Inkwand: CapNaNoWrimo Día 11

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martes, 12 de abril de 2016

CapNaNoWrimo Día 11

¡Buenos días, tinteros!

Después de un merecido descanso de la resaca de las más de 3.000 palabras, ayer retomé la escritura y no he perdido el fuelle: 1.468 de las 924 que tenía que escribir para retomar el ritmo anterior y, ¡prueba superada!


Hogwarts, 1 de septiembre de 1997

Anoche me despedí de Erik. Es extraño el vacío que siento ahora mismo, sentada ante mi diario sin escuchar su respiración desde la cama, como siempre mientras yo divago ante este cuaderno antes de acostarme. No me atrevo a girarme y ver la cama vacía y la mesita de noche sin su máscara y sus guantes. Al menos estos días los hemos aprovechado, paseando con nuestro pequeño por Hogsmeade y los alrededores. Fue en uno de estos paseos cuando dimos con una preciosa villa en alquiler, justo a la entrada de un bosquecillo, con un río pasando cerca y una cascada a lo lejos. Muy idílico. Erik no lo ha dudado y se ha puesto en contacto con el propietario para alquilarla y así cuando nuestro hijo visite Hogsmeade, podrá pasar el día con él. Severus me ha asegurado que intentará que tenga algunos momentos libres para poder escaparme porque hemos conectado la chimenea de la villa con la que hay en el despacho de dirección para poder comunicarnos mediante Red Flu, así podré presentarme allí si surgieran imprevistos. Por suerte, puedo aparecerme en las cercanías del castillo en un instante por lo que no perdería mucho tiempo, posiblemente incluso menos de lo que se precisaría para buscarme si estuviera en los invernaderos o paseando por los jardines. 

He comido con Severus, ante la reprobadora mirada de la profesora McGonagall que no comprende cómo Erik, tan fiel a la Orden, permite que me quede aquí, sin su guía. Ella conoce muy bien mi relación con Severus de la adolescencia porque la vio día a día cuando ambos éramos sus alumnos y en ocasiones cuando me mira, creo que sigue viendo a esa misma niña que se dejaba arrastrar por él a todas partes aunque… pensándolo fríamente, ¿no es eso lo que he hecho al aceptar quedarme? Cada vez que recuerdo cómo me rogó que permaneciera a su lado, cómo admitió que me necesitaba, algo dentro de mí se remueve y surge un cócktail de sentimientos que no logro calmar. Él nunca ha dado muestras de necesitar a nadie, jamás vi ese aspecto vulnerable suyo, ni tan siquiera cuando perdió la amistad de Evans y trataba de recuperarla a base de disculpas que nunca fueron aceptadas. Aún no me ha explicado nada, supongo que espera a que podamos hablar lejos de los —siempre dispuestos a escuchar lo ajeno— oídos de los Carrow. Severus finge que está encantado con ellos paseando por el castillo como dueños y señores del colegio pero yo me he fijado en cómo le cambia la cara cuando no están cerca. Sus ojos recuperan algo de tibieza y dejan de ser tan duros y fríos como se muestran ante ellos. Es como si necesitara probar algo, como si haber matado a Dumbledore no fuera suficiente prueba de su… lealtad a Voldemort. Perdón… el Señor Tenebroso, como Severus me ha recomendado que diga a partir de ahora. Asegura admirar mi valentía pero considera mejor ser prudentes. Al menos, tengo una baza a mi favor con los Carrow, la Marca Tenebrosa sigue en mi antebrazo izquierdo como recuerdo de las locuras que hice en el pasado por proteger a Severus. 

Tengo mis argumentos listos por si tuviera que enfrentarme al interrogatorio del Señor Tenebroso: me casé y me mudé a Francia pero, ahora que la batalla final está próxima, he querido acudir por si resultaba de ayuda. Pocos conocen este oscuro pasado mío, solo Severus, Erik y Dumbledore aunque a este último no fui yo quien se lo contó. Quizá fue el modo que Severus tuvo de demostrarle a Dumbledore que podría ser de ayuda… no lo sé. Tengo demasiadas preguntas sin respuestas, preguntas que ha prometido responderme pronto. Por ahora, me centro en la Ceremonia de Selección de mi hijo. Ha sido seleccionado por la Casa Gryffindor y por un leve instante, mi mirada y la de Severus se han cruzado con cierto horror. No porque tengamos nada en contra de esa Casa, como muchos puedan pensar, sino porque sabemos que los Carrow vana vigilar con especial atención a los Gryffindor pues de ahí salen los mayores defensores de la Orden, multitud de aurores y futuros miembros de la Orden del Fénix. Espero que esto no le traiga problemas a mi hijo. Es un niño inteligente, pero no deja de ser un niño y, aunque he tenido que darle unas ligeras pinceladas de cómo está la situación actual en el colegio, no deja de ser un niño, con su inocencia aún sin mácula. 

Severus ha hecho un breve discurso de bienvenida, presentándonos a los nuevos empleados del colegio y recordando las normas. Ha agregado varias más y ha informado de los nuevos castigos permitidos, castigo que Dumbledore jamás aceptó y de los que Filch siempre nos hablaba antiguamente. Ese hombre desgarbado y de aspecto mediocre se ha frotado sus huesudas manos y se ha relamido con una sonrisa cargada de malicia ante esta noticia. Yo solo puedo estremecerme al pensar en mi hijo siendo víctima de una de esas atrocidades. Para pensar en otra cosa, he buscado a Harry Potter con la mirada por todo el Gran Comedor, quería ver al hijo de Evans y Potter con mis propios ojos pero no he conseguido localizarlo. Seguro que es como su padre y su grupito de sinvergüenzas y se ha escaqueado de la cena de bienvenida para idear a saber qué fechorías. 

Tras la cena, Severus me ha llamado a su despacho y me ha contado cosas sobre estos años en los que ha guardado silencio conmigo. Algunas me han dolido por no haber podido estar aquí para darle mi apoyo. La muerte de Evans fue un duro golpe para él y yo solo le escribí una carta con mis condolencias desde París. Esa muerte fue la que hizo que él cambiara, lo supe nada más leer la noticia. Severus no podría seguir luchando en el mismo bando de hombre que le había arrebatado a su preciada Lily para siempre. Pero no imaginé que ello desembocara en su posición actual, arriesgando su vida fingiendo pertenecer a un grupo idealista que odia. Ya no es el adolescente que pronunciaba las palabras ‘sangre sucia’ sin pensar en el dolor que podría causar, es más, ahora detestaba ese término. Nunca consiguió el perdón de Evans y ahora jamás podría obtenerlo. 

—Adams, ¿recuerdas cuando te peinabas como Evans y cambiabas el tono de tu voz para parecerte a ella por mí? —Me ruborizo al pensar en esa época y bajo la mirada con timidez, ¿en serio es necesario hablar de esto? —Veo que sí —dice de manera burlona y yo no sé si acuchillarlo ahí mismo o alegrarme de que al menos, haya algo de humor en él—. Voy a necesitar que lo repitas durante este curso. 

—Sev, ¡eso es enfermizo! No creo que eso te… 

—¡No seas necia! —me recrimina de inmediato—. No es lo que piensas. Es por Potter. No ha venido al colegio, y sus amigos Ron Weasley y Hermione Granger tampoco. Me temo que están terminando acabar lo que Potter y Dumbledore conmigo en las sombras, comenzamos el año pasado pero, Potter no querrá mi ayuda dadas las circunstancias… Y hay algo de suma importancia que debe serle entregado y cuento contigo para ello. Con tu parecido con su madre y un hechizo aturdidor, podemos hacerle creer que eres Lily apareciéndose para mostrarle el lugar donde se oculta la espada. 

—¿Te refieres a la espada Gryffindor? —él asiente con la cabeza y yo le miro con cierta decepción en los ojos —. Así que… era por esto —no parece comprender —. Por eso dijiste que me necesitabas, soy uno de tus movimientos en la partida. 

Severus camina hacia mí y me agarra de los hombros exigiéndome que le mire a los ojos. A penas puedo contener las lágrimas de rabia por haberme dejado empujar a semejante plan. Y Dumbledore, ¿también conocía esta idea? ¿la apoyaba y por eso nos hizo llamar a Erik y a mí? 

—Adams… no es una partida de ajedrez como las que jugábamos cada noche en la Sala Común pero, si lo fuera, tú no serías un peón. Eres la Reina. Te necesito para esto y mucho más. ¿Crees que no puedo hacerle llegar la espada de cualquier otro modo? —Me encojo de hombros—. Adams, voy a contar contigo en cada paso que dé —me toma de las manos con suavidad—. Dumbledore me reveló todos sus planes y me hizo su mano derecha y ahora yo te pido eso mismo. Abro y cierro la boca en un par de ocasiones sin poder responder, obviamente no me esperaba estas palabras. 

—Me consideras… tu igual… —digo sin demasiada seguridad. 

—Siempre lo hice, pero no querías verlo.

2 comentarios :

  1. me encanta como enganchaste tu historia con la real del ultimo libro jaja, es muy ingenioso. Ya quiero ver como le hace para hacerle llegar la espada a Harry

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    Respuestas
    1. Gracias 😊
      No quiero desvincularme demasiado de la idea original y como Lily se parece tanto a Evans, me pareció un buen recurso.

      Besos de tinta.

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