Inkwand: El violín negro

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viernes, 25 de marzo de 2016

El violín negro


Mi regreso a Hogwarts me ha devuelto más alegría de la que pensé jamás. Lo primero, por ver a Severus de nuevo y por la grata sorpresa de descubrir que lleva consigo una foto mía tocando el violín que me debió tomar una de las muchas noches que nos escapamos juntos de las mazmorras al Bosque Prohibido

También porque volví a ver a Remus, al que le cuento siempre cómo se encuentra mi pobre corazón tras cada golpe que recibe de Severus que, a veces parece que no se da cuenta de lo que siento por él. Es un consuelo tener al menos a mi tímido amigo siempre ahí, para escucharme atento y aconsejarme sabiamente como sólo él sabe... 

Pero, desde luego que lo mejor de este curso está siendo el profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras. Tiene una voz que envuelve el aula y cautiva mi alma y creo que nos hipnotiza a todos cuando habla. Se llama Erik, simplemente Erik, no nos dijo su apellido y así es como desea ser llamado por todos: Erik... Suena casi angelical... 

Esta noche, como ayer discutí con Severus, preferí salir sola a tocar con mi violín rojo que tanto amo. Violín que perteneció a mi madre y lo único que poseo de ella, a parte del enorme parecido físico, cosa que a mi padre jamás le gustó; y su sangre muggle, algo que mi padre detesta. 

Fui al Bosque Perdido, como siempre y, nada más comenzar a tocar, escuché otra melodía que se cruzaba con la mía. Me detuve a escuchar y aquella música también enmudeció. Volví a empuñar mi arco y a acariciar con firmeza las cuerdas de mi instrumento, y aquel lamento misterioso respondió al mío... ¿Quién tocaba así? Sin dejar de tocar, fui acercándome al lugar de donde procedían las notas de aquel otro violín y pronto descubrí una figura envuelta en una capa oscura y con el rostro oculto tras una fina máscara de porcelana blanca. 

—Profesor... 

Él se giró y sonrió. No sé qué hay tras esa máscara pero, si todo es tan hermoso como esa sonrisa, su música y su voz... creo que he conocido al ser más bello del Universo.

—Gracias... —susurró.

Yo y mi maldita costumbre de hablarme a mí misma en voz alta, me había escuchado y no pude evitar ruborizarme. 

—No quisiera molestarle, profesor... —Entonces vi el instrumento que tenía en sus manos y no pude evitar que de mi garganta se escapase una exclamación de sorpresa y maravilla. —¿Me... permite?

A un gesto afirmativo suyo, me aproximé casi con lágrimas en los ojos por la emoción. Muchos hablaban de mi violín, pasado de siglo en siglo por diferentes manos del mundo y, según decían, portando una misteriosa maldición, que, en mi madre, se cumplió con su trágica muerte a manos de mi padre... Pero aquel violín negro... aquella maravilla creada casi con un pedazo de cielo nocturno, me hechizaba. Cada brillo que de él conseguía arrebatar la Luna era casi hipnótico. Quise tocarlo y me sentí sacrílega ante el hecho de sólo pensar en mis dedos rozando aquella madera. Dejé mi mano a medio camino y la bajé desilusionada. 

Pero él tomó mi mano y colocó el violín en las mías, cogiendo el mío. Levanto su mano, como si me invitara a tocar. 

—Por favor, no temas. 

¿No temer? No soy digna de tocar algo tan divino como esto... Mis ojos verdes se llenaron de lágrimas al sentir la madera, un placentero escalofrío recorrió mi cuerpo como si en vez de tocar un instrumento musical, recorriera con la yema de mis dedos el cuerpo de Severus

—¿Es posible enamorarse de un instrumento, profesor? 

Él soltó una carcajada pero, sus ojos me respondieron con un silencioso "sí, es posible, pequeña y por fin alguien me comprende". 

Alcé el arco y comencé a tocar. Al momento, lo entregué con cierta desilusión... 

—No es igual que cuando lo toca usted. Creo que no le gusto... 

—Claro que le gustas, sólo que es tímido y necesita tiempo para tomarte confianza. Ya tendréis tiempo para conoceros. 

Vaya, casi parecía una invitación velada para tocar juntos en el Bosque Prohibido cada noche. Desde luego, tras ese encuentro bajo la luz de la Luna Llena, yo sabía algo con certeza: iría allí cada noche sólo con la esperanza de encontrarlos a ambos porque ahora sé que eso... es lo que más felicidad me está aportando en el colegio.

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