabor agridulce, con una sonrisa ante lo absurdo pero a la vez lleno de lógica —y sentido —y al mismo tiempo una frustración indescriptible aunque con una voz en el interior susurrando: "tiene lógica".

Es un libro que puede no gustar a todo el público, pues hay que tener la mente mu abierta y no esperar unas situaciones verosímiles. No olvidemos que Lewis Carroll hizo algo similar con su Alicia en el País de las Maravillas, una obra no tan extensa como esta y dedicada a los más pequeños. Este podría ser el sueño de Adán Lescott, cómo una mala digestión le introdujo de lleno en un mundo donde nada tiene ni pies ni cabeza y todo cobra sentido ante la frase: "son las normas". Algo que nos hace pensar en la sociedad actual y cuántas veces agachamos la cabeza ante situaciones que nos incomodan por aceptar las normas sociales. Quizá no fuera la intención del autor pero veo en la obra una sátira al mundo actual, a cómo funciona la burocracia y cómo nos dejamos llevar por esas normas estipuladas que nadie nos preguntó si queríamos aceptar, simplemente aparecen y deben ser acatadas, por absurdas que en ocasiones nos puedan resultar.

Divertida, absurda y lógica. Con sentido. El sentido del círculo que solo se acaba cuando ambos puntos se encuentran, como la pescadilla que se muerde la cola.

Citas

 Hasta tal punto impera allí la oscuridad que da la impresión de que los rayos solares, como capaces de actuar por voluntad propia, rehuyan el contacto con cualquier pieza de fruta retrotrayéndose y plegándose sobre sí mismos como fantasmas dotados de marcha atrás.

 Al otro lado de su fachada de ladrillo rojo y malva (cuya simple vista a menudo provoca una poderosa sensación de migraña) se esconde un intrincado entramado de corredores y pasadizos que se cruzan y entremezclan con multitud de habitaciones hasta conformar un verdadero laberinto alimentado de su propia existencia, como el reflejo interminable de un de esos espejos que, colocados frente a otro espejo, se reproducen a sí mismos hasta estancarse en un cruce de insultos infinito.

 —En tal caso tendrá que rellenar un formulario. —¿Quién? ¿Yo? —No, hombre. Su primo. El muerto.

 —¡Pero esto es un ultraje, una burla, una broma de mal gusto! —exclamó, casi fuera de sí, mientras no dejaba de blandir el reloj por encima de su cabeza —. Es decir, que no solo marca el paso del tiempo, sino que encima lo hace al revés. No solo nos recuerda que avanzamos sin remisión, envejeciendo más y más a cada segundo que pasa, en dirección a una muerte segura, sino que además lo hace pleno de ironía, corriendo hacia atrás, recordándonos así los momentos pasados de nuestra vida, aquellos días que siempre hemos deseado revivir pero que nos limitamos a recordar mientras nos damos cuenta, con tristeza y desconsuelo, de que se han ido para siempre.

 El autobús es una gruta móvil acuchillada de luz en la que viajeros hacinados de todos los tipos se estrujan y apelmazan en su camino a ninguna parte.

 —¿Usted lo asesinó? —inquirió Verna —. ¿Y dice que lo hizo por su bien? —Exactamente, querida —repuso la mujer —. Lo mimo ocurrió con mis tres maridos anteriores. También los asesiné. Soy asesina profesional, título académico incluido, y quise darles lo mejor de mí y de mi profesión a cada uno de ellos. A pesar de lo cual todos ellos acabaron haciéndome un mal gesto al morir. No se imaginan ustedes de qué manera tan desconsiderada se portaron conmigo. Sobre todo después de los asesinatos tan profesionales y bien planeados que me preocupé por darles.

 En él se destilan y comparten a diario sentimientos tales como la desidia, la sinrazón, el amor, la estulticia, la comprensión y la ternura, todo ello aglutinado en un soberano cóctel y aderezado con una ingente cantidad de cuentas pendientes que impregnan las paredes y se amontonan por los rincones.

 —Tu padre y yo hicimos grandes esfuerzos para que tú pudieras continuar con tus estudios hasta obtener tu título de prostituta. Es una pena que, estando en posesión de un título universitario, no ejerzas tu profesión. Cada vez que pienso en los sacrificios que hemos tenido que hacer en esta casa para costear tus estudios... Y cada vez que recuerdo tu rosto lleno de ilusión el día de tu graduación... Y también cuando hiciste tus primeras prácticas... Tenía usted que haberla visto, Adán. Tenía usted que haberla visto...

 —Estaba harta de mirarse al espejo para arreglarse cada mañana. Harta de ver su rostro ojeroso y desarreglado. Harta de tener que maquillarse y disfrazarse para ver en ese espejo el rostro que realmente deseaba lucir. Así que un día, cansada de ver la realidad, le dio la vuelta al espejo y ordenó pintar en el azogue este retrato de toda la familia en el que cada uno de sus miembros aparece bien vestido y acicalado. De esa manera, ahora, cada vez que nos miramos al espejo no vemos ojeras, no no vemos la realidad sino lo que deseamos ver. Es una especie de ceguera que resulta de lo más cómoda. No envejecemos, no tenemos ojeras, no nos despeinamos. Siempre estamos igual. Además, miramos al retrato y salimos sin más. Es más cómodo y rápido y no tenemos ni que pensar qué nos vamos a poner. Y si alguna vez alguien nos dice que vamos sin arreglar o mal vestidos no tenemos más que venir a casa corriendo, colocarnos frente al espejo y comprobar que realmente tenemos el mismo aspecto fresco, saludable, elegante y aseado que de costumbre. Y lo sabemos porque lo dice el espejo. Y al espejo hay que creerle. Para eso es un espejo.

 El teléfono es un minúsculo universo trenzado de sonidos en el que las palabras se ahorcan constantemente. Vocablos, sílabas, diptongos e interjecciones se descuelgan por invisibles hilos de léxico como arañas preñadas de gravidez para ir a estrellarse contra la enramada fugaz de una frase. Los fonemas se aglomeran, se apelmazan, vibran brevemente y se suicidan arrojándose a un silencio oscuro y tenebroso cuya textura tiene el sabor de las almendras podridas. La vida resiste, atravesada de palabras, el tiempo que dura una conversación..Hasta que esta perece guillotinada cuando el interlocutor decide colgar el auricular.

 Al cabo de un rato se apearían, tal y como la rutina diaria había grabado a cincel en la piedra de sus vidas, en el mismo punto que acababa de abandonar apenas cinco minutos antes y recorrerían a pie el resto del camino hasta la comisaría, la cual quedaba a tan solo seis manzanas de allí.

 La Grande Boheme es, por excelencia, el templo perdido de las sinrazones, el mausoleo encantado de los disparates, la catedral ignota de las necedades, la cripta embrujada de los desvaríos. [...] Su interior es una caverna comparable tan solo al vientre rezumante y sulfuroso de un dragón, una cueva de las maravillas donde la vida ruge sentada sobre el regazo del desenfreno mientras el silencio y la oscuridad quedan relegadas al exterior, a esa otra clase de reinado que cada noche se adueña de las calles y que se conoce con el nombre de madrugada.

La plaza del ayuntamiento es una soberbia explanada maltratada por el sol y la lluvia, insultada por la vida y denigrada por el paso del tiempo. Su piso de losas de piedra aplastadas por los zapatazos inexorables de la rutina diaria se extiende hasta formar un cuadrilátero que parece engastado a golpes en medio del amasijo de edificios que conforman el centro de la ciudad. [...] Es el escenario diario de las excentricidades y las trifulcas de la ciudad, de las excelencias y las miserias de sus habitantes, de las maravillas y las necedades de la condición humana. Es la pasarela por la que lo sublime y lo siniestro se pavonean a diario. Es el marco en el que lo bello y lo cruento danzan abrazados sobre una piel curtida de adoquines.

6 comentarios :

  1. Pues nada, que me ha picado la curiosidad y lo he conseguido para el kindle. Hay que ahorrar.

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    Respuestas
    1. a me contarás qué te parece...

      Besos de tinta

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    2. Hola, Océanos de Páginas. Te agradezco sinceramente tu interés en leer "El sentido del círculo".
      Si deseas recibir un ejemplar gratuito en papel y sin coste alguno escríbeme a manortal@hotmail.com y confírmamelo. No hay compromiso alguno, por lo que puedes declinar esta oferta si problema.
      Gracias de nuevo.
      Manuel Ortuño

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    3. Gracias, te acabo de enviar un mensaje. Y gracias Sonia por avisarme.

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  2. ¡Wao! No conocía para nada este libro, pero sí que es curioso, me encanta como la defines de "absurda y lógica", ya que eso es totalmente lo que parece al leer la reseña, creo que de momento la dejaré pasar porque no lo veo mucho como mi tipo de libro,

    ¡Besos y nos leemos!

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