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viernes, 29 de abril de 2016

Vuelta a empezar


30 de agosto... un año más allí estaba ante el muro que daba acceso al Callejón Diagon. Pronto lo atravesé tras golpear las piedras correctas en el orden específico que las hacía apartarse para ofrecerme la visión de aquel lugar donde se podía comprar todo lo que un mago o bruja pudiera necesitar. Llevaba mi lista en la mano para no olvidarme de nada de lo que me hacía falta para el curso que ya pronto comenzaría. Hogwarts... ¡¡¡qué ganas tenía de volver!!! Sólo habían pasado dos meses y me parecía que llevara cuatro años sin pisar aquel suelo. La culpa de que el tiempo pasara tan lento en verano la tenía el dueño de unos ojos negros al que no había visto desde que acabó el curso pasado. Y ahora... en dos días volvería a ver esa melena morena que se me había aparecido cada noche de aquel verano eterno. Era como despertar de una pesadilla, aliviada de terminar con esos dos meses, casi caminando a saltitos por el Callejón Diagon con mi vestido verde esmeralda de lino y de corte medieval. El cuello de barco se ceñía a la perfección a mi pecho, era lo que buscaba, resaltar de mí algo más que mis malditos ojos, esos que Severus tanto miraba, posiblemente para imaginar que yo era... ella... la otra... Evans... Era de las pocas chicas de mi edad que prefería que el chico que le gustaba le mirase el pecho antes que a los ojos, ¡patético! Pero cierto...

Aquel año necesitaba varias cosas nuevas: plumas, pergamino, calderos, cucharas de bronce y madera... Todos los instrumentos de Pociones habían quedado hechos trizas después de todos mis experimentos de verano para 'matar el tiempo' y ahora, tocaba dejarme parte del dinero conseguido de tabernera en material escolar.

—¡Qué asco! —dije malhumorada, hablando conmigo misma como tanto acostumbraba a hacer.
Entonces, pasé por una tienda que siempre llamaba mi atención: la tienda de Quidditch. En el escaparate se veía una preciosa escoba de madera de ébano. —Como su varita —susurré —. Coloqué mis manos en el cristal y me acerqué todo lo que este me permitió. —Amazona Estelar, la escoba de los Cazadores, ideal para mujeres —leí. Si Severus me viera ahí babeando por una escoba, me reprendería. Él detestaba el Quidditch y a mí me apasionaba. —¡¡¡¡360 Galeones!!! —Exclamé al ver el precio en números minúsculos. —Eso es el sueldo de un mes mío de trabajo..

Con mi padre en Azkaban, siendo menor de edad y sin albacea, no podía tener acceso a su fortuna en Gringotts y tenía que salir adelante como buenamente podía. Aquel verano había empezado dando clases de Pociones a niños de cursos inferiores que iban mal con esta asignatura por las mañanas y por las noches, hasta la madrugada, había estado de camarera en un restaurante de no demasiada categoría.

Había echado cuentas... tendría que trabajar los fines de semana en Hogwarts para costearme los gastos del colegio... Quizá en Hogsmeade pudiera trabajar en Las Tres Escobas o... en Cabeza de Puerco, el lugar daba igual, sólo necesitaba el dinero. No podía permitirme ropa nueva por lo que había abierto el baúl con la ropa de mi madre y era lo que usaba para ocasiones especiales. Pronto tendría que empezar a vender pertenencias de mi padre. Y más me valía que él no saliera de prisión o, al descubrirlo, me mataría...

El sol calentaba más a cada segundo, ahora me arrepentía de no haber portado conmigo la sombrilla de encaje que encontré en el baúl de mamá. Pensé que lo mejor sería acabar las compras cuanto antes y volver a casa, al cobijo de la sombra que ofrecía su antiguo techo y el frescor de sus gruesas paredes blancas. Le había tomado demasiado cariño a mi nuevo hogar, aquella isla vecina de Gran Bretaña era un mundo aparte. Iba a echar de menos todo aquello durante el curso... me encogí de hombros resignada y eché una última ojeada a la escoba que, a mis ojos, era simplemente... perfecta.

—No creo que esa escoba este en la lista de este año —llegaron a mí las palabras de una voz familiar, una voz que me moría por volver a escuchar y, a pesar de su tono severo y frío, me giré emocionada pues sabía a quién me iba a encontrar al mirar tras de mí. Una sonrisa sincera y que expresaba toda mi felicidad, se dibujó en mi rostro en un principio pero, se fue borrando lentamente dando paso a la tristeza que tenía que disimular siempre ante él. Mis ojos perdieron el brillo repentinamente y mi sonrisa dejó de tener su frescura para ser... la sonrisa regalada, la que ofrecía a todos para hacerles creer que todo iba bien.

No podía olvidar que tenía ante mí al chico que amaba pero que a penas era capaz de ver en mí algo más que la perfecta réplica de la chica que deseaba y eso... eso me destrozaba por dentro. Había hecho mil esfuerzos por conseguirle pero, yo no debía alcanzar la perfección como lo hacía ella ante sus ojos.

Es su último año en Hogwarts —pensé, aumentando aún más mi tristeza. Y me propuse ser como él siempre me pedía que fuera: que guardara distancias, que no hubiera contacto físico... Así que, me mantuve a la distancia que él había marcado y le saludé cordialmente. —Buenos días, Severus. —Dije llamándole por su nombre y no por el apodo cariñoso que me permitía utilizar en privado. - No esperaba encontrarte por aquí. - Miré la escoba y luego volví mis ojos hacia los suyos. —Lo sé... sólo la contemplaba. —Y, mentalmente, agregué: —No todo lo que admiro está en la lista de Hogwarts, y mucho menos a mi alcance.

No me podía permitir eso, ¡no!. Por algún extraño motivo, él siempre terminaba descubriendo mis sentimientos, y tenía que esconderlos ante él este último año. Pensé en temas de conversación y, llegué a la conclusión que, lo más neutral era hacer lo que haría cualquier otra persona normal: ponerse al día sobre la otra persona. 

—¿Cómo fue tu verano? —pregunté. Él respondió, distante, como de costumbre y, preguntó por el mío, por cordialidad, no por interés...

Seguía sus movimientos con la mirada, no podía dejar de observar todo lo que hacía y, cada gesto suyo expresaba su rechazo hacia mí. Era como si en aquel verano tan largo, hubiera olvidado nuestra amistad de hacía ya cuatro años, cuando yo iba a segundo y él a tercero y coincidimos en la Torre Norte. Yo también había cambiado en cuatro años pero mis sentimientos eran aún más fuertes que cuando lo conocí y así quise decírselo pero, las palabras se quedaron presas en mi garganta, que supo que era preferible el silencio. Mi corazón se aceleró cuando su mano rozó la mía al colocarse ante el escaparate a contemplar la escoba.

Mantén la calma —me decía una y otra vez mentalmente. Le escuché hablar del motivo de su presencia y de su verano. - Ha sido genial - le mentí, pues no quería que supiera que me lo había pasado sirviendo mesas y soportando groserías de borrachos de tercera.

Le miré a los ojos, buscando la más ínfima señal que me demostrara que había algo... cualquier cosa... que le uniera a mí pero, sólo vi indiferencia. 

¿Qué te han hecho este verano? —pensé con tristeza. Miré hacia la botica —¿Te molesta si te acompaño? Hay varias cosas que necesito de allí para continuar con mis... experimentos de Pociones - esperaba que, al menos recordara mi secreto sobre Pociones y en qué estaba trabajando desde hacía años.

Tenía intención de crear sustituciones a base de pociones para las maldiciones imperdonables y, por ahora, sólo estaba orgullosa de mi poción Cruciatus, la cual había probado en mi propio cuerpo y superaba las expectativas.

Severus notó la mentira en mis palabras referentes al verano, lo supe por su respuesta y comenzó con una charla en contra de mis experimentos.

Una cosa estaba clara: sabía perfectamente cuándo le mentía, me lo dijo con aquel tono de voz suyo. Pero, al menos, había aceptado mi compañía y eso me bastaba para que el día ya fuera perfecto. En cuanto me separé ligeramente del escaparate, la protección que el techo del establecimiento me ofrecía quedó atrás, atacándome el sol de nuevo de lleno en los ojos que brillaron más verdes que nunca. Parpadeé varias veces antes de que me acostumbrara al repentino cambio y seguí a Severus sin rechistar. Ya sabía yo que él no aprobaría, y mucho menos, compartiría, mi interés en una escoba.

—Nunca verás con buenos ojos nada de lo que yo haga, ¿verdad? —y mi voz de fue entrecortando según formulaba aquella pregunta. Mi muro se empezaba a derrumbar y no podía ser. No podía darle a Severus otro año más de declaraciones absurdas y estériles que jamás eran correspondidas.

Él no tenía ni idea. Se creía que aquello era un pasatiempo y lo que yo hacía era asegurarme su seguridad. Desde que supe sus intenciones de unirse a un grupo de magos oscuros, estaba más obsesionada con perfeccionar mis pociones. En un caso extremo de que él fallara y quisieran eliminarlo, yo podría pagar por su vida, por una segunda oportunidad. Lástima... creía conocerme pero, aún no se daba cuenta de hasta qué punto llegaba a amarlo, que me había aliado uniéndome a la causa que más detestaba sólo por asegurarme su seguridad.

No olvidaría jamás el día que me acerqué a aquel hombre y escudriñó en mi alma para saber si yo era de fiar y sólo se encontró con un pensamiento: Hazle daño y juro que no pararé hasta destruirte. Haz conmigo lo que quieras pero a él no lo toques. Desde entonces, una extraña marca adornaba mi antebrazo izquierdo y unas palabras en parsel que se me quedaron grabadas para siempre: Sé que serás la más leal... eres la que más tiene que perder. Le odiaba pero, al mismo tiempo, ya obedecía todas sus órdenes y ya trabajaba en su laboratorio...

Por eso, sabía que Severus aún estaba a prueba, que aún no era uno de ellos. Yo había tenido la suerte de poder entrar con más facilidad ya que mi padre estaba en Azkaban por asesinar a una familia muggle, la de mi madre. Mi apellido, mis motivos para unirme, mi preparación especial por parte de mi padre, el historial de fidelidad y lealtad de él, me habían ayudado a estar... donde jamás quise estar...

Seguía desaprobando mis experimentos, aunque, en el hecho de que practicar Quidditch no parecía molestarle tanto. Me daba por pensar que igual le importaba un poco lo que pudiera pasarme...

—Pero, ¿qué te molesta de mis experimentos? A alguien que le gustan tanto las Artes Oscuras —dije esto último bajando la voz —este proyecto debería parecerle... sublime, imagínate: pociones que no dejan rastro en la sangre pero que matan, torturan y dominan la mente ajena y sin nada que pueda vincularlas con la persona que las utilizó. El Prior Incantato delata a muchos brujos al mostrar el último hechizo conjurado con su varita, esto no deja huella...

Entramos en la botica y el dueño me saludó cordialmente, ya nos íbamos conociendo aunque, él desconocía algo: aquellos ingredientes que él no me facilitaba, me los dejaban a buen precio en el Callejón Knockturn...

—¡Hola, Jake! —saludé amigablemente al dependiente, sin responder a Severus. Tras una pequeña charla sobre cómo estaba su familia y otros puntos no relacionados con pociones, al final nos centramos y le dije: —Lo de siempre más lo de esta lista —. Le entregué la lista del material escolar.

Observaba a Severus en todo momento, Ahora estaba algo más tranquila, era un poco más "yo misma" y empezaba a ver en Severus al muchacho dulce y reservado que siempre vi. Su estúpida manía de ocultar su verdadera personalidad... era una lástima. Pero ahora, se contenía en decirme palabras hirientes, se le notaba cuándo se callaba las cosas por respeto a alguien o por resignación.

Vi que miraba los precios detenidamente, siempre estábamos los dos igual, apurando hasta el último knut. Mientras Jake buscaba todo lo que sabía que necesitaba, me dirigí a Severus de nuevo.

—Nunca se sabe... igual mi locura te salve un día la vida —. Le dije aparentando bromear.

Apareció el anciano dependiente y le di las gracias por su amabilidad y discreción al entregarme el material bien empaquetado y oculto en aquella opaca bolsa marrón.

—Oye Jake... ¿sigue interesándote el reloj de mi padre? —le pregunté. Siempre que iba a la tienda me preguntaba si lo había vendido o empeñado y llegó a hacerme muy buenas ofertas. Asintió con una sonrisa casi bobalicona y lo saqué de mi pequeño bolso con forma de violín que yo misma me había hecho aquel verano. —Es tuyo, pero recuerda lo que me prometiste.

El hombre lo aceptó y, ante nosotros, rompió los papeles donde estaba apuntando el dinero que costaba cada pedido. Me volví hacia Severus, tomando del mostrador su bolsa y sonriéndole. —¿Nos vamos?

Por fin... lo había conseguido. Llevaba meses tratando de convencer al viejo boticario y, aquel reloj había sido decisivo para lograrlo. Quizá ahora resultaba que... le debía algo a mi padre.

Salimos de la botica, con un Severus algo aturdido por la situación que acababa de presenciar. Yo sonreía de oreja a oreja, era divertido verle así de descolocado, sin saber cómo seguir siendo el dueño de la situación. Caminé unos pasos por delante de él y, cuando me pidió explicaciones de lo sucedido, me volví hacia él, caminando hacia atrás para continuar la marcha y, llena de la alegría que me invadía por el trato que acababa de hacer, sonreí como hacía meses que no hacía.

Severus quería saber qué había pasado ahí dentro y, sonreí divertida.

—Tú me invitas a un helado y yo te lo cuento todo, Sev—. Le dije dándole un cariñoso toquecito en su nariz y colocándome a su lado. Estuve a punto de agarrarme de su brazo pero, recordé la barrera... la norma que él impuso a nuestra amistad: "nada de contacto físico" al menos, no delante de tanta gente... estaba claro que no soportaba sentirse vulnerable, lo que no lograba comprender era... ¿por qué?

—No recuerdo haberte invitado algo como eso y, por cierto, no quiero que estés pagando las cosas que yo necesito, Tengo mis propios recursos para abastecerme sin la ayuda de nadie. No lo vuelvas a hacer —me dijo con un tono de voz muy serio.

Vi que se encaminaba hacia la librería... Eso era en dirección contraria a donde yo pretendía ir, o pude evitar sonreír divertida. ¿Yo me expresaba mal o Severus no comprendía que le había dicho que, si no me invitaba a un helado, no le contaría nada? Le miré a la cara casi como quien mira a un niño perdido y pronto me recompuse, él me mataría si se percatara de algo así.

Me entristeció ver que no era capaz de aceptar mi ayuda cuando estaba claro que necesitaba el dinero tanto o más que yo. 

—Como desees —le respondí, como siempre hacía cuando decidía seguir sus deseos aunque fuesen contra mi voluntad. Ahí le encerraba toda mi resignación y, a la par, mi muestra de afecto. —Pero entonces... —me coloqué ante él cerrándole el paso y me coloqué de puntillas para que nuestras miradas se cruzaran y me puse seria —si no quieres mi ayuda y no es de tu agrado deberme nada, creo que va siendo hora de que me invites a ese helado. Quizá de paso así... yo te cuente lo que quieres saber.

Lo había conseguido, aceptó invitarme a un helado, bajo la condición de dejarle pagarse él sus propias cosas. Quise saltar sobre él, abrazarle y besarle cuando aceptó invitarme a un helado. ¡Era perfecto! No me importaba el helado tanto como el hecho de sentarme con él mientras lo tomábamos. Sería la primera vez que hacíamos algo juntos fuera de Hogwarts.

Sí, pero porque le has obligado —me decía a mí misma. 

Y, volví a la realidad cuando pasó ante mí, esquivándome, dejándome a un lado. Me coloqué a su lado sin volver a hablar, buscando los libros que yo necesitaba. Entonces, vi un libro que llamó mi atención, pues ya lo había visto antes, años atrás... Era una edición antigua de un libro de Astronomía aplicada a las Pociones. Severus me lo había dejado cuando nos conocimos... Acaricié el lomo con ternura, sólo por lo que significaba, quise comprarlo pero, costaba demasiado, como todos los libros antiguos. Separé mis dedos del volumen y volví a prestar atención a Severus, que, de nuevo volvía al ataque con su frialdad, que seguía queriendo saber por qué pagué su parte de la botica con el reloj de mi padre. Pasé a su lado y jugué mi suerte a una carta: lugar público, atestado de gente... Severus no se atrevería a montar en cólera allí dentro. Cuando estuve tras él, acerqué mis labios a su oído y le susurré.

—Porque te quiero —y, separándome de él, manteniendo las distancias, agregué. —Pero es algo que sabes desde hace tiempo. Todo lo demás... es mejor hablarlo en otro sitio...

De su boca, sólo salió un furibundo "A... Adams... Luego hablamos". Aquel tono lleno de rabia contenida que tanto conocía me heló la sangre. Lo recordaba bien pero, tras dos meses sin sufrirlo directamente, el impacto en mí fue mayor que de costumbre. Mis ojos, contra mi voluntad, se llenaron de lágrimas queriendo salir. Me pasé, enfurecida el dorso de la mano rápidamente por los ojos y, salí corriendo hacia el mostrador, dejando el dinero justo de mi compra y saliendo de la tienda sin mirar atrás.

Vi el pequeño banco junto a la puerta de la librería y decidí sentarme allí, con la vista fija en el suelo y los libros abrazados contra mi pecho. Si hubiese podido, me hubiera hecho un ovillo allí mismo, para desahogarme tranquilamente.

—Si algún día sabes todo lo que he hecho por ti... —dije en voz baja. Y, a mi mente vino la imagen de mi cuerpo inerte, sin vida en los brazos de un lloroso Severus que apartaba un mechón de mis cabellos de mi rostro para depositar el último (y primer) beso en mis labios susurrando un "Si lo hubiera sabido antes...". Sonreí ante la idea de al menos, haber logrado eso algún día...

Me aferré a la imagen de Severus besándome para evitar las ganas de llorar y llegué a sentir en mis labios los suyos. El poder de la magia de mi imaginación a veces era más poderosa que la de cualquier varita. Tan absorta estaba en aquel momento inexistente de mi vida, que no me di cuenta de cuando Severus salió y se colocó a mi lado, de pie, no esperaba sus palabras, todo lo contrario, supuse que saldría dispuesto a destruir mi corazón con sus crueldades por haberme aprovechado de la situación para llevar a cabo aquel acercamiento. Por lo que, cuando me preguntó si íbamos ya a por el helado, me pilló desprevenida y con las defensas bajas por lo que, fui más sincera de lo que hubiera querido.

—Nunca he querido un helado, Severus... —dije aún mirando al suelo. —Sólo era una excusa para estar a tu lado sin necesidad de Pociones, libros o nuestro pequeño club social - él sabía que así denominaba yo a los mortífagos. —Tú mejor que nadie deberías saber lo que es eso....

Levanté la vista por primera vez para mirarle a los ojos. ¿Qué había en él? ¿Por qué mi corazón había elegido a una persona que se empeñaba en tomar mi corazón cuando se lo entregaba con todo mi amor y en tirarlo al suelo, pisotearlo y devolvérmelo cada vez más hecho trizas? A veces pensaba que buscaba en Severus el trato de mi padre, ser humillada y maltratada y que por ello le consentía todo aquello y seguía volviendo a él como una tonta, me hiciera lo que me hiciera.

Yo sabía que a él los helados y todo lo que hacía la gente de nuestra edad no le gustaba y, sinceramente, no me apetecía ir con él a un sitio solo porque se sentía obligado.

—No hace falta que te sacrifiques así para devolverme la supuesta deuda. Puedes darme el dinero si así quieres... No soy capaz de obligarte a hacer cosas contra tu voluntad, pues sé muy bien lo que es eso—. Dije recordando todas las veces que mantenía las distancias por no molestarlo o me peinaba como Evans para que por unos instantes me ganara su atención.

Vi cómo me miraba fijamente a los ojos... ya estaba otra vez ahí el brillo en sus ojos y me puse en pie llena de rabia.

¡¡¡PARA YA!!!! NO SOY ELLA, ASÚMELO.

Besé sus labios, aferrándole por el cuello, perdiendo mis dedos entre sus negros cabellos. Cuando abrí los ojos de nuevo, me aparté despacio.

—Ya que ves a Evans en mí, esto no debería molestarte pues es lo que estás buscando de ella, ¿no es cierto? Si me miras así sólo por parecerme a ella, haz conmigo lo que harías con ella o si no... ¡¡¡EMPIEZA A MARCAR DIFERENCIAS!!!

Empecé a sollozar, estaba harta de ser sólo su juguetito, la niña que tanto se parecía a su amor platónico. Sabía que aquel atrevimiento me costaría caro. Le miré, manteniendo ya cierta distancia y le dije casi susurrando:

—Ya estamos en paz con esto, no te preocupes —me disponía a marcharme sin dejarle hablar cuando, recordé sus palabras para ir a por el helado "vamos, camina o te dejaré atrás". Me giré y le dije: - Y, Severus.. aunque caminase de tu mano, a tu lado, daría igual. Hace tiempo que tú decidiste que yo quedaría siempre atrás... - y en esa verdad, iba encerrada toda mi tristeza....

Me miró furibundo, con odio. Alejándose de mí caminando hacia atrás. Diciendo un "No vuelvas a hacer eso" y, entregándome una bolsita con dinero se despidió con un:

- No soy yo quien tiene que marcar esas diferencias.

Le vi marcharse, sin volverla vista atrás...

No pude evitar sonreír...

No vuelvas a hacer eso... así habíamos empezado a hablar de seguido él y yo en la Torre Norte... con un beso mío y un 'no vuelvas a hacer eso' suyo. Ya no se acordaba... es decir, no le daba importancia a nada de lo que yo hiciera. Miré la bolsa con el dinero, no me había comprendido... No se había dado cuenta de que con aquel beso robado yo ya sentía que la deuda estaba saldada...

Me até la bolsita del cinturón y fui directa a una tienda cercana, de costura. Allí pedí a la dependienta un hilo de plata que solía ser bastante caro, pagué y decidí volver a casa. Dejé las cosas en mi baúl de Hogwarts y vacié la bolsa de dinero. Con ella me fui al bosque y subí a un árbol, hilo y aguja en mano y comencé a bordar la brillante tela verde esmeralda con el hilo plateado. Así pasé la tarde bordando hasta que una preciosa S adornaba una cara de la bolsa y una cierva en la otra.

Posiblemente, Severus no sabría por qué había elegido ese animal pero, yo había recordado algo que me sucedió en tercero. No era capaz de invocar un Patronus y, una chica de un curso superior al mío, muy parecida a mí, me vio practicar. Amablemente se detuvo, me quitó la varita y me dijo:

—Piensa en tu momento de máxima felicidad o, no podrás lograrlo, observa —y, en cuanto pronunció las palabras correspondientes, de su varita salió una hermosa cierva plateada.

2 comentarios :

  1. :O :O Trauma! BUeno, la verdad, es que me parece bastante fiel al personaje original, porque en verdad, aunque los fans le tengamos cariño, es un tio odioso, y no deja de serlo por mucho que se sacrifique al final. Si no llega a ser por la obsesión malsana que tiene por la madre no lo hace ni de flowers, pero bueno...

    No se muy bien que decirte sobre lo que he leído, me produce sentimientos encontrados. No suelo leer fanfic, por puro prejuicio, lo tengo que reconocer. El personaje que has creado, la chica, me parece verosimil, pero es que me asquea tanto ese tipo de personajes.. Y eso no es necesariamente malo, cumple su función, supongo que pretendias ponerlo como un personaje que debe producir eso, un poco de pena, incomodidad y ganas de gritarle cosas. En cuanto al joven Snape, bueno, es que manipulador, enfermizo y socialmente inepto ya lo era originalmente, así que poco que decir al respecto.

    No se, me ha dado curiosidad, tal vez continue leyendo tus fanfics..

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    1. Gracias por leerme. Mi Lily es un personaje pensado para sacar de quicio a Severus, prácticamente no tiene otra función XDDD y si genera esto en ti, voy por buen camino con ella. Es una adolescente locamente enamorada de alguien que sabe imposible y aún así sigue esperando que surja el milagro... Para ella Severus roza la perfección por mil veces que le rompa el corazón en mil pedazos. Ella sabe que Severus no es 100% como se muestra ante todos y busca sacar ese lado desconocido de él porque intuye que de seguir por ese camino, será su perdición, como lo fue para el padre de ella.

      Besos de tinta

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