Inkwand: El comienzo del final

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viernes, 6 de mayo de 2016

El comienzo del final


Me había quedado dormida, había salido sin desayunar, me había quemado un poco el pelo al ondulármelo como Evans frente al espejo con ayuda del rizador. Cogí el baúl y, gracias a la Red Flu, conseguí no perder el tren. Cuando llegué al Andén 9 y 3/4 ya estaban todos besando y abrazando a sus familias... Los envidiaba pero, yo no tenía a quien abrazar... ni besar... 

Subí al tren, arrastrando mi baúl. Ya llevaba la túnica del colegio puesta. Saludé a una Ravenclaw con la que me crucé y entré en el primer compartimento, sin mirar quién estaba dentro. Cuando me percaté de quién era, quise retroceder y marcharme. Sólo habían pasado dos días desde la discusión y sus ojos llenos de odio seguían abrasándome. Él leía un libro, parecía no haberse percatado de mi presencia. Me acerqué sigilosamente y solté de mi cinturón, bajo la túnica, la bolsita del dinero. 

- Toma - dije, depositándola a su lado la bolsa de tela verde con la cierva plateada y la S que yo había bordado para él. 

Vi pasar unos niños de primero que comentaban el miedo que les daba la prueba de selección y salí de allí dejando a Severus con sus palabras en la boca. Era mejor así, a saber qué me diría esta vez. Vi a los pequeños y me coloqué de cuclillas a su lado y les hablé con la más cálida de mis sonrisas y con mi voz más suave y sosegada. 

- Yo estaba así a vuestra edad - les comenté, rememorando esos días. - No temáis, es mucho menos de lo que dicen. - y comencé a relatarles mi primer día. Se reían de mis comentarios, de mi nerviosismo de antaño... Y, cuando parecían más calmados, les dije: - Serán los mejores siete años de vuestra vida, igual que lo están siendo para mí, ya lo veréis... 

Pasó el carrito de caramelos y compré unas ranas de chocolate a los pequeños. Eran adorables... me encantaban los niños. 

- Vayan de inmediato a su compartimiento. - La voz de Severus a mi espalda me hizo girarme. Quise regañarle por su modo de tratar a los niños. Les envié una mirada cariñosa y revolví el cabello pelirrojo de uno de ellos. -Adams, Entra necesito hablar contigo. - Dijo ingresando nuevamente al compartimiento, dejando la puerta abierta para que yo pasara. 

- No os preocupéis... ladra pero no muerde. - Bromeé. Ellos se fueron entre risas y uno de ellos dijo: "vaya novio más tonto tiene". Obedecí a Severus, con poca gana, pero, como siempre, sin ser capaz de negarle nada. 

Pasé al compartimiento con la cabeza gacha y la mirada puesta en el suelo. Sabía que iba a seguir la última pelea. Yo no quería empezar así su último curso... no quería llevarme de él como último recuerdo odio, indiferencia, desprecio. No pronuncié palabra, sólo cerré la puerta y quedé ante él, lo más sumisa que pude pero, saberle ahí, frente a mí, mirándome... me superó. Sentí las primeras lágrimas surgiendo y no pude más y comencé a hablar antes de que él atacara. 

- Fui una tonta... perdóname. - Le miré a los ojos y eso fue lo último que necesité para estallar en llanto. - ¡¡¡Perdóname, Severus!!! - Y le abracé efusivamente, sin pensar en que pudiera afectarle. Hipaba a causa del llanto incontrolado. - No me odies, por favor... no podría soportarlo... 

- ¿Qué es lo que esta pasando? ¿Por qué te disculpas? ¿Por qué estás llorando? - Sentí sus manos sobre mis hombros, separándome poco a poco de su cuerpo. Su voz, esta vez en un tono sosegado, me hizo enmudecer de repente. ¿Había olvidado ya la discusión en el Callejón Diagon? ¿Sólo dos días y ya no se acordaba de nada?.Me sujetó por las muñecas y me hizo sentarme frente a él. - Ahora cálmate y explícate -dijo con el mismo tono frío y autoritario que había usado con los chicos de primero. 

Me quedé frente a él, mirándole fijamente a los ojos, respirando pausadamente. Sus manos aprisionaron mis muñecas, haciéndome sentar frente a él. Tragué saliva, traté de respirar con normalidad y comencé a explicarme. 

- Hace dos días... - comencé. No sabía qué decir para que no regresara el rencor surgido aquel día. - No debí hacer aquello, lo sé pero... si pudieras verme a mí... - Sollocé. - Sé que no fue el mejor método y mira... ahora me odias... 

- Adams... si te odiara por cada vez que me haces enojar... jamas te hubiera vuelto a hablar desde el primer día que te conocí - dijo con un tono un tanto cansado, sentándose frente a mí. - Si te he dicho que tenemos que hablar. es por esto. - Dijo mientras extendía su mano y, en la palma, me mostraba la bolsita de cuero que había dejado a su lado hacía solo un momento.- Quiero saber qué significa esto - dijo mientras me lo mostraba por el lado donde estaba la cierva. 

Una vez escuchadas sus palabras, me levanté y me senté a su lado. Tomé la bolsita de entre sus dedos y acaricié el bordado. No era una obra perfecta, nunca se me había dado bien coser, de hecho, mis dedos estaban llenos de las heridas causadas por la punta de mi aguja durante aquella labor. 

- Se parece a la bolsa que me diste en el Callejón Diagon, ¿no crees? - vale... no era momento de bromear. Le devolví la bolsa y proseguí. - Es una S por tus iniciales y... una cierva... por Evans... - le relaté cómo en tercero, Evans me había intentado ayudar con mi Patronus y cómo, de su varita... salía aquella hermosa cierva plateada que tanto me gustó admirar. - Creí que así... enmendaría un poco mi error del otro día. ¿Estás enojado por haber cosido en ella? 

Miró de nuevo la bolsita. que tenía en la mano en cuanto se la devolví. Pronto se percató de las heridas en mis dedos y negó con su rostro. 

- Tu necedad muchas veces va a terminar hiriéndote - dijo con desaprobación. Apartó un poco su túnica y de dentro, sacó su varita. Tomó mi mano sin vacilar y se la acercó. 

Sus dedos rozaron mi piel. Pocas veces Severus me acariciaba o tocaba por voluntad propia y aquella era una de ellas. Con la punta de la varita, la pasó por mis dedos, cerrando y curando por completo las heridas dejando de nuevo mis dedos lisos y suaves, curando mis heridas con la magia avanzada que yo aún desconocía y el punzante dolor desapareció instantáneamente. 

- Gracias - dije sonriendo sinceramente. 

- OK, con esto considera saldado tu atrevimiento del otro día... - dijo mientras acariciaba el lugar donde acababa de guardarla. 

No pude evitar abrir los ojos como platos cuando dijo aquello. Una pícara sonrisa se dibujó en mi rostro. 

- Aprenderé a bordar mucho entonces, para poder pagar besos tuyos... - susurré, escondiendo mi cabeza entre su cabello, que caía por su hombro. Él rodó los ojos, dándome, probablemente, por un caso perdido. Me encogí de hombros y le sonreí divertida. Era tan difícil conseguir que Severus tomase algo a broma... Me gustaría ver su sonrisa. Entonces, ignorando todo lo demás, y sin dejar de hojear su libro, me preguntó si ya tenía compartimiento para el viaje ya que todos los alumnos estaban a bordo del tren, al parecer no faltaba mucho para que iniciáramos el viaje. Rápidamdente me incorporé, poniéndome en pie. - Sí... claro... ahora iba a buscar uno. - Dije creyendo que con sus palabras me estaba echando de allí. 

- Lo que quiero decir es que si no tienes un compartimiento.. ya no vas ha encontrar ninguno vacío, estamos a punto de salir.... así que es mejor que te quedes aquí - dijo con el tono frío mientras seguía mirando por la ventana.Tal como lo había dicho el Expreso no tardó en dar un pitido potente y fueron cerrando todas las puertas. Poco a poco el tren se fue poniendo en movimiento para llevarnos a su ultimo año en el colegio. 

Preferí no hablarle aún y aceptar su invitación a quedarme allí con él. Una vez acabé de guardar mi baúl, me dirigí de nuevo a él para continuar la conversación. 

- Lo de pagar bordando tus besos era una broma y lo sabes... pero tú... nunca te ríes, ¿verdad, Severus? - le pregunté algo entristecida ante la idea de imaginar su vida llena de amargura y tristeza... - No dejes que las circunstancias endurezcan tu corazón, recuerda que conoces mi pasado, y tampoco ha sido un camino de rosas y aún así, no pierdo la sonrisa. No caigas en la desesperación absoluta, por favor... no podré sacarte de allí. - dije aún de pie, frente a él. Me senté a su lado y me apoyé en su pecho, viendo el libro que leía. Vi la marca de agua del libro. Era un 7... Séptimo curso... el último... no volvería a verle... Y recordé el saquito de monedas que había bordado. - La amas mucho, ¿verdad? - dije refiriéndome a Lily Evans. - Pues así o más te quiero yo... - Y una lágrima mía cayó sobre la página de su libro. 

- Adams... apártarte, el tren va lleno y en cualquier momento pude entrar alguien. Así que hazme el favor de sentarte en el asiento de enfrente - dijo ignorando la pregunta sobre Evans y mirándome con frialdad... la respuesta era obvia... amaba a Lily... pero era algo que nunca iba a aceptar en voz alta. 

Me apartaba de su lado, como siempre hacía cuando había un ligero acercamiento. No pensé que ese pequeño gesto de apoyarme en él sería tan osado, pues habíamos compartido lecturas en la Sala Común de nuestra Casa en posiciones similares. Pero claro... allí había demasiada gente y no podía permitir que nadie le viera teniendo una actitud normal de un chico de su edad con una amiga. O... quizá... se avergonzaba de nuestra amistad y por eso sólo me permitía ciertas cosas en privado. Eso era... se avergonzaba de mí... 

No me respondió a mi pregunta, dejando claro que no confiaba en mí, después de todo lo vivido... Me estaba despejando muchas dudas: ahora ya sabía cuál era mi lugar. Era el último año que iríamos juntos en aquel tren y... me quería lejos, en el asiento de enfrente. Me levanté y me dirigí donde él me indicó, sin abrir la boca excepto para decir mi habitual "como desees", esas dos palabras llenas de resignación y que siempre significaban "te quiero", aunque él no lo supiera. 

Ya en mi asiento, decidí mirar por la ventana. Hacía calor allí adentro. En un acto reflejo, me levanté la manga de la túnica, olvidando la marca que adornaba mi antebrazo izquierdo. Al posar mis ojos allí, caí en la cuenta y me cubrí rápidamente. 

- ¿Te has lastimado el brazo también? - preguntó frunciendo el entrecejo, haciendo que me pusiera nerviosa. 

Cuando preguntó aquello, mis ojos se abrieron más de lo común, pues no pensé que se hubiera fijado en mis movimientos. Piensa, Lily... piensa rápido... Seguí mirando por la ventana, no podría mentirle si le miraba a los ojos y tampoco era conveniente decirle la verdad, a fin de cuentas, todo lo que estaba haciendo era para protegerle.

- ¿Por qué lo preguntas, Severus? - dije observando atentamente el paisaje que me ofrecía la ventana. - Simplemente no hace tanto calor como yo pensaba y preferí no arremangarme. Eso es todo. 

- "Tienes que ser tú, Lily... si no, se dará cuenta de que le ocultas algo" - pero, si hacía lo que me proponía para desviar su atención de mi brazo... volvería a enfadarse pero... eso era mejor que ponerle en peligro, ¿no? 

Así que, me levanté y le miré a los ojos con picardía, apartándole un mechón de sus cabellos del rostro. Y, colocando mis labios a la altura de su oído, le dije: 

- No sabía que te preocuparan tanto cada uno de mis movimientos... 

Cerré los ojos aterrada de la reacción que sabía que llegaría ahora... 

- Si no regresas a tu lugar en este momento, te voy a pedir que te largues de este compartimiento - dijo con un tono molesto, lleno de frialdad y sin mover un solo musculo. - No estoy al pendiente de cada uno de tus movimientos, solo vi algo raro. pero ya basta.... no voy a discutir por tonterías. Ya siéntate y procura que el resto del camino te mantengas ha una prudente distancia si no quieres que me enoje - dijo con el mismo tono molesto y continuó mirando por la ventana, ignorando mi presencia. Pronto el paisaje mostró grandes extensiones de campos verdes. 

- Nunca entiendes nada - dije al escuchar cómo, una vez más, me apartaba de su lado. 

- Entonces, Según tú ¿Que es lo que tengo que entender? - preguntó con la misma frialdad. 

- Siempre con miedo a que alguien se acerque a ti, sin darte cuenta de que no todos somos Potter y algunos daríamos nuestra vida por protegerte. - Miré por la ventana, como él hacía - "Ni siquiera se da cuenta de cuándo estoy fingiendo mi actitud..." - pensé entristecida mientras me sentaba en mi lugar. - "Amar a un muro de hormigón, eso es lo que estoy haciendo. Algo tan absurdo e improductivo como amar a un maldito muro de hormigón". 

Saqué un libro de mi baúl y me senté dispuesta a leer. Quizá era mucho mejor así, con Severus repudiándome una y mil veces. Mientras fingía leer, a mi mente volvió el rostro de aquel hombre y sus palabras: "Sé que me servirás fielmente. Eres la que más tiene que perder", me decía su voz en mi cabeza una y otra vez, mientras no dejaban de atormentarme imágenes de Severus herido, torturado... muerto... Cerré los ojos con fuerza para borrar todo aquello de mi cabeza y le miré disimuladamente por encima de las páginas de mi libro. Ahí estaba... tranquilo, ajeno a todo, a salvo, al menos por ahora... 

- "Y yo, Severus... ¿he entregado mi vida al Señor Tenebroso por esto?" - a veces pensaba que mi pacto fue una estupidez... Dar tu vida, abandonar tus propios ideales por proteger a quien sólo ve en ti... una molestia, un capricho del destino, un estorbo... 

- Ya basta de desplantes, confía en mí alguna vez...-le dije dolida. - Si no me quieres a tu lado, Severus, dímelo y no volverás a verme nunca más. - y, no mentía... el Señor Tenebroso ya me esperaba para encerrarme en un laboratorio... yo sólo le había pedido aquel último año... 

- Es que en todos estos años, ¿No has aprendido nada de mí? Y ahora me culpas por no corresponderte.... Eso es injusto de tu parte - dijo con calma. - Si fueras una molesta, no te habría dejado quedarte en este lugar... ¿Acaso no lo comprendes? - preguntó con frialdad - Ciertamente no confió en nadie que no sea yo.... tendría que entrar siempre en tu mente para confiar en ti.... pero eso no es confianza. solo es control y no quiero controlarte. Tú eres Adams... y sólo eso basta para que te deje estar en este compartimiento - dijo con el mismo tono. 

- Olvídalo, Snape... no tienes que entender ya nada. Acabo de ser yo la que vio la luz. - Dije al fin resignada, volviendo a llamarle por el apellido, como hacía todo el mundo. Sus palabras habían calado demasiado hondo. 

Quise salir corriendo de allí pero, había cosas que debía decirle primero. Tenía que hacerle ver que con su actitud, hacía daño aunque, sabía que a él mi dolor... le era indiferente. ¿No quería abrazos? De acuerdo. ¿No deseaba mis besos? Perfecto. Sólo quería a la muñeca sin sentimientos que se parecía a Evans. Quería su copia, silenciosa e inanimada y eso le daría si eso era lo que buscaba. 

- Tienes razón, Snape... Discúlpame. Debería haber visto todo esto hace años pero, ahora que tú mismo de tu boca has admitido que en todos estos años no he sido nada más que una mera distracción y jamás una amiga, ya comprendí cuál es mi lugar. Siento haber creído alguna vez que existía cierta confianza entre ambos. Dejemos la absurda charla, no quiero molestar más, que mi función no es esa a tu lado. 

- No hagas de esto un drama Adams... no estoy para aguantarlos. - Dijo con frialdad. - No sé por qué no lo entiendes. Pero no voy a desgastarme más... 

De repente, se abrió la puerta de golpe. Eran los niños de primero, invitándome a ir con ellos. Salí para explicarles que ellos irían en las barcas y yo en una de las carrozas por lo que, quisieran o no, nos tocaría separarnos pero, que con mucho gusto, me sentaría con los que fueran elegidos Slytherin en la Selección. 

- ¿Siempre estás con tu novio? - preguntó uno de ellos. 
- No es mi novio. 
- Bueno... con tu amigo. - Dijo otro. 
- No es mi amigo tampoco. Es sólo... un compañero de Casa. - Mi rostro se ensombreció al pronunciar aquellas palabras que mi corazón sabía eran ciertas. - Las personas como yo, chicos... no pueden tener amigos. - instintivamente, me llevé la mano a mi antebrazo izquierdo, cubierto por la manga de la túnica. 

Uno de ellos me abrazó y, gritando "nosotros seremos tus amigos", regresaron a su compartimiento. Regresé a mi lugar, cerrando la puerta y me senté junto a la ventana, frente a Severus. 

- Anda, ya has visto que tan fácil es para ti hacer amigos.... anda, vete con ellos - dijo sin mirarme siquiera. - Si quieres irte, adelante nadie te está corriendo -. dijo con desinterés. - No quiero mas problemas Adams... solo te pido eso. 

Abrí la ventana y silbé. Pronto un precioso cuervo entró en el compartimento, atrapando la última de mis lágrimas con su pico. Se acabó llorar por ti, Severus... Se acabó... 

- ¿Puedes cerrar la ventana? Me molesta el viento. - pidió con tranquilidad. 

Escuché sus palabras y sentí que mi vida se y mi corazón quedaban destruidos para siempre. No... no quería volver a hablar con él jamás pero, antes... necesitaba que viera algo. Estiré los brazos para coger mi baúl, asegurándome de que mis mangas se deslizaban hacia mi codo, quedando mi antebrazo izquierdo a la vista. Bajé mi baúl y le lancé una mirada helada, llena de dolor y rencor al mismo tiempo. 

- No te molesto más, Snape. No sabía cuán poco apreciabas mi compañía hasta ahora mismo. - Tomé mi baúl y abrí la puerta para irme. Miré la ventana y vi cómo el viento daba de lleno en su rostro, agitando sus cabellos. Mi corazón me pedía acudir a la ventana, cerrarla y sentarme, aguantar sus humillaciones una y mil veces. Pero mi cabeza reaccionó primero. - ¡Ciérrala tú, si tanto te molesta!. 

Antes de irme, dejé a su lado un pedazo de pergamino amarillento y arrugado lleno de anotaciones hechas por mí y, con otra caligrafía totalmente diferente - la de Severus, corrigiendo una fórmula... 

- Mi voz no volverá a torturar tus oídos, Snape, tienes mi palabra... 

- Ya te dije que no pongas palabras en mi boca Adams - dijo mientras mea miraba levantarme... cuando tomé mi baúl, pudo ver lo que yo esperaba que apreciara. Se levantó y me tomó por el brazo, obligándome a darme la vuelta, quedando mi espalda apoyada en la puerta, que se cerró de nuevo.- ¿¿¿Qué significa esto??? - dijo descubriéndome el brazo por completo, mostrando aquella marca. - Aquella vez que me seguiste... al salir dijiste que no te interesaba que yo estaba loco por querer estar con ellos.... y entonces..... ¿¿Por qué tu?? No sabes dónde te estás metiendo - me miró fijamente a los ojos. 

Le miré a los ojos llena de odio cuando empezó a hacer preguntas cuya respuesta ya debía saber o al menos, deducir. Tras unos instantes de silencio, tragué saliva y, sin dejar de observar sus negros ojos, le dije: 

- Parece ser que ahora sí te intereso, ¿verdad? - Sin intentar que soltara mi brazo y con la mano libre, delineé el contorno de la Marca Tenebrosa con la yema de mi dedo índice. - Hacer tiempo... - dije nostálgica, con lágrimas en los ojos y un nudo en la garganta que me impedía continuar. - Hace tiempo... te dije que... había personas que harían locuras por ti, que darían su vida por protegerte... nunca quisiste creerme y yo... hace tiempo que lo he dado TODO por ti. No me digas que no sé dónde me estoy metiendo porque eres TÚ el que no sabe lo que hace. Él vio a Evans en tu mente... conocía cómo atacarte, cómo dominarte... y yo... necesitaba protegerte de todo dolor. Protegerla a ella, para evitarte sufrimiento. Y... - tragué saliva. - Hice un pacto con el Señor Tenebroso. Yo pagaría las consecuencias de tus errores y le sería leal, a cambio de tu vida y... la suya... 

Le miré desafiante y agregué: 

- Ahora dime, Severus... ¿sigo pareciéndote una niña encaprichada o ya ves por fin a la persona que moriría por ti?- Suavicé mi mirada y traté de hacerle comprender. - Nunca he pedido que me correspondas, aunque es lo que más deseo. Severus... sólo quiero que veas en mí a alguien en quien confiar. Daría mi vida por ti... de hecho... ya la he dado... ¿qué más pruebas necesitas? 

El odio le hizo apretar mi brazo hasta hacerme daño, me apartó con violencia, y caí sobre uno de los asientos... Sacó la varita y cerró el compartimiento con magia, además de ocupar el muffliato. 

- Yo me muero si algo te pasara, Sev... - no pude terminar la frase, no me permitió hablar... 

- No tienes derecho... - dijo al darse la vuelta y encararme... - No tienes ningún derecho a protegerme... tú no tienes por qué venir a cuidarme como si fuera un niño indefenso.... jamás te pedí que hicieras esto, jamás te dije que arriesgaras tu vida y tu integridad por lo que yo quería.... yo sé bien lo que estaba arriesgando al intentar entrar con ellos.... NO TENÍAS POR QUÉ METERTE EN ESTO - estaba furioso, me gritaba como nunca antes... 

Nunca hubiera imaginado que aquello aún le hiciera odiarme más. Cuando sentí mi cuerpo caer sobre el asiento tras su empujón, me hice un ovillo, temblando, llorando llena de histeria. Ya no veía a Severus... volvía a ser la niña indefensa, sufriendo torturas por parte de aquel padre sin sentimientos. Presa del pánico, ni una sola palabra salía de mi boca. Empecé a respirar de modo acelerado y a sentir aquella presión en el pecho previa a mis ataques. Sabía que debería alargar mi brazo tratar de alcanzar la poción que calmaría el dolor pero, mi cuerpo no me respondía y mi mente seguía en aquella casa en medio de un valle, apartada de toda civilización... donde los gritos de aquella pequeña de seis años no eran escuchados por nadie.

Comencé a balbucear súplicas de clemencia y hasta palabras en pársel que era lo que solía hacer que aquel ser horrible que me había criado, se apiadara de mí, mi perfecta pronunciación le llenaba de orgullo. Mi corazón se aceleraba más y más, sentía cómo a cada instante, el poco color de mis mejillas me abandonaba y mi piel se enfriaba aún más. El tren, Severus, el paisaje de la ventana... ¡todo! había desaparecido, sólo estábamos mi pasado, mi pánico... y yo... sola de nuevo, sin nadie que me salvara de aquel tirano que, como siempre, no sabría si ese día me mataría o me permitiría otro día más de vida... 

Mis pupilas miraban a Severus dilatadas, pero no le veían a él, hacía tiempo que él ya no estaba ante mí. Mi cuerpo temblaba como débil hoja en un árbol ante una ráfaga de invierno. Me clavé las uñas en los brazos, presa del pánico, sin notar la sangre comenzando a brotar de las primeras heridas auto infringidas. Sola... siempre estaba sola... nunca iba a tener un príncipe que me tomara en brazos y me rescatase de aquel infierno. Me llevé las manos a los oídos, cerrando los ojos con fuerza, como hacía de pequeña, creyendo que así, cuando abría de nuevo los ojos, todo se habría esfumado... 

- Al menos di algo.... di por .... - levantó el rostro y fue cuando me vio.. temblando y acurrucada sobre mí misma... con heridas en los brazos... No le estaba mirando a él, mi mirada estaba perdida y mi boca parecía tratar de articular alguna palabra. Levantó la varita hacia mi rostro - Legerements.... - de esta forma pudo entrar en mi mente... y ver todo lo que estaba recordando en ese momento...Él había provocado eso... desde queme gritó y me trató de forma salvaje,.... 

Salió de mi mente y fue por mi baúl, que estaba tirado cerca de la puerta... lo abrió buscando la poción que también había visto en mi mente. 

- Con esto al menos evitare más complicaciones. - dijo mientras se acercaba a mí. y levantó mi rostro para verter un par de gotas en mi boca.... sólo la dosis necesaria. para mí... No apartó la vista de mí. 

Sentí una mano tomándome de la nuca y di un respingo... nuevos golpes... no cabía duda. Pero, luego, a mis labios llegaron las gotas que conocía. El sabor amargo de aquella poción que debía tomar a diario, cada vez más a menudo. Severus conocía mi enfermedad y cómo tratarla pero, no sabía que, cada año se extendía más... Poco a poco, me fui incorporando y mis ojos volvieron a mostrarme la persona que tenía ante mí, pero mi mente no había regresado a la realidad. Empujé a Severus lejos de mí, aterrada. 

- ¡¡¡HUYE!!! Si te encuentra aquí... ¡¡¡te mata!!! ¡¡¡Vete, por Merlín!!! - seguía histérica. Sólo pensar en ver a Severus torturado... 

Tomé aire nuevamente y empecé a ver más cosas de la realidad... Estaba en el Expreso de Hogwarts... a salvo de Jonathan... pero no de Severus y, ahora mismo, no sabía a cuál temía más. Me apoyé contra el respaldo, sin dejar de observarle, siguiendo cada movimiento suyo, sin dejar de temblar. No ya por mi progenitor y los recuerdos lúcidos sino por lo que el presente había provocado y podía seguir provocando. 

De mi boca no volvió a salir palabra alguna... Sólo miraba al vacío, en dirección a Severus. Sin amor, sin rencor... sin sentimientos. Veía su silueta, pero ya no veía a la persona... ya no veía al chico que tanto amaba... por el que esperaba morir algún día... 

- Tranquilízate - dijo simplemente mientras cerraba la poción y la dejaba a un lado. - Perdona por ponerme así.... sin embargo ahora no es momento de hablar del tema. No cuando aun pareces confundida. Recuéstate... y duerme lo que resta del camino.... sera lo mejor para ti... - dijo mientras se sentaba en el asiento de enfrente. - Te has lastimado los brazos... puedo curarte con un par de hechizos... ¿o prefieres hacerlo tu? - preguntó con el ceño fruncido. 

Volví al fin a la calma, pero no a mi normalidad habitual. En ningún momento aparté mis ojos de Severus, que se levantó del suelo tras haberle empujado y se sentó frente a mí invitándome a descansar el resto del trayecto. Ignoré su invitación, no quería dormir, o, directamente, mi cuerpo no quería moverse. Habló de mis heridas en los brazos, "¿qué heridas?", quise decir, pero, una vez más, mi voz no quiso hacer acto de presencia. 

Seguía ausente, consciente de lo que sucedía a mi alrededor como una mera espectadora pero, sin participar de los acontecimientos. Severus había destruido con su tono y su odio todo lo que yo era y me había dejado vacía, sin ilusiones, o sentimientos... Ya no había palabras que quisiera pronunciar, nada que quisiera hacer... todo mi mundo se había venido abajo al ver cómo el único ser sobre la faz de la tierra que me importaba, despreciaba mi sacrificio, mi amor por él... 

Como no le respondí, se acercó a mí para usar de nuevo aquel hechizo cicatrizante. Pasó la punta de su varita por mis heridas, las cuales poco a poco fueron cerrándose, aunque mi piel ya mostrada algunos finos caminos de sangre seca. Mis heridas cicatrizaron al contacto con la varita de Severus. Quise darle las gracias pero, sólo pude sonreír ligeramente. No sentí placer al sentir sus dedos sobre mi piel al curarme, ni dolor al ver cómo volvía a su lugar. 

- Te lo repito, tienes que descansar - fue hacia su baúl y sacó un pergamino junto con la pluma y tinta. Se puse a escribir una nota sin a penas hablarme mientras redactaba aquella carta. - ¿Puedes prestarme a tu cuervo? Necesito que esta carta llegue antes que nosotros al colegio. - dijo mirándome.  

Mis pupilas le seguían, sin mover la cabeza un ápice. Parecía necesitar los servicios de Mort, "tómalo cuantas veces lo precises", quise responderle pero, lo único que hice fue alzar el brazo ligeramente, indicando a mi cuervo que volase hacia Severus. 

Él obedeció, no sin antes picotear mis cabellos pero, esta vez, no recibió la caricia de costumbre, ni las palabras cariñosas que esperaba. Sólo unos ojos verdes, vacíos de todo brillo, sin vida. Cerré los ojos, tratando de descansar sin conseguirlo. A cada segundo, abría los ojos y me encontraba con Severus, sentado frente a mí. Severus tomó a Mort y este tomó la carta que acaba de escribir. 

- Adelante... entrégale esto a la profesora McGonagall. - dijo acercándolo a la ventana par que pudiera irse. En cuanto salio volando cerró la ventana para que no entrara el viento. 

Vi a Mort salir por la ventana. Una carta a la profesora McGonagall. Bien, no importaba lo que en ella dijera, a mí ya, no me importaba nada. Me había vuelto a convertir en aquella chiquilla sin sueños de futuro, sin ansias por vivir, sólo deseando que la muerte llegase hoy mejor que mañana. Poco quedaba ya para llegar al castillo. Mis ojos se posaron en mi violín, guardado en su funda. Ya no quería volver a tocarlo, estaba decidido. Lo abandonaría en el tren... pero... era el violín de mamá... Mis ojos se nublaron por unas lágrimas que los invadieron pero, las obligué a desaparecer con el dorso de la mano. No, no podía abandonar aquel instrumento. Era lo poco que me quedaba de mi madre muggle a la que no llegué a conocer. 

Seguía ausente, retorciendo un mechón de mi cabello, ni siquiera se había dado cuenta de que me lo había ondulado como el de "ella"... tanto esfuerzos por ser lo que él quería tener a su lado y ahora... ahora todo me daba igual. Bajé mis mangas para ocultar mis brazos y permanecí en silencio el resto del trayecto. 

- ¿Acaso no piensas descansar? No te has dado cuenta que estás débil, pues acabas de tener un ataque? - preguntó con la misma frialdad. 

Cerré los ojos, no por querer descansar, sino para que él se callase de una maldita vez. Estaba cansándome de oírle repetir que descansara. ¿Acaso ahora yo le preocupaba? ¡Que se buscase una nueva mascota! Esta había agotado todas sus energías ya y no daba más de sí. Recosté mi cabeza, apoyándola en el frío cristal de la ventana. De vez en cuando, abría los ojos de nuevo para observar el paisaje. Ya quedaba poco para llegar a Hogwarts, el lugar donde conocí el amor, y el lugar donde éste debía morir... No estaba siendo del modo que esperaba. Había imaginado un curso compartiendo experimentos con Severus y ahora, sólo había una cosa que deseaba: el silencio. Que nadie me hablara para no tener que responder. 

Severus quitó los hechizos de la puerta y el silenciador. Salió del compartimiento para dar una ronda por el pasillo, asegurándose de que todos los alumnos ya tuvieran puestas las túnicas del colegio y no estuvieran haciendo tonterías. No tardó más de 20 minutos en hacer el recorrido de todo el tren y dar el reporte en el compartimiento de prefectos. Regresó de nuevo hasta el último vagón, donde me encontró en la misma posición en que me había dejado. No terminó de cerrar la puerta cuando entró Mort. Alargó el brazo, pero el cuervo se quedó a mi lado. Sonreí al desdoblar el pergamino y reconocer la letra pero, no era capaz de leer el texto. El pergamino cayó de mis manos al suelo mas no me molesté en recuperarlo de allí. Era la letra de Erik, el Jefe de nuestra Casa... alguien a quien le importaba, al parecer... una persona... 15 años... y sólo una persona que notaría mi ausencia... 

- ¿Quién te la ha mandado? - preguntó al tomar la carta del suelo.... pudo ver la firma de Erik... No pudo evitar la curiosidad y se puso a leerla. 

"Mi pequeña: 

Me ha informado Minerva de cierto ataque que has sufrido. ¿Qué ha sucedido? No salgo en tu busca porque a estas horas debéis estar llegando a la estación de Hogsmeade pero, ¡por Merlín! La próxima vez, llámame cuando corras peligro. 

Cuento los segundos para ver llegar las carrozas al colegio. Ya he solicitado permiso a Minerva para no asistir al banquete de bienvenida y llevarte yo personalmente a nuestra Sala Común. Si es grave lo que te sucede, mi violín y yo velaremos por ti toda la noche. 

No me abandones tú también, mi dulce Lilian... 

Tu fiel y preocupado amigo: 

Erik". 

Al terminar la dobló y la dejó a mi lado. 

- Claro.... ya te esperan en el colegio - dijo de mal humor. 

No comprendía las palabras de Severus, claro... yo no había leído la carta. Me la guardé en el bolsillo interior de mi túnica y seguí sin pronunciar palabra. Él parecía molesto, una vez más. ¿Ahora por qué? 

Pronto noté que el tren disminuía la marcha, indicando la llegada a Hogsmeade. No quería llegar al colegio, era el primer año que no quería estar allí y seguir siendo la víctima de la indiferencia de Severus. Cuando el tren se detuvo, me levanté con Mort sobre mi hombro. Tomé el baúl pero, las fuerzas aún no me habían regresado, mas no quería pedir ayuda, de hecho, no quería pronunciar palabra. Por lo que, tomé la funda donde descansaba mi violín y, sacando energía de donde no quedaba, tiré del baúl. Saqué mi varita, hice levitar el baúl con un hechizo no verbal y abrí la puerta del compartimiento, volviendo la vista atrás para hacer un movimiento con la cabeza hacia Severus, a modo de despedida. Me quedé ante la puerta unos instantes, observándole como si no fuera a verle nunca más durante aquel curso... 

- Necia. - dijo simplemente y se levantó.Las puertas ya estaban abiertas y los alumnos hacían fila para bajar del tren. Vino tras de mí y se interpuso en mi camino. - ¿Qué se supone que estás haciendo? Los elfos se encargan de nuestras cosas... deja esto ahí. Lo que tienes que hacer es tomar uno de los carruajes y ver al Jefe de nuestra Casa cuando llegues al castillo... Tendrías que leer las cartas que te llegan - dijo con cierto tono de reproche en su voz, apartando la vista. - Espera a que los demás bajen del tren... no creo que te guste que todos te vean como si estuvieras a punto de desmayarte. 

Ahí continuaba su tono frío y cruel. ¿Qué era lo que le estaba afectando tanto? ¿El hecho de que me esperara alguien o el ver que a él nadie le esperaba en Hogwarts? Solté el baúl encogiéndome de hombros. Le miré a los ojos y susurré por primera vez en todo el trayecto. 

- No suelo acostumbrar a que seres supuestamente inferiores a mí me sirvan, mas no quiero discutir contigo. - Me senté de nuevo en mi asiento. - Lo que piensen o dejen de pensar de mí, me temo que no es asunto tuyo, sino mío. Y, rogaría, por favor, que dejaras los insultos para quienes te insulten primero y no para quienes ni te dirigen la palabra. Gracias. - Le hablaba como si ni le conociera. Acaricié a Mort, con mi vista aún fija en Severus, pero siguiendo sin verle directamente. - Si realmente hay más que quieras decirme sobre lo que has visto y descubierto hoy, más vale que me lo digas antes de llegar al colegio. No voy a tolerar que me humilles y me maltrates como has hecho hace unas horas una vez más. Podemos compartir carruaje, si lo deseas... pero tras esto... no quiero volver a hablar de este tema contigo. 

Él quizá no se había dado cuenta de todo lo que había matado en aquel trayecto, pero era mucho más de lo que pudiera imaginar. 

- No es momento de hablar de esto Adams.... no aquí.... estoy molesto .... no más que eso, no puedo creer que hicieras esto - dijo señalando con la mano mi brazo izquierdo. Apartó la mirada de ese brazo... como si fuera algo que estuviera descomponiéndose. - Esto lo tenemos que hablar después, en un lugar que nadie nos interrumpa. no es un tema que podamos tratar sin más en solo cinco minutos - dijo con el mismo enojo.Se recargó en el asiento, dando un suspiro cansado. 

Siempre tenían que ser las cosas cuando a él se le antojaban. Hacía unos instantes, para arrastrarme a un estado de pánico, no le importó utilizar un hechizo silenciador que impidiera a los profanos escuchar nuestra charla y ahora, de repente... no era el momento. De acuerdo, entonces, todo estaba dicho. Me encogí de hombros y salí del compartimiento, dejando allí mi baúl y llevando conmigo mi cuervo, que revoloteaba sobre mi cabeza y mi violín. 

No volví la vista atrás, allá él y sus decisiones. A mí acababa de perderme con todo lo que había provocado allí dentro, despertando miedos del pasado, infravalorando lo que por él hacía y despreciándolo.... tratándome como a una más... cuando en todos aquellos años creí que habíamos alcanzado en trato de amigos. 

Salí del tren, casi todos habían subido ya a carruajes y barcas. Los niños de primer me saludaron con la mano y yo les dirigí una sonrisa mientras me sentaba en una carroza vacía que me llevaría a Hogwarts donde, según dijo Severus, ya me esperaba alguien...

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